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SEGURIDAD SOCIAL EN ECUADOR:

¿UNA QUIMERA?¹



Pedro Isaac Barreiro Chancay





Pedro Isaac Barreiro Chancay

Doctor en Medicina y Cirugía. Maestro en Salud Pública

 







A pesar del elevado costo de numerosas consultorías, estudios y proyectos de reforma realizados por instituciones nacionales y extranjeras; pese a la gran cantidad de seminarios, reuniones de trabajo, conferencias y congresos; pese a las incontables publicaciones aparecidas en prestigiados medios de comunicación y en programas radiales y televisivos acerca de los problemas de la “seguridad social ecuatoriana” en los que se demuestran las evidencias de la inviabilidad del sistema vigente, debido a su desfinanciamiento, a su obsolescencia estructural y funcional, y a preocupantes indicios de corrupción en varios compartimentos de sus dependencias, el deterioro “del seguro” no ha logrado detenerse ni, mucho menos, revertirse.

 

Por definición, la seguridad social es una obligación que el Estado en su conjunto está obligado a construir y mantener a través de instituciones públicas, privadas o mixtas creadas con el fin de garantizar la atención a las necesidades esenciales de una población, como son, por ejemplo: la educación; el acceso oportuno a un servicio de salud; disponer de fuentes de trabajo y de ingresos suficientes para la manutención de una familia; tener una vivienda digna; disfrutar de un ambiente libre de amenazas perniciosas para la salud, y contar con protección frente al riesgo del desamparo durante la vejez; etc..

 

En nuestro país, el IESS, cuyos orígenes se remontan a la creación de la Caja de Pensiones en 1928, no fue creado para satisfacer “todas las necesidades” mencionadas en el párrafo anterior. Por lo tanto, no es la institución responsable de la “seguridad social” de los ecuatorianos, pero, luego de su creación, y debido a numerosas y aceleradas transformaciones políticas, demográficas, laborales, epidemiológicas, ambientales y culturales, ha debido asumir responsabilidades que rebasan su misión original, proceso que se inició en 1935 cuando pasó a llamarse Caja del Seguro y, sin contar con financiamiento para el efecto, asumió también el cuidado de la salud de sus asegurados. En 1963 cambió nuevamente su nombre por el de: Caja Nacional del Seguro Social, denominación mantenida hasta 1970 en que se denominó Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), con el que, desde entonces, debe enfrentar y resolver la grave crisis que ha puesto en peligro su existencia.²


La crítica situación que hoy atraviesa el IESS, especialmente en los ámbitos de salud y pensiones, sufrida por afiliados activos, pensionistas y trabajadores, ha sido estudiada por organismos internacionales, por órganos gubernamentales de control y por analistas independientes, lo cual me exime de exponerla en detalle y más bien proponer algunas medidas coyunturales que posibiliten mantener la supervivencia y el cumplimiento de las responsabilidades del actual instituto, hasta cuando se diseñe y se implante un nuevo sistema, que, a través de una reforma integral, garantice la protección de los riesgos y contingencias que la población debe enfrentar durante su vida y logre recuperar la confianza por parte de la población afiliada. Estas medidas se resumen en:

 

1.    Evaluación de idoneidad y auditoría del cumplimiento de responsabilidades a todos los servidores del nivel jerárquico superior de la estructura orgánica actual del instituto para decidir su remoción, destitución, aceptación de renuncia, o cualquiera otra figura prevista en la Ley, según los resultados de la evaluación. Definir puntualmente los requisitos para ocupar esos puestos a fin de evitar que ciudadanos carentes de la formación profesional, la experiencia y la fortaleza ética indispensable eternicen prácticas administrativas nocivas para la buena marcha institucional.

 

2.    Definición del monto de la deuda del Gobierno Nacional al IESS, en la que se incluyan las obligaciones no atendidas o atendidas parcialmente (como sucede con el pago del 40% de subsidio para pensiones); y se institucionalice el pago de las prestaciones de salud efectuadas a portadores de enfermedades crónicas, degenerativas y catastróficas, tal como establece la ley.

 

3.    Invitar a las organizaciones de trabajadores, empleadores, pensionistas, campesinos, afiliados voluntarios y a representantes del Gobierno Nacional para construir una nueva propuesta de integración del Órgano de Gobierno Institucional (Consejo Directivo), cuya presidencia no recaiga obligatoriamente en el representante del Poder Ejecutivo, e iniciar de inmediato el trámite para su aprobación en la Asamblea Nacional.

 

4.    Integrar un grupo de trabajo con expertos en sistemas previsionales para que, sobre la base de los estudios realizados por la Dirección Actuarial del IESS, por la OIT y por empresas especializadas en el tema, se redefina el alcance, la extensión y la cobertura de las prestaciones que contempla el sistema actual, se calculen técnicamente sus costos y se fije el monto, tanto de las primas para el aseguramiento, como las fuentes del resto de recursos necesarios para su financiamiento.

 

5.    Replantear la estructura orgánica y funcional del instituto a fin de reducir el elevado gasto administrativo mediante la incorporación de un soporte tecnológico que posibilite la automatización de procesos, el monitoreo y la evaluación de la gestión, y emita regularmente informes administrativos y financieros que faciliten la rendición de cuentas ante los órganos de control, a fin de institucionalizar la transparencia, atributo indispensable para mantener y fortalecer la confianza y la credibilidad por parte de la población.

 

6.      Es indispensable exigir a las direcciones responsables de administrar las prestaciones relacionadas con la salud (Seguro de Salud Individual y Familiar y Seguro Social Campesino) que formulen y propongan al Órgano de Gobierno del IESS una política institucional explícita que, sin descuidar la atención integral de los problemas de salud, privilegie las acciones de carácter preventivo en todas sus unidades, siguiendo los lineamientos y la experiencia mundial de la Atención Primaria de Salud, con lo cual se reducirían los costos de las prestaciones, la demanda de atención en los niveles superiores del sistema; y se incrementaría su eficacia y la progresiva satisfacción de la población afiliada.

 

Este planteamiento de ninguna manera pretende ser una receta para enfrentar y resolver los acuciantes problemas del IESS se fundamenta en la intrascendencia de las incontables propuestas técnicas precedentes, que ponen en evidencia la inmensa brecha existente entre el conocimiento de los problemas y la formulación de propuestas para su solución. Y, finalmente hay que considerar que, en democracias como la nuestra, “sin la capacidad de renovar la confianza de la gente, nada es posible, ya que no basta con tener razón. Hay que conseguir que muchos otros compartan esa razón”³ 


 Referencias


  1. Quimera: Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo. (RAE)

  2. Para reducir la extensión del presente artículo, se ha omitido la creación del Instituto Nacional de Previsión, creado en 1935 como organismo superior del sistema.

  3. Joan Subirats: La brecha entre saber y hacer. Democracias más fuertes con políticas más efectivas. Editorial Anagrama. S.A.U. Barcelona 2026.

© 2019 Primera revista ecuatoriana de salud y ciencia médica

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