top of page

Trastornos por consumo de sustancias en adolescentes

hace 14 horas
7 min de lectura

La adolescencia es un periodo importante del neurodesarrollo marcado por el rápido aumento de tasas de consumo de alcohol y drogas. Durante la última década, la investigación ha intentado desentrañar los efectos previos y posteriores al consumo de sustancias en el desarrollo cerebral mediante diseños longitudinales sofisticados.

 

Trastornos por consumo de sustancias en adolescentes

¿Por qué algunos adolescentes que experimentan con alcohol o drogas desarrollan trastornos por consumo de sustancias mientras que otros no? Durante décadas, la investigación se ha centrado en cómo el consumo de sustancias altera el cerebro adolescente en desarrollo. Sin embargo, surge cada vez más una pregunta diferente: ¿Podrían existir diferencias en el desarrollo cerebral antes de que comience el consumo de sustancias, haciendo que algunos adolescentes sean más vulnerables que otros?

 

Este cambio de perspectiva tiene importantes implicaciones tanto para la investigación como para la práctica clínica. Puede ayudar a explicar por qué la experimentación con sustancias es relativamente común durante la adolescencia, aunque solo el 9,8% de las personas de 12 años o más desarrollan patrones de consumo o trastornos por consumo de sustancias (SUDs).

 

La exposición a sustancias por sí sola no puede explicar estas diferencias. En cambio, las predisposiciones neurobiológicas,¹ parecen interactuar con factores conductuales y ambientales mucho antes de que el consumo de sustancias aparezca durante la adolescencia.

 

En lugar de centrarse únicamente en cómo afectan las drogas al cerebro, cada vez más evidencia,² sugiere que las características neurodesarrollativas preexistentes pueden moldear la vulnerabilidad mucho antes de la primera exposición a la bebida, cigarrillo o cannabis.

 

A primera vista, esta idea puede parecer contradictoria. La adolescencia es un periodo de cambio neurodesarrollativo,³ durante el cual los sistemas motivacionales y relacionados con la recompensa maduran antes que las redes cerebrales responsables del control cognitivo. En comparación con niños y adultos, los adolescentes suelen ser más receptivos a las recompensas,⁴ la novedad, la influencia de los compañeros y experiencias emocionalmente relevantes. Estas características apoyan la exploración, el aprendizaje, el desarrollo social y la transición gradual hacia la independencia. No obstante, estos mismos procesos de desarrollo también pueden aumentar la susceptibilidad al consumo de sustancias y otros comportamientos de riesgo en un subconjunto de la juventud.

 

La toma de decisiones arriesgada proporciona un marco útil para entender esta vulnerabilidad. Las decisiones tomadas bajo incertidumbre,⁵ requieren que los individuos sopesen las posibles recompensas frente a las consecuencias, elijan un curso de acción y aprendan de los resultados. Estos procesos dependen de la interacción coordinada de sistemas motivacionales, ejecutivos y de aprendizaje por retroalimentación.⁶ Pero cuando estos sistemas funcionan de forma atípica, la probabilidad de comportamientos desadaptativos puede aumentar.

 

Qué revela la imagen cerebral

Los estudios longitudinales de neuroimagen,³ comienzan a apoyar esta perspectiva. Se han identificado diferencias en la estructura cerebral,² activación funcional y conectividad antes de la exposición a sustancias, lo que sugiere que algunas características neuronales preceden y no resultan del consumo de sustancias.

 

En particular, las interacciones entre redes cerebrales a gran escala⁷ —como la saliencia,⁸ el control frontoparietal y las redes de modo por defecto — y regiones clave,⁹ como el núcleo accumbens, la ínsula anterior, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal, parecen desempeñar papeles importantes en la evaluación del riesgo, la regulación del comportamiento y el aprendizaje de la experiencia. La alteración de la activación y conectividad en estas regiones,¹⁰ se ha asociado con una mayor probabilidad de iniciar el consumo de sustancias o desarrollar patrones problemáticos de consumo, aunque los tamaños del efecto siguen siendo modestos y ningún marcador neural individual tiene suficiente valor predictivo para su uso clínico.

 

Observar el consumo de sustancias desde este marco de desarrollo también ayuda a explicar por qué el consumo de sustancias frecuentemente coocurre con otras conductas de riesgo, incluyendo la conducción temeraria, el comportamiento sexual inseguro y la delincuencia.

 

Estos comportamientos pueden no representar problemas distintos, sino reflejar mecanismos neurodesarrollativos compartidos que influyen en la valoración de la recompensa, la autorregulación y el aprendizaje adaptativo.

