Las redes del tiempo





Carolina Játiva

Psicologa Clínica

Foro Analitico del Campo Lacaniano- Ecuador (En formación)





Es posible que la realidad se nos revele a través de la experiencia en un ordenamiento justo. Espacio y tiempo parecen entretejidos con tal intimidad que ambas dimensiones se escapan del relato en nuestras narrativas, sería curioso escuchar: “ayer 29 de marzo de 2020, a las 17:00, al noreste de quito, por fin revisé la serie de Netflix que me han recomendado el 12 de febrero... etc.”; Este escenario que se propone, nos aleja de nuestras convenciones, llevar una conversación transcurre sin mayor señalamiento, mas no se prescinde del todo de ellas.


Para aproximarnos al tema propuesto es necesario recorrer un tramo de historia que permita manifestar la relación entre el tiempo, el espacio y las redes; hoy en día, una definición de tiempo queda al alcance, se puede decir que la Real Academia de la Lengua, describe al tiempo como “una dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia” (RAE, 2020). Sin embargo, no siempre se contó con tal definición para nominarlo, volverlo menos extraño; para ello se contó con la referencia a la naturaleza, al día, a la noche, las estaciones, las cosechas, los cuerpos atenuados del cansancio, los dioses, lo sagrado, el carnaval, conventos y clepsidras, astrónomos, relojeros, la vida y la muerte, (Attali, 2015); el saber sobre el tiempo era signo de poder, de preservación, de posibilidad.


Para 1781, Immanuel Kant, propone al tiempo, dentro de la categoría nouménica del ens imaginarium, principio que se describe como “algo en calidad de forma de la intuición que no es por sí mismo objeto de nuestra intuición” (Le Gau Fey, 2015, pp 48); esta especificación favorece una representación del tiempo, vacía de conocimiento sensible, (por los sentidos), lo que no facilita su explicación fenomenológica; para el siglo XX Sir Edward Eddintong, reconocido físico. hace manifiesto un hecho no antes problematizado, al que denominó la flecha del tiempo, concepción que señala la direccionalidad del tiempo, en tanto, por experiencia sabemos que, “los huevos se rompen, pero no se desrompen, recordamos el pasado, pero no el futuro, las velas se consumen, pero no se recomponen, personas envejecen, pero no rejuvenecen” (Greene, 2017, pp. 29). Dicha discusión perduró en la historia y esta permitió plantear la asimetría cosmológica, la cual responde no sin conflictos que “en el nacimiento del universo se puede haber impreso una dirección en el tiempo, algo parecido a dar cuerda a un reloj retorciendo su muelle hasta un estado inicial altamente ordenado, lo que le permitió ponerse en marcha así en un sentido en oposición a la recomposición [...] lo que implica por qué los sucesos se desarrollan en una dirección y nunca a la inversa ” (Greene, 2017, pp. 30).


Partiendo de ambas consideraciones (Filosófica y física), se apuntalan dos características imprescindibles del tiempo, la primera se refiere a ella como concepto y la segunda nos anoticia sobre su medida y trayectoria; no obstante, el tiempo, en su valor para los hombres no se rescata sino anudado a una representación del mismo, esto es, en el recuerdo; recuerdos tales como, la dolarización del año 2000, la clasificación al mundial de futbol del año 2006, la reformulación constitucional dictada en el 2008, el octubre del año 2019, cuando se promueve una revuelta del pueblo inconforme frente a las medidas económicas adoptadas por el gobierno, o del actual marzo de 2020, cuando somos llamados a permanecer en cuarentena por una emergencia sanitaria que recorre el mundo, merma la vida de muchos y cuestiona las convenciones sociales, políticas, económicas y personales.


El tiempo llamado nouménico, vacío, adquiere peso en relación a sus marcas, siendo que “cada representación del tiempo es así una visión del mundo, de su origen y de sus destinos, de sus regularidades y de sus tropiezos” (Attali, 2015, pp. 223); las redes sociales hoy por hoy, son referencias no solo de espacios de intercambio de información, sino una institución que mediatiza, promueve, rechaza (en algunos casos) (Dessal, 2020), una verdadera comunidad, un recurso de suerte que facilita el lazo social incluso en tiempos de resguardo epidemiológico, de modo que se puede decir que, “a cada representación del tiempo le corresponde así un poder específico que autoriza ciertos actos en determinadas fechas que organiza la comunicación entre los individuos mediante la sincronización de sus comportamientos” (Attali, 2015, pp. 223). las redes sociales retan la direccionalidad del tiempo, celebran recuerdos en nuestros perfiles, plataformas como OMG, COOL, hacen presentes posibilidades futuras, <<in-mediatizan>> aceleran o aplazan momentos, historias, estados.


Las redes sociales funcionan como auténticas máquinas del tiempo, hacen de vehículos que aproximan (chats, videollamadas), o que favorecen a la distancia (bloquear, borrar), son servidores fieles a las imágenes que sellan el paso del hombre a través del tiempo.


Las redes hoy en día retratan: el paso del tiempo, de sus actores, de sus síntomas, sus inhibiciones y angustias, ellas alcanzan el estatuto que en un tiempo refirió la naturaleza, el día, la noche, las estaciones, las cosechas, los cuerpos atenuados del cansancio, los dioses, lo sagrado, el carnaval o las vacaciones, conventos, clepsidras y clubs, astrónomos, filósofos, físicos, la vida y la muerte.


El tiempo del hombre en las redes, refiere al tiempo del trayecto, al de espera, al perdido, al pospuesto, al recreativo, que no deja de articularse al deseo mismo, suscitado en la falta, falta de lo que se espera (Migdalek, 2014).


Referencias:

  • Greene. (2017). El tejido del cosmos. Mëxico: Booket ciencia

  • Le Gau fey. (2015). El objeto a. Agentina: Cuenco de plata

  • Migdalek. (2014). Entre el amor y el tiempo. Argentina: Letra viva

  • Attali. (2015). Historias del tiempo. México: Fondo de cultura económica.

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