ASPECTOS ETICOS EN LA PRACTICA DE ENFERMERIA DURANTE LA PANDEMIA

Actualizado: jul 1




Dra. Jacqueline Bonilla Merizalde Ph.D

SUBDECANA FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS






La pandemia provocada por el virus SARS-Cov-2 es, sin duda, una de las más grandes tragedias humanas y sanitarias que se ha vivido en tiempos actuales.


La crisis sanitaria por la pandemia de Covid-19 ha desencadenado muchos problemas éticos en la prestación de los cuidados de enfermería en los centros asistenciales que tienen que ver específicamente con la prestación de cuidados en contextos de escasez de recursos y alto riesgo de contagio. Además de considerar la importancia del autocuidado y por supuesto, la preservación de los derechos del paciente.


Como sucedió en la mayoría de los países del mundo, en nuestra realidad tuvimos servicios de emergencia con acúmulo de pacientes, desabastecimiento no sólo de recursos materiales sino también humanos, obligando al personal de la salud a atender en circunstancias extremas y en condiciones de riesgo. La situación diaria se convirtió en un torbellino en donde los pacientes eran graves y con severas complicaciones, al no contar con áreas de monitoreo, sin fuentes suficientes de oxígeno para mantener los requerimientos respiratorios necesarios y la escasa aplicación de tratamientos específicos para mejorar sus condiciones de salud.


En estos tiempos de pandemia el cuidado humano se ha visto afectado, sin lugar a dudas, por el exceso de pacientes, el miedo implícito que causa esta enfermedad por su alta contagiosidad y la escasez de equipos de protección. Por otro lado, el tratamiento ha demandado la presencia de recursos especiales que otorgan un sentido incluso más complicado a la situación como en el caso del vestuario de protección especial del personal sanitario, y cuando se dispone de dichas indumentarias los vemos como verdaderos extraterrestres y hasta resulta complicado identificar quienes son.


En estas circunstancias, además se vuelven testigos presenciales del dolor, incertidumbre y sufrimiento de las personas más vulnerables, experimentando sentimientos de impotencia al ver morir a numerosos pacientes cada día. Pero la situación se vuelve todavía más difícil cuando tienen que cumplir largas jornadas laborales que llevan a cabo por la escasez de personal de salud, ya sea porque resultaron contagiados y ahora se han convertido en pacientes que deben estar aislados en sus respectivos hogares, o simplemente porque renunciaron por el miedo de contagiarse y contagiar a su propia familia.


Además de lo sucedido desde el punto de vista sanitario, se evidenció un trauma en el manejo del proceso de duelo. Hubo momentos desoladores en donde el paciente agónico prácticamente perdió el derecho a tener la cercanía de su familia, y en los peores casos, los cuerpos de las personas fallecidas tampoco recibieron atención post morten. Así, lamentablemente en varios lugares, dichos cuerpos incluso se convirtieron en un acúmulo olvidado de basura, que nadie quería recoger, negándoles a las familias la posibilidad de acercamiento a su ser querido, aumentando el sufrimiento de soledad y desamparo sin que nadie les pueda fortalecer en estos momentos dolorosos.


Por tanto, junto con el virus ha proliferado el miedo, la ansiedad y la incertidumbre demandando así la importancia de retomar o centrar mejores prácticas alrededor de la comunicación, empatía y compasión. Frente a ello, el desafío del equipo de salud y particularmente de enfermería será no deshumanizarse en esta pandemia y brindar un cuidado holístico, sobre la base de los pilares de la Bioética, del respeto a la dignidad del ser humano y desde una perspectiva de respeto a sus derechos.


Frente a esta dura realidad surgen varias circunstancias que deben ser consideradas:


Importancia del cuidado: El objeto de la profesión de enfermería es el cuidado. En ese sentido el Consejo Internacional de Enfermería (CIE) enfatiza que la responsabilidad profesional primordial de la enfermera será con las personas que necesiten cuidados de enfermería, pero, al mismo tiempo, recalca que la enfermera mantendrá un nivel de salud personal que no comprometa su capacidad para dispensar cuidados. En estas condiciones especiales de la pandemia, estos dos principios entran en gran conflicto. Pero el único riesgo no es solo el infectarse, se deben contemplar los riesgos provenientes de jornadas laborales extendidas, la angustia psicológica por miedo a infectarse y contagiar a sus familias, miedo inminente a la muerte, la fatiga, el estrés emocional, el estigma. Muchos de ellos afectan a la salud física y mental del profesional de enfermería.


