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DETECCIÓN TEMPRANA DE INFECCIONES ASOCIADAS AL CÁNCER

El cáncer es la segunda causa de morbilidad y mortalidad, solo superada por las enfermedades cardiovasculares. Para 2025, el cáncer cobró la vida de más de 1,4 millones de personas y generó más de 4 millones de nuevos casos. Se calcula que alrededor de un tercio de los casos de cáncer podrían prevenirse evitando factores de riesgo clave. (Pan American Health Organization. Cáncer Washington, D.C.: PAHO/WHO).

 

DETECCIÓN TEMPRANA DE INFECCIONES ASOCIADAS AL CÁNCER

Ciertos virus y bacterias pueden aumentar el riesgo de cáncer, siendo los principales:  el virus del papiloma humano (VPH) aumenta el riesgo de cáncer de cuello uterino, pene, vagina, ano y orofaringe, los virus de la hepatitis B y la hepatitis C aumentan el riesgo de cáncer de hígado. el virus de Epstein-Barr aumenta el riesgo de linfoma de Burkitt, la bacteria Helicobacter pylori aumenta el riesgo de cáncer de estómago.

 

Expertos de la International Agency for Research on Cancer (IARC), la OMS y la OPS han desarrollado el Latin America and the Caribbean Code against Cancer, que destaca la prevención y detección temprana de infecciones asociadas al cáncer.

 

Algunos tipos de cáncer tienen una alta probabilidad de curación si se detectan a tiempo, y por esto que la identificación   temprana de agentes infecciosos relacionados con ciertos tipos de cáncer permite establecer riesgos oncológicos.

 

VIRUS PAPILOMA HUMANO (VPH) Y CÁNCER DE ÚTERO

 

Más del 95% de los cánceres de cuello uterino son causados por el Virus Papiloma Humano (VPH), siendo los tipos de 16 y 18 los que causan el 70% de estos cánceres.

 

VPH es un grupo de más de 200 virus conocidos. En el 90% de los casos, el sistema inmunitario elimina por sí solo la infección. Una infección persistente por el VPH causada por tipos de alto riesgo puede causar cáncer cervicouterino y está asociada a cánceres de vulva, vagina, boca/garganta, pene y ano. (de Martel et al, Lancet Global Health 2019, https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31862245/) 

 

VPH se considera una infección de transmisión sexual, el virus al ingresar por mucosas genitales, anales o boca altera las células que inhiben los supresores de tumores, permitiendo la proliferación celular anormal. La transformación de células infectadas a cáncer puede tardar hasta 20 años. Las lesiones precancerosas suelen ser asintomáticas, por lo que es importante someterse periódicamente a pruebas para comprobar el estado de salud del cuello uterino.

 

La prevalencia del VPH es mayor entre las mujeres con VIH, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, inmunodeprimidas, coinfección por otras infecciones de transmisión sexual (ITS), las personas que toman medicamentos inmunodepresores, por lo que se recomienda que la frecuencia de detección de VPH sea menor entre este grupo de personas: cada 3 años a partir de los 25 años.

 

Las pruebas que se utilizan para prevenir riesgo de cáncer cérvico uterino son:

Papanicolaou (PAP) que detecta cambios celulares, pero no el virus directamente.

VPH se detecta en el laboratorio mediante pruebas moleculares (PCR) que analiza ADN/ARN de células cervicales para identificar varios tipos del virus VPH incluyendo los de alto riesgo. La ventaja sobre el Papanicolaou es que puede predecir riesgo de cáncer, porque detecta el virus antes de que haya cambios celulares.

 

La vacuna contra el VPH aplicada idealmente antes del inicio de la vida sexual es muy efectiva (hasta el 97%) para prevenir la infección inicial y los tipos de riesgo.

 

HEPATITIS B (VHB) Y C (VHC) Y CÁNCER DE HÍGADO

 

La infección crónica por los virus de la hepatitis B (VHB) y C (VHC) se considera la causa principal de cáncer de hígado porque la inflamación prolongada por la presencia persistente de los virus provoca cirrosis y   daño hepático que puede evolucionar durante años hasta derivar en carcinoma hepatocelular. La cicatrización severa del hígado llamada cirrosis es el factor de riesgo más importante para provocar cáncer de hígado.

