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Las elecciones en el Ecuador

Actualizado: 1 nov 2023

y la necesidad de ir de la “política y la salud” a una verdadera “política de salud”.






Enrique Terán

Médico, magister en cooperación internacional y doctor en farmacología. Docente universitario, miembro de número de la Academia Ecuatoriana de Medicina y presidente de la Academia de Ciencias del Ecuador.




Los ecuatorianos nos encontramos a puertas de una segunda vuelta electoral para elegir un nuevo presidente. Hay dos finalistas, de entre ocho postulantes, y el ganador va a tener que, para culminar el periodo restante del actual gobierno, que decidió utilizar la denominada figura de muerte cruzada y convocó a elecciones anticipadas.


El corto tiempo que hubo para la primera vuelta hizo que, no se pueda profundizar prácticamente en ningún aspecto de las propuestas de los candidatos, pero no cabe duda, al menos para los que estamos en el ámbito de la salud, que ninguno de ellos puso mayor énfasis en este tema, más allá de las clásicas ofertas demagógicas de siempre.


Ahora, con poco más de un mes por delante, sería deseable que se aterricen esas propuestas de los dos candidatos a una realidad inevitable, poco tiempo y muchas necesidades. Es que con pesar se debe insistir en que el sistema de salud en el Ecuador se encuentra en una crisis, no de ahora, no del último gobierno, sino desde hace más de diez años.


Por ejemplo, un país en el que existe una muy baja, por no decir pobre, cobertura de prestación de servicios de salud en las áreas suburbanas y más aún rurales, no podemos seguir escuchando que se van a construir hospitales de alta especialidad, “elefantes blancos” que primero no va a ser factible edificar en un tiempo corto y que, desafortunadamente quizás nunca van a terminar de ser funcionales. Esas ofertas que representan una inmensa inversión luego van a requerir de presupuestos no alcanzables para ser “aparentemente” operativos. El país necesita rescatar el valor del “primer nivel” de atención en salud, garantizando la existencia de personal médico en los subcentros y centros de salud, no con profesionales recién graduados que tienen que por obligación realizar su año de salud rural, sino con plazas permanentes, pero también con supervisión adecuada, para aumentar la credibilidad y confianza de la población hacia estos servicios.


Invertir en el recurso humano, promoviendo la formación de médicos especialistas, que tanta falta le hacen al sistema de salud, pero al mismo tiempo racionalizando el gasto innecesario en burocracia, que han convertido al Ministerio de Salud Pública en un “botín político” en el cual crecen y crecen los funcionarios administrativos y que decir de los asesores, con sueldos muy por encima del profesional que están en “territorio” y con privilegios adicionales, producto del abuso y falta de control …, autos, choferes, viáticos, asistentes, etc. No se puede seguir permitiendo que los profesionales que quieren obtener su especialidad tengan que autofinanciar sus estudios, trabajando “gratis” para un sistema de salud que si dispone de los recursos financieros, pero que no articula su correcta utilización.


Ha sido, es y será indispensable la digitalización de la salud. El Ecuador todavía, desafortunadamente, no cuenta con una “historia clínica universal”, instrumento básico e indispensable para poder facilitar no solo el registro de los pacientes, sino permitir un sistema efectivo de referencia y contrarreferencia, obtención de información epidemiológica, manejo de inventarios y optimización de los recursos.


La falta de medicamentos, un tema recurrente a lo largo del tiempo, pues más allá de burocracia por detrás de su adquisición, que en un afán de ahorro de recursos ha creado una barrera de acceso a tiempo y en cantidad suficiente, tiene que lidiar con otro problema: la calidad de estos. Es que no se trata solo de comprar a bajo costo, sino que se debe garantizar que esos productos cumplan con los estándares mínimos requeridos y no como sucede al momento (y por supuesto desde hace más de una década atrás). Ya se debe dejar de hablar solo de la problemática de los medicamentos “especiales” o “de alto costo” y tomar acciones sobre la comercialización de productos que solo existen en este país, que tiene precios irracionalmente altos en comparación a las moléculas originales, que se expenden sin ningún tipo de control o que simplemente no sirven para nada.


Deberá revisarse la utilidad del Cuadro Nacional de Medicamentos y sus mecanismos de actualización, para que deje de ser un instrumento de compra y se convierta en una herramienta de optimización de tratamientos.


Como no mencionar la necesidad imperativa de “rescate” que necesita el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, patrimonio de los afiliados y que, igualmente desde hace más de una década, brinda una muy pobre cobertura en términos de salud. En parte por la carga irresponsable de usuarios, producto de haber ampliado la cobertura familiar sin incrementar el número de aportantes, y luego debido a la pobre capacidad de gestión, que termina por duplicar esfuerzos, tercerizar servicios y gastar inoficiosamente los recursos (pocos) existentes. Es momento de, no solo trasparentar las cuentas, sino también dejar de utilizar al IESS como un “comodín” fiscal.


Hay que dejar de apagar incendios, no se puede pensar en el corto plazo y dejar de “clamar” por ayuda internacional, que termina por “guiar” las decisiones propias del país. Quizás es el momento para rescatar el concepto de “soberanía en salud” y elaborar programas ajustados a la realidad nacional, que sean sostenibles en el tiempo y que produzcan impacto local. Hay que terminar con esa aparente dependencia de ideas globales para intentar replicar experiencias, también transitorias, en otros países con realidades distintas a la ecuatoriana. Por ejemplo, un país en el que se quiere eliminar la desnutrición infantil pero no se analiza elementos tan básicos como la tasa de fecundidad, el acceso a métodos anticonceptivos, los periodos intergenésicos y no se presta atención al embarazo en adolescentes, sino que la estrategia se basa a la entrega de bonos y estímulos ficticios para un mejor cuidado infantil, tienen y seguirán teniendo etiqueta de fracaso.


Pero al futuro presidente también le corresponde, obligatoriamente, trabajar con la futura asamblea nacional para gestionar la aprobación del código orgánico de la salud, y por supuesto otras leyes que han quedado pendientes como las leyes del cáncer y la de enfermedades catastróficas. Nos corresponde a todos presionar a los “honorables”, muchos de ellos parte de la destituida asamblea, enfocarse en actividades que son de valor para la población. Sin estas leyes, no va a ser posible normar el accionar del sistema nacional de salud, y seguirá en el aire los procesos tendientes a lograr que los pacientes reciban la atención con la calidad y calidez que se espera, que se respeten sus derechos y que se ponga en ejecución la equidad que amerita su condición de salud.

Que falta hace, para las denominadas enfermedades raras, hereditarias en la mayoría de los casos, disponer de herramientas de diagnóstico temprano y los especialistas en utilizarlas, tener centros a los cuales acudir para su tratamiento y evitar que se deteriore su calidad de vida, pero al mismo tiempo, vigilar que los mecanismos de prevención de estas existan, desde la básica consejería prenatal hasta la también simple y sencilla yodación adecuada de la sal.


Es por esto por lo que no importa el sentido en que se establezca el análisis, puede ser desde lo más reciente o desde lo más antiguo, pienso que el resultado sería el mismo. En nuestro país se quiere utilizar a la salud como una herramienta política en lugar de construir una política de salud.


La diferencia parece obvia, pero paradójicamente quienes están optando por llegar a la presidencia, parecen no tenerlo claro. Ojalá, esta sea una impresión equivocada, y pronto nos sorprendan comunicando sus planes en salud, por el bien de nuestra población …

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