Cuidados de calidad, priorización de recursos y maximización de su utilidad: Como consecuencia de una crisis sanitaria, los escasos recursos para trabajar pueden poner al personal de enfermería en situación de tener que decidir a qué paciente se prioriza en ofertar los cuidados. Esas decisiones pueden resultar realmente complicadas, evidenciando una situación que bajo ninguna circunstancia debería darse: la priorización de un recurso que no alcanza para todos, además del enorme incremento de ingresos en las UCIS que determinó un drástico aumento de la cobertura de pacientes por profesional de enfermería.


La pandemia actual colapsa los sistemas de salud, las carencias no se limitan solo a unidades específicas, alcanza a todo el sistema y repercute en la asistencia y los cuidados de pacientes con otras enfermedades y otros requerimientos. La insuficiencia de recursos exige un reparto equitativo, primando las urgencias vitales, pero sin descuidar otras graves situaciones que si no reciben la atención requerida, pueden determinar condiciones irreversibles y la muerte.


Importancia del autocuidado: Como en pandemias anteriores, el profesional de enfermería comanda la primera línea y se convierte en un baluarte del sistema de salud tanto por razones de justicia sanitaria como de utilidad general. Por lo tanto, resulta prioritario velar por su cuidado: la enfermera tiene el deber de cuidarse, y el sistema de salud el deber de cuidarla, para que no enferme y para que se recupere lo más pronto posible si se infectó.


El deber de autocuidado incluye el descanso físico y psíquico, así como la resiliencia moral y emocional. Evidentemente ese cuidado no es responsabilidad exclusiva de la enfermera. Más aún, en estos contextos la administración sanitaria tiene una responsabilidad reforzada de procurarlo.


Dentro del deber de cuidar, se puede resaltar:

- Rechazo de toda discriminación o estigmatización a las enfermeras por parte de la población que las ven como una amenaza para su salud. La misma enfermera que es aplaudida por ayudar a salvar vidas, es rechazada por sus vecinos como posible agente infeccioso. En hora buena en nuestra realidad no han sido muy frecuentes estas situaciones, pero se vuelve prioritario promover una educación colectiva que deshaga prejuicios fundados en el desconocimiento.

- Apoyo ético. En las circunstancias actuales es inevitable que surjan variados problemas éticos en donde estén inmersos profesionales de enfermería, que pueden generar angustia y dificultar el desarrollo de la actividad profesional diaria en condiciones adecuadas. Se vuelve indispensable generar un trabajo permanente de los comités de ética asistencial para tratar sobre los casos difíciles que se presenten, y para comentar las inquietudes éticas que se le planteen a cada uno, recordando que su rol es asesor y no tienen facultad decisoria.


Defensa de los derechos del paciente: En esta pandemia pudo ser necesario limitar el ejercicio de los derechos, sin querer decir de ninguna forma que desaparezcan. Se suele entender que el profesional de enfermería es uno de los principales defensores de los derechos del paciente y, en las circunstancias presentes, debe seguir siendo así. Por mucho que el sistema esté completamente desbordado en un momento determinado, siempre se debe garantizar al paciente que no será abandonado, que se respetarán su dignidad y derechos, y que recibirá los cuidados que requiera en el marco de la realidad actual. Se subrayan derechos como al acompañamiento, la asistencia espiritual, respeto a la intimidad, a recibir cuidados holísticos y humanizados.


Humanización de la atención de salud hacia el final de la vida en medio de la pandemia: Acompañamiento y ayuda espiritual son dos expresiones fundamentales de una asistencia humanizada. El ser humano no tiene como fin último de su existencia la mera supervivencia, sino disfrutar de una vida plena con sentido. La compañía en la enfermedad, y especialmente en la muerte, así como la asistencia espiritual son dos aspectos relevantes que no se debería negar a la persona.