 

VHB y VHC se transmiten principalmente a través del contacto directo con sangre infectada, relaciones sexuales sin protección (más frecuente en VHB), de madre a hijo durante el parto (VHB) y compartir agujas o equipos de inyección contaminados.

 

VHB tiene un riesgo mayor de evolucionar a cáncer si se contrae al nacer o en la infancia, porque el virus puede integrarse en el genoma humano, causar mutaciones que podrían derivar en cáncer.

 

Las personas con hepatitis C además de cáncer hepático tienen un mayor riesgo de contraer diversos cánceres no hepáticos, que podrían justificarse por la inflamación o los cambios metabólicos provocados por una infección viral crónica.

 

OMS/OPS estiman que el 57% de los casos de cirrosis hepática y el 78% de los casos de cáncer primario de hígado son debidos a infecciones por los virus de la hepatitis B o C.

 

El diagnóstico de laboratorio de VHB incluye pruebas serológicas como:

HBsAg (Antígeno de superficie): Positivo indica infección (aguda o crónica).

Anti-HBs (Anticuerpo de superficie): Indica inmunidad adquirida por vacuna.

Anti-HBc IgM: infección aguda.

Carga viral y replicación mediante pruebas de ADN del VHB: para diagnóstico temprano, evaluación de la enfermedad y seguimiento del tratamiento

 

Diagnóstico de Hepatitis C (VHC):

Anti-VHC: Detecta anticuerpos (infección actual o pasada).

ARN del VHC: Confirma infección activa si el anticuerpo es positivo.

Biopsia/Elastografía: para medir el daño estructural en el hígado.

Vacuna: La vacuna contra la hepatitis B es la principal medida preventiva contra el cáncer de hígado asociado a este virus.

 

Tratamiento: Existen antivirales eficaces para la hepatitis B y C que reducen el riesgo de progresión a cáncer.

 

HELICOBACTER PYLORI Y CANCER GASTRICO

 

El cáncer de estómago es la cuarta causa más común de muerte por cáncer en el mundo. En 2020, alrededor de 769 000 personas murieron por este y en algunas partes es la segunda causa principal de muerte. (Sung H, Ferlay J, Siegel RL, et al. Global Cancer Statistics 2020: GLOBOCAN estimates of incidence and mortality worldwide for 36 cancers in 185 countries. CA: A Cancer Journal for Clinicians 2021; 71(3):209–249).

 

Helicobacter pylori (H. pylori) es una bacteria en forma de espiral que crece en la mucosa del estómago humano porque es capaz de neutralizar la acidez del estómago -aunque no en todo el estómago-. Esto permite que la bacteria sobreviva y penetre en la mucosa y se una a las células que revisten el interior del estómago. Una vez que H. pylori coloniza el entorno gástrico, persiste durante toda la vida lo que hace presumir que la respuesta inmunitaria del huésped es ineficaz para eliminarla.

 

La infección por H. pylori es muy frecuente en el mundo, en especial, en los países de ingresos bajos y medios. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) calculan que alrededor de dos tercios de la población del mundo tiene esta bacteria.

 

H. pylori se transmite por contacto oral, trasmisión fecal, la saliva o el vómito. En la mayoría de las poblaciones, la bacteria se adquiere por primera vez en la infancia.

 

H. pylori   clasificada por la OMS como carcinógeno humano, se considera el factor de riesgo más significativo conocido para el cáncer de estómago y linfoma MALT. En 2021, en el Decimoquinto Informe del Programa Nacional de Toxicología sobre Carcinógenos se añadió la infección crónica por H. pylori a la lista de sustancias que causan cáncer o que se prevé de forma razonable que causan cáncer en los seres humanos.

 

La infección crónica provoca gastritis atrófica, metaplasia intestinal, displasia y, finalmente, el cáncer gástrico. La mayoría de la población no desarrolla cáncer, pero sí úlceras o gastritis crónica, y paradójicamente, la infección por H. pylori se asocia con un menor riesgo de adenocarcinoma de esófago.

 

Algunos factores específicos de la bacteria aumentarían el riesgo de cáncer, como es una toxina llamada citotoxina asociada al gen A (CagA) que una vez dentro de las células, las podría volver cancerosas al eliminar los controles de crecimiento celular y mejorar la movilidad celular. En los estudios epidemiológicos, se indicó que las cepas con CagA se asocian más al cáncer gástrico fuera del cardias que las cepas sin CagA. (Murata-Kamiya N. Pathophysiological functions of the CagA oncoprotein during infection by Helicobacter pylori. Microbes and Infection 2011; 13(10):799–807.)

