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Una vida en venta, de la moción suspendida a la conclusión

Carolina Játiva

Psicóloga Clínica

 

Una vida en venta es una novela publicada en 1968 por Mishima, sus entregas fueron recopiladas por la revista Playboy, con un estilo literario que destaca por un decurso entre una estética hagakure,1 y un subgénero hard-boiled;2 los occidentales la hemos leído desde el nihilismo y la insatisfacción de quien se enfrenta a la pérdida de sentido y al vacío de la existencia, una novela que puede jugar de escena a escena con la omnipotencia y la impotencia con gran facilidad; su argumento inaugural se funda sobre quien considera que ha llegado a la conclusión de suicidarse porque no tenía ningún motivo para ello, no había sufrido desengaños, dificultades económicas, el recorrido entre la ideación y el acto funda una prisa sujeta en la certeza de un mundo que no le conmueve y sobre el que no puede hacer nada, ocupa somníferos y un bocado de agua de una pileta cercana, se embarca en un tren y espera a la muerte como siguiente acto; al despertar invadido por una luz blanca, y el anoticiamiento de su casi deceso, no se conmueve, pareciera no estar afectado por la muerte, acuerda una renuncia tácita consigo mismo, renuncia a su yo y confía en morir en las manos de otro, publica en el periódico un anuncio en la zona de empleo una nota que detalla:

 

“Vida en venta. Quien la compre puede utilizarla como le plazca. Soy un varón de 27 años. Garantizo que guardaré el secreto y no causaré problemas

 

La trama de la novela es increíble, los personajes que toman la oferta, no son criaturas siniestras (Hanio vende su vida a un anciano, un estudiante, una bibliotecaria, una vampira, un embajador) y la forma en que cada vez es frustrada su extraña demanda, hace aparecer a lo contingente con gran sutileza y con ello esta obra cuenta con un sinfín de recursos humanos por explorar y debatir; hoy nos permite acercarnos a un fenómeno clínico siempre actual, la inhibición en su máxima dificultad, denominada “embarras/embarazo” y como un acto, imprevisto, no improbable moviliza una historia; el seminario 10, de J. Lacan, propone a la inhibición como un síntoma capturado en el museo, se establece como una limitación funcional del yo, a veces se deja ver como un firme “yo soy así, no hay más”, un cansancio que detiene, concentración que no se logra, pérdida de interés en las personas, un extrañamiento de la libido que menoscaba o deteriora el ingreso del yo en la escena, es acompañada frecuentemente por evitaciones, culpa y auto-reproches; Lacan sostiene: la inhibición no se sufre, se identifica con la fatiga psíquica y el desvío a otras metas, mantenernos inhibidos puede cursarse bajo mucho silencio y prolongarse en el tiempo crónicamente; cuando hablamos del máximo de dificultad, leído como embarras/ embarazo, este término puede entenderse como: “cuando uno ya no sabe qué hacer con uno mismo, busca detrás de que esconderse” (Lacan, 1962), es la forma más fehaciente del impedimento, donde el sujeto se encuentra saturado, sin espacio para desear; Hanio, maniobra en su renuncia un movimiento que lo confronta a la vida, no por la vía del deseo, sino al final de la obra por la vía de la angustia expectante, una modalidad de habitar el mundo que detiene la entrega abnegada, trazando un corte suficiente no para querer vivir, pero si para sentirse en algo afectado por la amenaza de la muerte. En términos prácticos, no es alentador para Hanio des localizar la certeza de muerte, que era al menos una resolución, no obstante, en el ocaso de su ofrenda al Otro, en la escena final puede abrir una queja, con lágrimas en los ojos, las estrellas se difuminan y todas se vuelven una. Momento culmen y magnífico pues se permite un afecto, muchas veces en lo cotidiano, existe la tendencia a minimizar la respuesta afectiva del paciente, se prefiere idealizar la lógica, lo racional, lo que apunta al insight y trasluce claridad de conciencia, pero, es esta coordenada la que perturba la escena del sujeto; los afectos provienen de lo real, son un quantum de energía que circula por el aparato psíquico ligando representaciones, tensiones corporales, principio de realidad y placer, mantienen a discreción interpretaciones de la realidad que habitamos; el aplanamiento afectivo en la clínica debe ser leída con atención, pues se corre el riesgo de no atender un detenimiento importante; cuando un consultante, maniobra estas resoluciones, ese retiro del mundo, que no siempre musita una ideación suicida, muchas veces pueden sorprender al analista, en tanto, conmueve esa realización del vacío y se corre el riesgo de forzar movimientos de aparente naturaleza deseante (haz ejercicio, sal, busca un hobby, amigos), cuyos efectos producen mayor desorganización en el paciente; en estos casos la maniobra clínica siempre es particular, no obstante, se cuenta con al menos dos rutas posibles para acompañar este momento, el primero, se ajusta a la lógica del tiempo,  a través de la “función de la prisa” (Lacan, 1995) y el segundo una apuesta por la integración del afecto en la escena.

La función de la prisa implica la instalación de un momento de ruptura con la permanencia del suspenso, en pro de facilitar un momento de conclusión para el paciente, pues empuja al acto, (concluir el detenimiento) y es en donde el analista no debe retroceder si se produce un ingreso de angustia, mismo que verificaría la cercanía del sujeto con el objeto a, o un acting out, en donde la verdad se alcanza, pero sin saber subjetivado (Torres, 2012). Y por vía de la integración del afecto a la escena, se busca incluir una vacilación de las significaciones del sujeto, para facilitar una nueva escritura que permita el paso de lo posible a lo necesario. En clínica, aproximarnos a estas modalidades de tratamiento implica a veces movilizar una conclusión demasiado pronto, para evitar un demasiado tarde.

 

Referencias

 

[1] («Oculto bajo las hojas», «en la sombra de las hojas») es un tratado sobre la vida y la conducta de los samurái. Código caballeresco inspirado en el bushido.

[1] Subgénero literario y policial estadounidense que surgió en los años 20 y 30. Se caracteriza por un realismo crudo, un ambiente urbano corrupto y cínico, diálogos rápidos y un detective cínico involucrado directamente en la acción

 

Bibliografía

 

Lacan. (1962). La Angustia. Buenos Aires: Paidós.

Lacan. (1995). El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Madrid: Ed. XXI.

Torres. (2012). Tiempos del sujeto en el psicoanálisis. Asturias: Foro de Asturias.

 

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