Lipoproteínas de alta densidad aumentan riesgo cardiovascular


Tras varios años de investigación se publican, en la revista Metabolism Clinical and Experimental, los resultados de un estudio que abre la ventana al descubrimiento de potenciales objetivos terapéuticos en el campo de las enfermedades cardiovasculares, que podrían contribuir en su prevención.


Investigadores españoles han demostrado que la cantidad de lipoproteínas de alta densidad (HDL) en la sangre no está relacionada (como tradicionalmente se ha afirmado) con mayor o menor riesgo cardiovascular, y que este depende en gran medida del tamaño y la cantidad de triglicéridos que contengan.¹


Los científicos diseñaron un estudio de aleatorización mendeliana utilizando datos de metanálisis que contenían estudios de asociación de todo el genoma. La mayoría se obtuvieron de un trabajo publicado en Nature y el consorcio CARDIoGRAMplusC4D.²’ ³


Incluyeron en el estudio un grupo de pacientes con predisposición genética concreta en relación a sus lipoproteínas de alta densidad y observaron si tenían más o menos infartos. En concreto, los científicos centraron el análisis en las variantes genéticas asociadas con los principales rasgos del perfil lipídico en suero (niveles de lipoproteínas de alta densidad, lipoproteínas de baja densidad y triglicéridos), el diámetro medio de lipoproteínas de alta densidad, las cantidades de colesterol transportadas en lipoproteínas de alta densidad pequeñas, medianas, grandes y muy grandes y el volumen de triglicéridos transportados en lipoproteínas de alta densidad muy grandes, entre otros aspectos.


La conclusión fue que las características genéticas vinculadas a la formación de partículas de colesterol bueno grandes, se relacionan directamente con mayor riesgo de infarto, mientras que las características vinculadas a partículas pequeñas de colesterol bueno se relacionan con menor riesgo de infarto: "Observamos que no todas las partículas de lipoproteínas de alta densidad que circulan en sangre son problemáticas, solo las de mayor tamaño y las que contienen más triglicéridos, No todo el 'colesterol bueno', es bueno", indicaron los investigadores.


A pesar de que la línea de trabajo aún se encuentra en estadios muy iniciales, sus conclusiones podrían ser de utilidad para los profesionales sanitarios, especialmente al tratar pacientes con trastornos en el perfil lipídico.


El estudio fue liderado por el Centro de Investigación Médica del Hospital del Mar, con la colaboración de miembros del CIBER en Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), del CIBER en Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), y del CIBER en Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), así como del Hospital Clínic-IDIBAPS, IDIBELL, el Centro de Investigación Hospital Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona, y el Hospital Clínico Universitario en Zaragoza.


Los científicos comenzaron los primeros experimentos en 2013 y los resultados se deben en buena medida a que se ha descubierto recientemente que, contrario a lo que se creía, altos niveles de lipoproteínas de alta densidad no se asocian necesariamente a reducción de riesgo de enfermedad cardiovascular. Añadieron que ha sido un poco el paradigma de los últimos 40 años y, de hecho, en las guías de tratamiento se indica que tener nivel de lipoproteínas de alta densidad alto reduce el riesgo de la enfermedad cardiovascular.


Sin embargo, en la última década se conocieron datos inconsistentes con respecto a las lipoproteínas de alta densidad que han surgido a raíz de una serie de ensayos clínicos con fármacos que duplicaban su nivel. Los conocidos, como inhibidores de la proteína de transferencia de ésteres de colesterol (CEPT), los cuales, lejos de disminuir las enfermedades cardiovasculares, no hacían nada o incluso las empeoraban.