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Mitos sobre la microbiota intestinal

Durante la última década, la microbiota intestinal ha pasado de ser un tema reservado para laboratorios de investigación a convertirse en protagonista de congresos, redes sociales y campañas comerciales. Hoy parece que prácticamente cualquier enfermedad puede explicarse —o incluso tratarse— modificando la microbiota.

 

Mitos sobre la microbiota intestinal

Sin embargo, conforme la evidencia científica madura, muchas de las afirmaciones que durante años se repitieron como verdades absolutas están siendo cuestionadas. Un artículo publicado en Nutrients revisa algunos de los conceptos más difundidos y confronta cada uno con la evidencia disponible.¹

 

Es de gran importancia entender que la microbiota intestinal humana constituye un ecosistema complejo formado por billones de microorganismos —arqueas, hongos, bacterias y virus— que participan en funciones esenciales como el metabolismo, la inmunidad y la integridad de la barrera intestinal.

 

Tenemos 100 billones de bacterias, en una proporción de 10 a 1 respecto a nuestras células.

Probablemente sea uno de los datos más repetidos cuando se habla de microbiota. Esa cifra provino de una estimación realizada en la década de 1970 y nunca fue realmente medida. Estudios posteriores calcularon que un adulto promedio alberga aproximadamente 38 billones de bacterias, una cantidad muy similar al número de células humanas. Aunque la microbiota sigue siendo extraordinariamente abundante, el famoso cociente 10:1 ya no se considera correcto.

 

Entre más diversidad microbiana, más saludable es el individuo.

La diversidad microbiana suele asociarse con un mejor estado de salud, pero no constituye un marcador universal. Dos individuos completamente sanos pueden tener microbiotas muy distintas entre sí. Además, lo realmente importante no es únicamente cuántas especies existen, sino qué funciones desempeñan y cómo interactúan con el huésped: la relación entre las diversas especies, las capacidades funcionales de cada microorganismo y las interacciones fisiológicas y ambientales.

 

Las bacterias son benéficas o perjudiciales por sí solas.

Las funciones de ciertas especies bacterianas no son intrínsecamente "beneficiosas" ni "perjudiciales"; sus efectos pueden variar según el entorno intestinal específico y el estado de salud general del individuo. La actividad del microbioma depende del contexto: las interacciones dentro del hábitat del huésped, la alimentación y el resto de la comunidad microbiana. Incluso microorganismos ampliamente considerados beneficiosos, como Akkermansia muciniphila, pueden mostrar efectos favorables o desfavorables dependiendo de la enfermedad estudiada, el huésped y el resto de la comunidad microbiana. Esto también es esencial para formular terapias eficaces dirigidas al microbioma: en lugar de centrarse únicamente en eliminar bacterias patógenas o introducir bacterias útiles, es necesario analizar el ecosistema completo y sus interacciones.

 

La relación Firmicutes/Bacteroidetes predice obesidad.

Durante años se propuso que un aumento en la relación Firmicutes/Bacteroidetes era característico de la obesidad. Hoy sabemos que esa relación presenta una enorme variabilidad incluso entre personas sanas y que los metaanálisis no respaldan su uso como biomarcador clínico.

 

Los probióticos siempre son seguros y beneficiosos.

Aunque muchos probióticos cuentan con evidencia para indicaciones específicas, no todos producen los mismos efectos ni son apropiados para cualquier paciente. La eficacia depende de la cepa, la dosis, la duración del tratamiento y las características del paciente. Otra situación que complica el uso de estos suplementos es la falta de regulación sanitaria, ya que no se consideran fármacos. Además, en pacientes vulnerables se han descrito complicaciones como bacteriemia o fungemia, y algunos probióticos incluso podrían interferir con el diagnóstico o el manejo del sobrecrecimiento bacteriano intestinal.

 

La microbiota no influye en la absorción, el metabolismo ni la eficacia de los fármacos.

A menudo se piensa que los fármacos y los nutrientes producen efectos uniformes en los individuos, obviando la heterogeneidad interindividual de la microbiota y su interrelación con esta. Hoy en día se sabe que la microbiota puede modificar la absorción, el metabolismo y la eficacia de múltiples fármacos, y que a su vez los medicamentos alteran la composición microbiana. Esto podría explicar reacciones individuales a medicamentos y alimentos, ya que el microbioma puede afectar la biodisponibilidad, la bioactividad y el metabolismo. Este concepto ha dado origen a un nuevo campo de investigación conocido como farmacomicrobiómica, con potencial para impulsar la medicina de precisión.

 

El síndrome de intestino permeable es un diagnóstico establecido, con criterios específicos.

La alteración de la permeabilidad intestinal sí es un fenómeno fisiopatológico reconocido y participa en diversas enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad celíaca y la obesidad. Sin embargo, el llamado "síndrome de intestino permeable" no constituye actualmente un diagnóstico clínico universalmente aceptado ni cuenta con criterios diagnósticos estandarizados. Confundir ambos conceptos puede favorecer diagnósticos poco sustentados y tratamientos sin suficiente evidencia.

 

El entusiasmo alrededor de la microbiota intestinal está plenamente justificado. Su influencia sobre la salud humana es innegable y seguirá siendo una de las áreas más dinámicas de la medicina durante los próximos años.

 

No obstante, el creciente interés también ha favorecido la difusión de mensajes simplificados, extrapolaciones excesivas e incluso recomendaciones sin respaldo científico.

 

Referencia

 

  1. Kotzampassi K, y cols. All That Glitters Ain't Gold: The Myths and Scientific Realities About the Gut Microbiota. Nutrients. 2025;17(19):3121. Disponible en: https://www.mdpi.com/2072-6643/17/19/3121

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© 2019 Primera revista ecuatoriana de salud y ciencia médica

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