La menstruación un asunto de salud


Durante el 50° periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos el pasado 22 de junio, el panel de discusión en Manejo de Higiene Menstrual, Derechos Humanos e Igualdad de Género, dio a conocer que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llama a reconocer, enmarcar y dirigir la menstruación como un asunto de salud y derechos humanos, y dejar de considerarla solamente un asunto de higiene.


La Dra. Daniela Ribbeck, ginecóloga de la Universidad de Chile, fundadora de la escuela La Tribu, donde se imparte el primer diplomado y especialización en salud menstrual de habla hispana, indicó que las personas que trabajamos en la promoción de la salud menstrual esperábamos una declaración enfática como esta. Esperamos que esta declaración interpele a la reflexión y capacitación de todo profesional e instituciones que trabajan con niñas, mujeres y otras personas que menstrúan, para cambiar la forma de pensar sobre la menstruación.


Se alude a que la salud menstrual no fue parte de la agenda en la Conferencia Internacional sobre la Población y Desarrollo ni en la Declaración del Milenio. Tampoco se establece explícitamente en las metas de los objetivos 3 (salud), 5 (igualdad de género) o 6 (agua y saneamiento) de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, las activistas del Sur Global la han colocado en las agendas de salud, educación, derechos humanos e igualdad de género, atrayendo atención a los reportes de mujeres y niñas que experimentan vergüenza y falta de medios para el manejo de su periodo, con consecuencias en sus oportunidades, incluyendo el derecho a educación, trabajo, agua y saneamiento, no discriminación e igualdad de género y en definitiva, a la salud.


La OMS hace el llamado por tres acciones:

  • La primera consiste en reconocer y enmarcar la menstruación como un asunto de salud y no de higiene, con dimensiones físicas, psicológicas y sociales, que requiere ser dirigido con perspectiva de la trayectoria vital desde antes de la menarca hasta después de la menopausia.

  • En segundo lugar, reconocer que la salud menstrual significa que mujeres, niñas y otras personas que menstrúan tengan acceso a información y educación sobre esto; desde los productos que se requieren, importancia del agua, sanitización y facilidades para desecharlos, pasando por los cuidados empáticos y competentes cuando se requieran hasta vivir, estudiar y trabajar en un ambiente donde la menstruación sea vista como algo positivo y saludable, no como algo de lo cual avergonzarse, participando así enteramente en el trabajo y actividades sociales.

  • En tercer lugar, asegurarse de que estas actividades estén incluidas en los planes de trabajo y presupuestos sectoriales y que su desempeño sea medido.


Nidia Rodríguez, doctora en ciencias, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fundadora del proyecto interdisciplinario de cultura, educación y salud menstrual La Tribu Roja y activista menstrual desde hace 10 años, señaló que es un buen inicio el hecho de que la OMS se enfoque en este tema, pero no debe quedarse solo en el discurso; las tres llamadas que hace son bastante pertinentes, faltaría conocer el plan de acción para que en cada territorio puedan llevarse a cabo estos puntos, sobre todo el número tres, donde podrían tener más inferencia.


La Dra. Ribeck comentó que lo primero que tienen que hacer los ginecólogos es formarse en salud menstrual. Los planes de estudio en Chile y España para la especialidad de ginecología y obstetricia no contemplan ninguna clase de salud menstrual. Lo segundo es cambiar los planes para las próximas generaciones; la salud menstrual debe ser impartida en los estudios de pregrado de los profesionales de la salud. Tercero, visibilizar la falta de información e investigación relacionadas a la salud menstrual; no existe consenso científico respecto a cómo es un ciclo menstrual normal o que a pesar de que el síndrome premenstrual afecta aproximadamente a 8% de las mujeres, aún no tenemos claridad de por qué ocurre.


Respecto al papel de los médicos generales para garantizar la salud menstrual a sus pacientes, es fundamental. Lo primero vuelve a ser formarse en el tema. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), solo 7% de las y los médicos pregunta en sus consultas por el ciclo menstrual.¹ Esto se debe a que los médicos no tienen herramientas, dado que no fueron entregadas en la universidad. Hay que saber reconocer un ciclo menstrual normal de uno anormal, de otra manera se normalizan procesos patológicos, como el dolor menstrual o se patologizan y medicalizan procesos normales como los ciclos menstruales irregulares en la adolescencia.


En segundo lugar, hay que saber cómo el ciclo menstrual interacciona con otros sistemas y enfermedades. Por ejemplo, las hormonas ováricas que se producen en el ciclo menstrual actúan en el cerebro, pudiendo exacerbar síndromes convulsivos en la fase premenstrual; estas mismas hormonas actúan regulando enfermedades autoinmunes, el estrógeno potencia la inmunidad humoral y la progesterona es un inmunosupresor.


Los médicos generales son vitales para garantizar la promoción de la salud menstrual. El mayor peso de la salud de la población recae sobre ellos, que son los de primer contacto y deben tener una visión global de la salud de los pacientes y referir a un especialista cuando sea necesario; asimismo, tendrían que ser los más preparados para reconocer cuando hay algún trastorno, pero también cuando pueden hacer sugerencias para que la calidad de vida de las pacientes menstruantes mejore.


La OMS reconoce que activistas y organizaciones no gubernamentales han hecho un gran esfuerzo para colocar la salud menstrual en la agenda pública, lo que ha generado que un creciente número de gobiernos tome acción.


En Latinoamérica, en 2018, Colombia fue el primer país que consiguió quitar el impuesto al valor agregado (IVA) a productos de gestión menstrual; actualmente esto se ha logrado también en Trinidad y Tobago, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Guyana, Surinam y México.


En Costa Rica se logró una tasa reducida de impuesto a 1% en estos productos.


Otra acción de los gobiernos radica en proveer productos menstruales a poblaciones en circunstancias difíciles, como en México, con la Ley de Menstruación Digna, que busca proveer estos productos en las escuelas públicas de manera gratuita. También encontramos propuestas de ley en este sentido en Chile y Guatemala.


Una gran cantidad de países en Europa y Asia ha puesto en marcha leyes y políticas para dar licencias médicas cuando se experimentan dolor, incomodidad y otros síntomas asociados a la menstruación; sin embargo, aún no se ha logrado este tipo de legislación en ningún país de Latinoamérica.


Todas estas son medidas útiles, pero los gobiernos pueden y deben hacer más que mejorar el acceso a productos menstruales. Deben crear escuelas, lugares de trabajo e instituciones públicas que apoyen el manejo de la menstruación con comodidad y dignidad y lo más importante, normalizar la menstruación y romper el silencio a su alrededor.


Referencia

  1. UNICEF. Higiene menstrual. Consultado en versión electrónica. Fuente


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