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Una mirada desde la inteligencia artificial a la situación de la salud en el Ecuador – 2024






Enrique Teran, MD, PhD

Docente, Universidad San Francisco de Quito – Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de Medicina y Presidente de la Academia de Ciencias del Ecuador.

 





Al intentar escribir este comentario, no se me podía ocurrir algo más lógico que preguntarle a ChatGPT (para estar acorde a la época): ¿cuáles son en el Ecuador los problemas, en salud, más importantes que el gobierno no ha podido solucionar todavía? La respuesta de la “inteligencia artificial” fue: “en Ecuador, existen varios problemas importantes en el sector salud que el gobierno no ha logrado solucionar completamente. Estos problemas afectan la calidad y accesibilidad de los servicios de salud para la población”. Obviamente, esto seguido por una descripción de los más destacados, que incluyen:


  • Falta de Infraestructura y equipamiento,

  • Déficit de Personal de Salud,

  • Inequidad en el Acceso a Servicios de Salud,

  • Bajo Financiamiento del Sector Salud,

  • Problemas en la Gestión y Administración,

  • Acceso Insuficiente a Medicamentos y Suministros Médicos, y

  • Respuesta Insuficiente a Emergencias Sanitarias.

 

¿Alguna sorpresa? Seguramente no para Ustedes, dilectos lectores, al igual que para quien suscribe. Sin embargo, vale la pena comentar, desde la “inteligencia emocional”, que como se sabe, en muchas regiones del país, especialmente las rurales, la infraestructura existente a menudo está en mal estado y carece de equipamiento médico moderno, o lo que es peor ni siquiera hay un subcentro de salud. Que mal le ha hecho, y le sigue haciendo al país la construcción de hospitales, con criterio más político que técnico, y que luego se convierten en “elefantes blancos” por falta de presupuesto para su operación óptima.

 

A esto se suma que hay una escasez de médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud, especialmente en esas áreas rurales y marginales. Partiendo desde la discusión más reciente, sobre el año de servicio rural, establecido originalmente para que los estudiantes de ciencias de la salud, que provenían de universidades públicas, “devengaran” la educación gratuita que recibieron mediante un “servicio a la comunidad”, particularmente la que más lo necesita. Luego, conforme fue creciendo el número de graduados provenientes también del sector privado, esto se fue convirtiendo en un “requisito” para los profesionales y en una oportunidad de mano de obra barata para el estado. Un desatino, sin duda, que acrecienta aún más la prestación adecuada de un servicio con calidad, calidez y continuidad, convirtiendo una experiencia positiva en forzosa y poco provechosa. Ojo, tampoco es cuestión de suprimirlo por asuntos de “seguridad” o “riesgo” como se ha propuesto recientemente, ni mucho menos de darle una categoría diferente equivalente a la de un médico residente. Las cosas como son, las ciencias de la salud son para brindar servicio a la población, con diferentes matices, claro, pero quien no entienda aquello, ¡está en el campo equivocado! Sin embargo, el servicio y la mística no se comen ni pagan las cuentas, por lo que debería haber un justo reconocimiento salarial para TODO el personal de salud, más todavía para aquellos que dedican su actividad asistencial en áreas remotas, pero eso no sucede, el número de funcionarios administrativos, los cargos directivos innecesarios, y otros “desvíos” menoscaban el uso adecuado de los recursos e incrementan la insatisfacción de ese valioso personal de salud.

 

Así, no es complicado entender y explicar la gran disparidad existente en el acceso a servicios de salud entre diferentes regiones y grupos socioeconómicos. A pesar de tener un marco legal ideal, orquestado desde la constitución de la república, en donde se habla de acceso universal e irrestricto, en la práctica no se cumple. No solo se trata de una falta de servicios y personal, como ya se mencionó, sino que se suma la disyuntiva entre igualdad y equidad, haciendo que los más vulnerables terminen teniendo menores posibilidades de atención, tratamiento y sobrevida, en último término. Dentro de esta disparidad, como no sacar a relucir que la disponibilidad tanto de medicamentos y suministros médicos esenciales, cuanto mucho más de los llamados de “especialidad” o de “alta complejidad” es inconsistente, con frecuentes desabastecimientos en los hospitales y centros/subcentros de salud. Hacer que los pacientes tengan que financiar el funcionamiento del sistema de salud es inentendible, inaudito o inhumano por llamarlo de alguna manera, pero negar que aquello ocurre o que los médicos y los pacientes mienten al respecto, ¡es simplemente una bajeza moral!

 

Otro tema, todavía de actualidad, preocupación y poca atención, es la infección por el virus SARS-CoV-2, responsable de la pandemia por COVID que nos tuvo en problemas serios, hace un poco más de tres años, y que en principio evidenció la pobre capacidad del sistema de salud para responder a situaciones emergentes. Pero también ha sido un fiel reflejo de la injerencia política sobre el criterio técnico, que llevó por ejemplo a terminar con la pandemia por “decreto presidencial” y permitir que una herramienta tan importante, como la vacunación, se deteriore de forma acelerada y su adopción se vaya perdiendo progresivamente: 86% primera dosis, 74% segunda dosis, 56% primer refuerzo y 14% segundo refuerzo, este último hace más de 18 meses, a pesar que cierto ex funcionario insiste en que “se dejó” provisión suficiente de biológico. Hoy las nuevas autoridades, luego de un largo proceso, da inicio a una campaña de vacunación masiva, con cerca de 250 mil dosis disponibles y otras 500 mil en camino, para un universo de 17 millones de ecuatorianos …, ¡por favor! Parecería que juegan con “nuestra inteligencia” (porque con la “artificial” no es posible), y además publicitan a los cuatro vientos que es una inversión de 8 millones de dólares – no más que cuatro meses de gasto por parte de la Asamblea Nacional o quizás un par de meses de nómina del propio ministerio de salud.

 

Para concluir, como no abordar el tema del supuesto bajo financiamiento del sector salud, que lo defino como tal porque al menos para la elaboración y presentación de la Proforma Presupuestaria 2024, se contempló el cumplimiento de la disposición constitucional transitoria vigésimo segunda; “El Presupuesto General del Estado destinado al financiamiento del sistema nacional de salud, se incrementará cada año en un porcentaje no inferior al cero punto cinco del Producto Interior Bruto, hasta alcanzar al menos el cuatro por ciento”. Así, para el ejercicio fiscal 2024 se estimó el PIB en USD 121,710.38 millones, de allí que el 0.5% asciende en lo que respecta al Sistema Nacional de Salud a USD 610.04 millones adicionales al presupuesto del 2023 (4,491.82 millones). Estos recursos deberían asegurar servicios médicos de forma oportuna con calidad, calidez y eficiencia para todos los ciudadanos dentro del territorio nacional.

 

Entonces, si no hay falta de recursos financieros (dinero), ¿por qué las cosas no funcionan como deberían? Tanto ChatGPT como nosotros lo sabemos …, es la corrupción y la mala gestión en el sector salud, que han sido (y son, desafortunadamente) problemas persistentes que afectan la gestión y administración pública. Por tanto, la combinación de inversiones en infraestructura, aumento de personal capacitado, mejoras en la administración y un enfoque en la equidad podría ayudar a abordar estos desafíos de manera más efectiva. Sin embargo, para ello es evidente la necesidad de reformas estructurales profundas y una gestión más eficaz del sector salud en el Ecuador.

 

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