FIBROSIS HEPATICA: DIAGNOSTICO Y PREVENCION
Ramiro Salazar Irigiyen
Médico Patólogo Clínico
El hígado cumple múltiples funciones esenciales en el ser humano: desintoxicación de sustancias nocivas, produce colesterol y proteínas especiales, secreta la bilis que permite transportar desechos y descomponer grasas en el intestino delgado, equilibra y sintetiza glucosa que el cuerpo necesita, regula la coagulación sanguínea, depura fármacos, regula niveles de aminoácidos en la sangre, elabora factores de inmunidad, etc.

Las más comunes enfermedades del hígado son la esteatosis hepática, las hepatitis (A, B, C), cirrosis, cáncer de hígado, hemocromatosis, enfermedades autoinmunes, genéticas y la fibrosis hepática.
La esteatosis hepática o hígado graso, es la acumulación excesiva de grasa en las células hepáticas. Se divide en dos tipos: enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA), asociada a obesidad y diabetes, y la enfermedad por hígado graso alcohólico.
La hepatitis es una inflamación del hígado causada por virus, toxinas, alcohol, medicamentos o enfermedades autoinmunes, y se puede presentar de forma aguda o crónica. Los síntomas pueden ser semejantes e incluyen cansancio, malestar general, náuseas e ictericia. Las causas virales son las más frecuentes, en especial los virus de la hepatitis A, B y C. Otros tipos como el virus de la hepatitis E y D son menos frecuentes.
La hepatitis tipo B y C pueden conducir a complicaciones como la cirrosis, el cáncer de hígado, e incluso, la muerte.
En el laboratorio se realiza las pruebas o perfil hepáticos, que son análisis de sangre que miden bilirrubina, enzimas y proteínas para evaluar la función del hígado, detectar daños y monitorear enfermedades. El patrón y el grado de elevación de estos analitos, junto con el cuadro clínico general, proporcionan señales diagnósticas de la causa probable de estas patologías. Los resultados deben ser interpretados cuidadosamente, poque los niveles pueden alterarse no solo por afecciones hepáticas, sino por otras causas como medicamentos o intoxicaciones. El control de la función hepática debe ser permanente para personas con factores de riesgo como el consumo excesivo de alcohol, la obesidad o enfermedades crónicas como la hepatitis, disfunción metabólica como la esteatohepatitis asociada a la disfunción metabólica ( MASH ), la colangitis esclerosante primaria ( el sistema inmunitario ataca por error el hígado o los conductos biliares), la insuficiencia cardíaca derecha, exposición crónica a sustancias químicas o fármacos tóxicos, obstrucciones causadas por la atresia biliar, trastornos metabólicos hereditarios (hemocromatosis y la enfermedad de Gaucher).
La fibrosis hepática se produce cuando una enfermedad hepática crónica provoca cicatrices, lo que hace que el hígado se vuelva rígido y menos funcional. Con tratamiento adecuado y oportuno es posible detener e incluso revertir la fibrosis, pero si no hay terapia adecuada puede derivar en cirrosis. Las etapas de la fibrosis hepática son: mínima, moderada, grave y cirrosis.
El Laboratorio Clínico aporta de manera significativa en el diagnóstico temprano de afecciones hepáticas mediante una serie de pruebas que son:
La bilirrubina, las causas de aumento de la bilirrubina en sangre pueden ser:
a) exceso de producción que sobrepasa la capacidad de eliminación del hígado siendo la causa principal aumento de la destrucción de glóbulos rojos, como la hemólisis.
b) falla en los procesos hepáticos de conjugación y/o excreción,
c) trastornos que impiden la llegada de bilis al intestino.
La bilirrubina indirecta alta: niveles elevados pueden estar relacionados con un aumento en la destrucción de glóbulos rojos o problemas hepáticos en la fase de captación. En adultos puede ser causada por:
la hepatitis, cirrosis y otras enfermedades hepáticas que pueden interferir con la capacidad del hígado para procesar y eliminar la bilirrubina.
Obstrucciones del sistema biliar: cálculos en el conducto biliar común o compresiones externas por el páncreas.
Aumento en la producción de hemoglobina: hemólisis o la reabsorción de grandes hematomas.