 

La neurobiología por sí sola no determina el futuro de un adolescente. Los marcadores basados en el cerebro son probabilísticos, no deterministas, y las experiencias ambientales continúan moldeando las trayectorias del desarrollo. Los estudios han demostrado que factores como los antecedentes familiares de SUD, la supervisión parental, el funcionamiento familiar, las relaciones con los iguales, el contexto del vecindario, la adversidad socioeconómica y la exposición a la violencia pueden contribuir al riesgo de consumo de sustancias.

 

Por esa razón, los factores neurobiológicos y psicosociales deben considerarse como factores que contribuyen al riesgo de consumo de sustancias. Interactúan a lo largo del desarrollo, y la vulnerabilidad surge de su influencia combinada. Grandes cohortes longitudinales, en particular el estudio Adolescent Brain Cognitive Development,¹¹ han transformado el campo al permitir a los investigadores examinar cómo interactúan los factores biológicos, conductuales, familiares y ambientales a lo largo del tiempo. Estos hallazgos refuerzan el valor de un marco integrado de desarrollo.

 

Las vulnerabilidades neurodesarrollativas tampoco suelen distribuirse de manera equitativa entre los adolescentes. Por ejemplo, los jóvenes con trastornos externalizantes,¹² incluyendo el trastorno por déficit de atención/hiperactividad, trastorno de conducta y trastorno opositorio desafiante, muestran consistentemente tasas más altas de consumo temprano de sustancias y tienen un mayor riesgo de desarrollar SUDs. Muchos de estos adolescentes muestran un control inhibitorio alterado y aprendizaje por refuerzo, así como una mayor sensibilidad a la recompensa, procesos que se solapan con los sistemas neuronales implicados en la toma de decisiones de riesgo. De manera similar, los adolescentes con antecedentes familiares de TOS suelen mostrar diferencias en la estructura y función cerebral antes de iniciar el consumo de sustancias, lo que sugiere que la susceptibilidad neurobiológica hereditaria puede interactuar con factores del desarrollo y ambientales. Reconocer estas poblaciones de mayor riesgo puede ayudar a los clínicos a identificar a los adolescentes que podrían beneficiarse más de intervenciones preventivas tempranas y un seguimiento más cercano.

 

De la predicción a la prevención

 

En última instancia, el objetivo no es simplemente determinar qué adolescentes tienen más probabilidades de desarrollar un consumo problemático de sustancias, aunque eso sigue siendo importante, sino entender por qué surge la vulnerabilidad y cómo puede modificarse.

 

Identificando los procesos neurocognitivos que contribuyen a la vulnerabilidad, los investigadores pueden desarrollar intervenciones que aborden el riesgo antes de que se establezcan patrones desadaptativos.

 

Si las diferencias en el pensamiento orientado al futuro, la deliberación, la valoración de recompensas, la autorregulación o el aprendizaje de las consecuencias contribuyen al riesgo de consumo de sustancias, pueden representar objetivos significativos para la intervención. Los enfoques emergentes están empezando a centrarse en fortalecer estos procesos de toma de decisiones subyacentes en lugar de abordar solo el consumo de sustancias, ayudando a los adolescentes a conectar mejor las elecciones presentes con los objetivos y consecuencias futuras.

 

El creciente énfasis en la prevención refleja un cambio más amplio en la investigación sobre el consumo de sustancias en adolescentes, pasando de identificar quién desarrolla TOS a entender cuándo surge la vulnerabilidad y cómo puede modificarse. En lugar de esperar a que se establezcan patrones dañinos, los investigadores y clínicos se centran cada vez más en los mecanismos de desarrollo que preceden al consumo de sustancias. Este enfoque crea oportunidades para una intervención más temprana durante la adolescencia, cuando los patrones de comportamiento aún se están formando y los sistemas neuronales permanecen adaptables, lo que podría reducir la probabilidad de que la experimentación avance hacia los SUDs.

 

Referencias

 

  1. Mattey-Mora, P.P., Murray, O.K., Aloi, J. et al. Las anomalías en el circuito de cálculo de riesgo junto con variables de riesgo psicosociales predicen el consumo problemático de sustancias en jóvenes con trastornos externalizantes. Neuropsicofarmacol. 51, 1335–1344 (2026). https://doi.org/10.1038/s41386-026-02367-5-

  2. Squeglia LM, Gray KM. Consumo de alcohol y drogas y el desarrollo del cerebro. Curr Psychiatry Rep. 2016 en mayo; 18(5):46. doi: 10.1007/s11920-016-0689-Y. PMID: 26984684; PMCID: PMC4883014.

