Análisis de la soledad de un minotauro
- Noticiero Medico

- hace 2 días
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Mtr. Diana Rivera López
Psicóloga Clínica
Iniciamos considerando el ‘‘El mito de Teseo y el Minotauro’’, que nos narra las circunstancias del nacimiento de una criatura con cuerpo de hombre y cabeza de toro, encerrada por el rey Minos en un laberinto. Y de su muerte a manos del príncipe ateniense Teseo que se ofreció como sacrificio para viajar a Creta y matar al Minotauro.
Ariadna, hija de Minos y hermanastra del minotauro, prendada de la valentía de Teseo, decide ayudarlo, dándole un ovillo de hilo, que marque la entrada, para luego encontrar la salida. Teseo logra vencer al monstruo y acabar con el cruel tributo de sacrificar a hombres y mujeres impuesto a Atenas.
De este mito, Jorge Luis Borges crea un cuento titulado ‘‘La casa de Asterión’’, mismo que le pone voz al minotauro (Asterión) y nos muestra una perspectiva de su línea de pensamiento. El cuento nos da indicios de una postura altiva del personaje, pues inicia diciendo: ‘‘Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía (…) El hecho es que soy único’’.
Asterión aclara que no se siente prisionero, puesto que no hay puertas cerradas, ni cerraduras, en aquel laberinto y que no le interesa lo que los hombres puedan transmitir a otros hombres.
Sin embargo, el relato, sutilmente nos da cuenta del sentir Asterión. Por un lado, menciona: ‘‘Pero de tantos juegos, el que prefiero es el de otro Asterión; finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos’’. También indica haber salido del laberinto en ocasiones, da cuenta de entender aquello que se repite muchas veces o se siente infinito, pero que solo dos cosas en el mundo parecen estar una sola vez: ‘‘arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión.’’
Asterión comenta que, tras matar a un humano, en el último aliento, este profetizó que alguna vez llegaría su liberador. Aludiendo: ‘‘Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas.’’
El cuento termina con Teseo diciendo: ‘’El minotauro apenas se defendió.’’
¿Por qué con Asterión no podemos hablar de la posibilidad de la locura en tal encierro o la sensación de soledad que torturaría el alma humana?
Asterión, parecía sobrellevar su vida y al final su destino. Destino mencionado por alguien más. Y es aquí, en donde empezaremos este análisis, desde la perspectiva psicoanalítica de Jacques Lacan. Hablemos de la constitución psíquica del infante. Ubiquemos al recién nacido, criado y cuidado por ese sujeto hablante, que es el Otro, quien habla y desea. En donde, el niño se encontrará con el deseo del Otro y ese deseo será el artífice generador del deseo de ese pequeño humano. Una identificación simbólica en la que el infante, construye su propio sentido de vida. Sin embargo, en el caso de Asterión, no tenemos eso, Asterión fue lanzado a un laberinto solo. Ficcionalmente el cuento de Borges nos permite tener una narrativa en la que un minotauro añoraría a otro minotauro, para pasar el tiempo y reír. Pero lo que no nos dice el cuento, es que, sin ese Otro, que hubiese marcado un primer afecto, un primer discurso y permitido una identificación simbólica, no sería posible la constitución psíquica de una criatura racional.
Sin una interacción social, Asterión, no podría elaborar una inscripción significante, que le permitiese entender los emblemas, las insignias, que representaba su linaje. Por ejemplo, aunque siendo una historia de deslealtades, la historia o el mito del minotauro, debería de habérsele contado: Minotauro, eres hijo de la reina Pasífae, implicada en la mentira de su esposo el Rey Minos, al Dios Poseidón, al hacerle creer que había matado al hermoso toro blanco, que se le había obsequiado, para constituirse como rey. Poseidón al descubrir la treta, introdujo en Pasífae, una desenfrenada e irreprimible pasión por este toro. Por lo que, Pasífae pide ayuda al Ingeniero Dédalo y éste elabora un artefacto de madera, que le permitió a Pasífae un encuentro sexual con el famoso Toro de Creta.
Tal vez si Asterión hubiese tenido a alguien que le hubiese contado su historia, alguien en quien reconocerse digno de afecto, como un ser único, pero no por ser el único minotauro, sino por ser autentico, ser simplemente él, tal vez hubiese construido su propio deseo, tal vez añorando salir de aquel laberinto, tal vez idealizando una familia y cuantas cosas más pudiese imaginar.
En este sentido, Asterión, no opone resistencia a su muerte, no porque estuviese deprimido y aspirara a morir, sino porque lo consideraba su destino, ya que, lo había escuchado de un alguien cualquiera, un discurso que lo había profetizado, y que guarda relevancia, ya que no hay nadie más, y que le permite tener una directriz de lo que implica su vida y su destino. Entonces, ¿es tan importante lo que otros dicen sobre nosotros? No, no de cualquier otro. Sí, de ese Otro, con O mayúscula, como lo establece Lacan, refiriéndose a los primeros discursos de quienes ocupan el rol de cuidadores, usualmente la madre o el padre. Estos, en sus discursos constituyen psíquicamente al infante, para que posteriormente se posicione como un sujeto deseante.
Es por esto, que Asterión no se muestra loco o torturado por la soledad. No hay discursos a su alrededor que determinen una demanda explícita en el actuar de Asterión, un discurso al cual sujetarse, en donde el hacer y el ser tienen cierto valor referencial. En donde, Asterión, sienta que ha logrado o no un propósito, que implique el recorrido de su deseo, alrededor de las expectativas o del deseo de los Otros, marcando los conflictos de la neurosis, la posibilidad de un Asterión planteándose, que debería comer más vegetales y menos carne, que no deberían andar desnudo, la idea de que tal vez es muy agresivo y que debería ir a terapia. Pero como no hubo discursos, no hay expectativas sobre Asterión. Esta, tal vez es su verdadera libertad, pero, una libertad infinita imposible de delimitar para poder amar y dejarse amar.
Los discursos de los que hablamos pueden ubicarnos en historias con finales felices, pero también con finales miserables, en las que somos ovejas negras de la familia, escorias de la sociedad, seres que no se sienten suficientes consigo mismos, o simplemente sentirnos solos, aun estando con otros.
Asterión estaba solo, pero no vive la soledad como la viviríamos nosotros.
Referencias
Borges, J. L. (1949). La casa de Asterión. En El Aleph. Buenos Aires: Losada.
EBSCO Information Services. (s. f.). Minotaur. Research Starters. Recuperado el 22 de marzo de 2026, de https://www-ebsco-com.translate.goog/research-starters/literature-and-writing/minotaur?
Lacan, J. (2015). El seminario de Jacques Lacan libro 6: El deseo y su interpretación 1958-1959. Buenos Aires, Barcelona, México: Paidós.




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