Insulina semanal para el tratamiento de DM 2

Actualizado: 2 de dic de 2020


En el 2021 se cumplirá un siglo del descubrimiento de la insulina por Banting, Best y Macleod, uno de los desarrollos médicos más importantes de la historia debido a su impacto en el manejo de la diabetes. Desde entonces se han realizado esfuerzos continuos para la creación de nuevas formulaciones de insulina, algunos de ellos exitosos y que han contribuido a la mejora en el manejo de la diabetes.¹

En 1936 Hans Christian Hagedorn combinó la insulina con protamina, logrando la primera insulina de absorción lenta. Este desarrollo fue mejorado en los siguientes años, convirtiéndose en precursor de las insulinas basales, mismas que en la actualidad son fundamentales para el manejo de gran cantidad de personas con diabetes. Las primeras insulinas provenían de ganado porcino o vacuno, lo que incrementaba la posibilidad de generación de anticuerpos antiinsulina, y la aparición de reacciones anafilácticas y de lipodistrofia, que por supuesto dificultaban el manejo de los pacientes.¹

Posteriormente, el desarrollo y masificación de producción de la insulina humana por tecnología de ADN recombinante fue un avance muy importante que permitía reducir los fenómenos biológicos producidos por las insulinas animales, además de generar mayor cantidad de insulina no limitada por la demanda de páncreas animal.

Otro progreso relevante fue la introducción de los análogos de insulina en 1998, ampliando las alternativas terapéuticas, siendo la insulina glargina una de las más representativas del grupo.1 Glargina fue desarrollada como una insulina basal y se ha convertido en el estándar de comparación de las nuevas insulinas basales.

En los últimos años se han creado preparaciones de insulina basal concentrada o modificada (por adición de ácidos grasos) con el propósito de mantener una concentración plasmática estable y así reducir eventos de hipoglucemia grave o nocturna.¹