  3. Tervo-Clemmens B, Quach A, Calabro FJ, Foran W, Luna B. Metaanálisis y revisión de las diferencias funcionales en neuroimagen subyacentes a la vulnerabilidad adolescente al consumo de sustancias. Neuroimagen. 1 de abril de 2020;209:116476. doi: 10.1016/j.neuroimage.2019.116476. Publicado en formato electrónico 23 de diciembre de 2019. PMID: 31875520; PMCID: PMC7992390.

  4. Spear LP. Recompensas, aversiones y afecto en la adolescencia: convergencias emergentes entre datos de animales de laboratorio y humanos. Dev Cogn Neurosci. octubre de 2011; 1(4):392-400. doi: 10.1016/j.dcn.2011.08.001. PMID: 21918675; PMCID: PMC3170768.

  5. Aloi J, Kwon E, Hummer TA, Crum KI, Shah N, Pratt L, Aalsma MC, Finn P, Nurnberger J, Hulvershorn LA. La historia familiar de trastorno por consumo de sustancias y la impulsividad parental se asocian de forma diferencial con respuestas neuronales durante la toma de decisiones de riesgo. Neuroimagen frontal. 2023 junio 21;2:1110494. doi: 10.3389/fnimg.2023.1110494. PMID: 37554652; PMCID: PMC10406275.

  6. Mattey-Mora, P.P., Murray, O.K., Aloi, J. et al. Las anomalías en el circuito de cálculo de riesgo junto con variables de riesgo psicosociales predicen el consumo problemático de sustancias en jóvenes con trastornos externalizantes. Neuropsicofarmacol. 51, 1335–1344 (2026). https://doi.org/10.1038/s41386-026-02367-5.

  7. Lynch CJ, Elbau IG, Ng T, Ayaz A, Zhu S, Wolk D, Manfredi N, Johnson M, Chang M, Chou J, Summerville I, Ho C, Lueckel M, Bukhari H, Buchanan D, Victoria LW, Solomonov N, Goldwaser E, Moia S, Caballero-Gaudes C, Downar J, Vila-Rodriguez F, Daskalakis ZJ, Blumberger DM, Kay K, Aloysi A, Gordon EM, Bhati MT, Williams N, Power JD, Zebley B, Grosenick L, Gunning FM, Liston C. Expansión de la red de relevancia frontostriatal en personas en depresión. La naturaleza. septiembre de 2024; 633(8030):624-633. doi: 10.1038/s41586-024-07805-2. Epub 2024 sep 4. PMID: 39232159; PMCID: PMC11410656.

  8. Stein J, Korb FM, Goschke T, Zwosta K. La conectividad funcional en estado de reposo de la red de saliente predice la toma de decisiones autocontrolada. Sci Rep. 2025 10 de mayo; 15(1):16332. doi: 10.1038/s41598-025-98673-x. PMID: 40348817; PMCID: PMC12065794.

  9. Telzer EH, Rogers CR, Van Hoorn J. Correlatos neuronales de la influencia social en la toma de riesgos y el consumo de sustancias en adolescentes. Curr Addict Rep. 2017 sept; 4(3):333-341. doi: 10.1007/s40429-017-0164-9. Epub 29 de julio de 2017. PMID: 29242768; PMCID: PMC5724782.

  10. Murray OK, Mattey-Mora PP, Aloi J, Lovins S, Smoker MP, Hulvershorn LA. Las diferencias de sexo en la activación de la red de recompensa están relacionadas con el consumo problemático de sustancias entre adolescentes de alto riesgo. Resolución de Drogas Abogadas 2025 Dic 4; 5:14591. doi: 10.3389/adar.2025.14591. PMID: 41425299; PMCID: PMC12711589.

  11. Karcher NR, Barch DM. El estudio ABCD: comprensión del desarrollo del riesgo para los resultados de salud mental y física. Neuropsicofarmacología. enero de 2021; 46(1):131-142. doi: 10.1038/s41386-020-0736-6. Epub 2020 15 de junio. PMID: 32541809; PMCID: PMC7304245.

  12. Ccold CR, Scalco M, Trucco EM, Read JP, Lengua LJ, Wieczorek WF, Hawk LW Jr. Asociaciones prospectivas de problemas interiorizantes y externalizantes y su co-ocurrencia con el consumo de sustancias en la adolescencia temprana. J Abnorm Child Psychol. mayo 2013; 41(4):667-77. doi: 10.1007/s10802-012-9701-0. PMID: 23242624; PMCID: PMC3640685.

Comentarios


© 2019 Primera revista ecuatoriana de salud y ciencia médica

bottom of page