El cuadro nacional de medicamentos, de la necesidad a la realidad.

Actualizado: 3 de oct de 2019







Enrique Teran, MD, PhD

Docente de Farmacología, Universidad San Francisco de Quito











El concepto de medicamentos esenciales fue introducido en 1975 por la Asamblea Mundial de la Salud y en el Ecuador, el trabajo conjunto entre el Ministerio de Salud, la Organización Panamericana de la Salud y el Convenio Hipólito Unanue, dio origen en el mismo año al llamado Cuadro Básico de Drogas y Medicamentos, un primer listado que sirvió como instrumento de trabajo para concertar con la industria farmacéutica nacional la provisión de productos (1). Posteriormente, cuando en el país se consideraba la implantación de un Sistema Nacional de Salud, finalmente se expidió el Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos (CNMB), mediante el Decreto Ejecutivo N° 1337 de 1985 que eliminaba simultáneamente algunas disposiciones anteriores relacionadas con el mismo (2). Hasta hace unos días atrás estuvo vigente la Novena Revisión del CNMB, un listado elaborado conforme los principios fundamentales de eficacia, seguridad y relación costo-beneficio que guían la selección de medicamentos esenciales y los fármacos contenidos pueden considerarse adecuados para las principales necesidades sanitarias del país, tanto en problemas de salud frecuentes como patologías específicas (3).

Es así como luego de una inexplicable y poco justificada demora de 5 años y de una gran presión social, el pasado 22 de agosto se hizo la presentación de la décima versión del CNMB, la cual incorpora 64 “nuevos” principios activos, y que de acuerdo con las autoridades del Ejecutivo y el Ministerio de Salud, este CNMB sirve para el 98% de la población "considerando el perfil epidemiológico de los ecuatorianos" (4).

Sin embargo, entre los nuevos medicamentos figuran 18 para cáncer, cuatro vacunas, inmunoglobulina para hepatitis B, tres moléculas para hepatitis C, nuevas insulinas para diabetes tipo 1 y 2, cuatro nuevos antibióticos, 5 fármacos para enfermedades hematológicas, así como alternativas para enfermedades catastróficas y raras como el VIH, lupus, colitis ulcerosa, artritis reumatoide, artritis idiopática, entre otras (5).

Todos ellos útiles e importantes, sin duda alguna, particularmente para ciertos procesos de manejo de especialidad (6), lo que genera la inquietud si es que las mismas guardan relación con el perfil epidemiológico del país, según descrito por el Ministerio de Salud Pública en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición – ENSANUT realizada en el año 2012 (7).

Hubiera sido interesante encontrar nuevas alternativas para el manejo de las enfermedades crónico-metabólicas como hipertensión, dislipidemia, síndrome metabólico y diabetes, pero en la décima versión se encuentran drogas como labetalol mientras que ya no está la amlodipina, o el reemplazo de la glibenclamida glicazida por la glibenclamida. Algo semejante sucede con la atorvastatina