Enfermedades hereditarias: síndrome de Gilbert y Crigler-Najjar
La bilirrubina directa alta: su elevación indica trastornos en la eliminación biliar.: obstrucción de las vías biliares (por cálculos o tumores), hepatitis viral o tóxica, cirrosis, colangitis, Síndrome de Dubin-Johnson o Rotor.
Transaminasa glutámico-pirúvica sérica (SGPT) o Alanina transaminasa: se eleva en hepatitis viral, consumo excesivo de alcohol, hígado graso no alcohólico, medicamentos y toxinas (analgésicos como el paracetamol, esteroides anabólicos y ciertos antibióticos), cuando se toman en exceso.
(SGOT Transaminasa glutámico-oxalacética) Aspartato aminotransferasa: un aumento en los niveles de aspartato aminotransferasa puede significar daño hepático o daño muscular. Se encuentra también en el corazón y los riñones, por lo que su elevación puede no estar directamente relacionada con problemas del hígado.
Aumentos leves de transaminasas (hasta el doble del límite superior normal), puede ser transitorio y no representar daño hepático.
La fosfatasa alcalina (FA) la elevación en sangre indica obstrucción biliar, hepatitis o trastornos óseos y también por causas fisiológicas durante el crecimiento (niños) y en el embarazo (tercer trimestre).
Gamma-glutamil transferasa (GGT): se encuentra a una baja concentración en sangre, aumentando su concentración cuando existe una lesión en los conductos biliares o enfermedad hepática. La GGT es la que primero se eleva en sangre en una obstrucción en los conductos biliares, debido a tumores o cálculos biliares.
La determinación de GGT no es muy específica porque puede aumentar en diversas enfermedades hepáticas: cáncer hepático, hepatitis e incluso en patologías no hepáticas como el síndrome coronario agudo. Por este motivo, debe ser interpretado en conjunto con otras enzimas hepáticas. La GGT es útil en la evaluación del alcoholismo. Su elevación persistente se da más en las personas que beben mucha cantidad de alcohol y de forma continuada en el tiempo.
La FA y la GGT se elevan de manera conjunta en colestasis, es decir, por el impedimento para la llegada de bilis desde las células hepáticas al intestino, ya sea por incapacidad para su formación o por obstrucción de su flujo. Se acompaña frecuentemente por aumento de los valores de bilirrubina.
Albúmina y proteína total: son proteínas producidas en el hígado. Niveles de albúmina y de proteína total bajos podría significar que el hígado presente daño, pero no son específicas porque niveles bajos también se presentan en otras patologías como afecciones gastrointestinales y renales.
Tiempo de protrombina (TP): Un TP prolongado puede indicar daño hepático grave o una deficiencia en los factores de coagulación producidos por el hígado cuando esta alteración no responde al uso de medicamentos anticoagulantes, como la warfarina
Los resultados anormales de las pruebas de sangre con una correcta interpretación y correlación clínica pudrían llegar a un diagnóstico correcto, pero si se quiere llegar a saber el daño que estas enfermedades están causando en el hígado y su grado de fibrosis se debe solicitar pruebas de imagen.
Las pruebas de imagen como la ecografía, la tomografía computarizada o la resonancia magnética, pueden mostrar la enfermedad en etapas tempranas y avanzadas, pero no la fibrosis, que es la etapa intermedia. Para ello se requieren otras técnicas de imagen más avanzadas. Para medir la elasticidad puede utilizar ecografía hepática con medición de elasticidad o resonancia magnética con medición de elasticidad. La prueba concluyente para diagnosticar fibrosis es una biopsia hepática.
Prevención: la fibrosis hepática puede prevenirse o hacerse más lenta al reducir el daño hepático continuo y al tratar la enfermedad hepática de forma temprana. El diagnóstico y manejo oportunos pueden reducir la inflamación y la cicatrización a largo plazo.
Enfermedades como la diabetes tipo 2 y el colesterol alto pueden contribuir a la inflamación del hígado.
La vacunación contra la hepatitis A y B y la reducción de la exposición a la hepatitis C –trasmisión sexual, por sangre y tatuajes- pueden ayudar a proteger el hígado.





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