 

Para el diagnóstico de H. pylori existen métodos invasivos y no invasivos, como la prueba de aliento con urea, detección de antígenos en heces que es muy utilizado por su alta sensibilidad y especificidad, o la detección a través de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). En casos específicos puede requerirse una endoscopía con biopsia gástrica para confirmar la presencia de la bacteria y evaluar lesiones en la mucosa del estómago.

 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), recomiendan que las personas con úlceras gástricas o úlceras de duodeno, o que tienen antecedentes de úlceras, deben hacerse una prueba de detección de H. pylori. No justifican el uso generalizado de las pruebas de detección de H. pylori ni del tratamiento de eliminación para esta infección porque el tratamiento innecesario o inadecuado está aumentando la resistencia del H. pylori a varios antibióticos.

EL LINFOMA DE BURKITT (LB)

 

El linfoma de Burkitt (LB) es un linfoma no Hodgkin de crecimiento muy rápido asociado frecuentemente con el virus de Epstein-Barr (VEB), especialmente en su forma endémica africana. VEB causa la mononucleosis y puede generar secuelas persistentes:  hepatitis, anemia hemolítica, y a largo plazo, puede ser causa de enfermedades autoinmunes, síndrome de Guillain-Barré, encefalitis y cánceres como linfomas y carcinoma nasofaríngeo.

 

El VEB induce la proliferación de linfocitos B infectados contribuyendo a la transformación tumoral, en presencia de desregulación del oncogén MYC y agravada por enfermedades concomitantes como la malaria o el VIH. Otra teoría es que la desregulación del gen MYC ocurre primero, facilitando la infección por VEB, la cual luego a su vez promueve la progresión del linfoma. (Wu MS, Huang SP, Chang YT. TNF-a and promoter polymorphisms in EBV-associated gastric carcinoma..J Infect Dis, 185 (2002), pp. 106-9)

 

El diagnóstico clínico de las infecciones por el virus de Epstein-Barr suele ser difícil porque los síntomas son similares a los de otras enfermedades. El diagnóstico de certeza se realiza mediante la detección de anticuerpos específicos en suero. Aunque su especificidad es muy elevada pueden estar presentes en otras infecciones víricas, enfermedades autoinmunes y malignas, y pueden mantenerse positivos hasta un año después de la infección aguda.

 

Además de estos microorganismos, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha clasificado como agentes cancerígenos a los virus del herpes humano tipo 8 (VHH-8; también conocido como virus del herpes asociado al sarcoma de Kaposi), virus linfotrópico de células T humanas tipo 1 (HTLV-1), Opisthorchis viverrini, Clonorchis sinensis y Schistosoma haematobium

 

La Organización Mundial de la Salud a través de Cancer Aributable to Infections, ha implementado la Fracción poblacional (FAP) de la incidencia de cáncer atribuible a infecciones como una estimación de la proporción de nuevos casos de cáncer que se habrían evitado en una población si todas las infecciones se hubieran evitado o tratado con éxito antes de que causaran cáncer.

 

CONCLUSIONES

 

La prevención es imprescindible cuando se analiza el alcance de los cánceres asociados a infecciones, utilizando medidas concretas y muy prácticas como la vacunación contra el VPH en niñas y niños que puede prevenir el cáncer de cuello uterino, cáncer de pene, ano y garganta. La vacuna contra la hepatitis B, puede prevenir el cáncer de hígado.

 

Tratamiento antibacteriano oportuno y eficaz de Helicobacter pylori probablemente reduce el riesgo de cáncer de estómago. Detección y tratamiento de la hepatitis C puede reducir el riesgo de cáncer de hígado.

 

Además de estas medidas existen otras acciones preventivas para reducir el riesgo de cánceres relacionados con infecciones como son: relaciones sexuales más seguras,  no compartir agujas, jeringas, equipos de tatuaje o piercing sin esterilizar, cuchillas de afeitar o cepillos de dientes  y mejorar las condiciones sanitarias para disminuir el ingreso de bacterias como el H. pylori, pero sobre todo comunicar la importancia de prevenir las infecciones asociadas con cáncer mediante detección temprana y tratamientos eficaces.

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