En este contexto cuando el desenlace ha sido la muerte, se experimentan durísimas experiencias, pues al conocer que el cadáver de una persona con el virus continúa contagiando, no pueden ser despedidos, ni velados y se sugiere la cremación, obligando incluso a modificar exigencias y creencias religiosas. Entonces se vuelve tan necesario que la atención en los momentos finales de su vida sea con la mayor calidad asistencial y humana posible, que, en concordancia con los preceptos de los cuidados paliativos, incluyen criterios de atención psicológica, emocional, espiritual, y de acompañamiento familiar, pues todos ellos contribuirán a evitar duelos patológicos y al agravamiento de las situaciones de vulnerabilidad.


Frente a toda esta realidad es donde la bioética cobra su importancia, recordándonos la parte más humana de nuestra profesión. La pandemia por la COVID 19 a nivel mundial cambió la realidad y expuso toda una serie de problemáticas económicas, sociales y por sobre todo sanitarias que involucraron a la población en general sin importar su condición, profesión y credo. Ningún país estuvo preparado para afrontarla priorizando a la persona como centro de la atención. Surgen una serie de eventos de controversia entre ética y economía, se evidencia cada día más corrupción y gasto de dinero y la ausencia de capital moral de quienes lo administran, más hambre, desempleo, pobreza y delincuencia.


Desde la bioética principialista se analiza brevemente sus cuatro principios:

PRINCIPIO DE AUTONOMÍA

Se ha visto afectada la capacidad de decidir con libertad y autonomía, no es posible la participación del paciente crítico para la toma de decisiones y tampoco en esta época de pandemia los familiares han podido aportar mucho. Durante la hospitalización la familia no ha podido ver a sus pacientes y peor aún han podido acompañarlos en sus periodos de agonía y muerte.


PRINCIPIO DE NO-MALEFICENCIA

Han surgido muchos dilemas con el encarnizamiento o ensañamiento terapéutico al emplear ciertos tratamientos invasivos o hasta medidas heroicas fútiles. El reto ha sido asegurarse de no causar daño intencional a nadie. Además, se ha tenido que reconocer cuanto dolor ha surgido derivado del aislamiento y la cuarentena, debiendo prestar especial atención a la violencia intrafamiliar, al estrés y al abandono de actitudes saludables


PRINCIPIO DE BENEFICENCIA

Surgieron varios dilemas al proporcionar o no pruebas diagnósticas, discontinuidad asistencial en pacientes crónicos. Se evidenciaron circunstancias difíciles como no tener acceso a tratamientos, afectación de controles periódicos, ajustes de medicación, teniendo en cuenta que la gran mayoría son pacientes frágiles que requerirían seguimiento y tratamiento continuo de otras patologías. También se ha visto que muchos pacientes con patologías agudas y graves no han podido asistir a sus consultas de especialidad pese a requerirlo, por miedo y por la dificultad actual para llegar al sistema sanitario público y hasta privado.


PRINCIPIO DE JUSTICIA

Se ha evidenciado dilemas para distribuir la poca asignación de recursos, mal manejo de los mismos y una política sanitaria que no ha logrado responder a esta circunstancia de pandemia, corrupción a todo nivel.


Para concluir quisiera resaltar la labor del personal de enfermería, quienes con gran profesionalismo, creatividad, compromiso y perseverancia continúan estando en la primera línea brindando cuidados integrales y holísticos a los enfermos afectados por esta terrible enfermedad, como también a aquellos profesionales que hoy se encuentran desarrollando acciones educativas, promoviendo prácticas saludables e implementando intervenciones sanitarias en el ámbito de la prevención y control de la propagación de la enfermedad en la comunidad, brindando atención a las familias de las personas enfermas/fallecidas y a miembros de grupos vulnerables. Como docente de enfermería señalo además la necesidad de actualizar nuestras mallas curriculares, ajustando a nuevas competencias profesionales y reforzando el liderazgo en nuestra práctica de enfermería.


Finalmente quisiera expresar un saludo afectuoso y de reconocimiento a los profesionales de enfermería en su día, en donde se debe relievar su trabajo y la necesidad de contar con más enfermeras en el mundo, también en puestos de gestión y liderazgo, avaladas por su formación profesional científica, técnica y humana como también por el desempeño trascendental demostrado durante esta pandemia.


Referencias


https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s1726-569x2018000100039 [ Links ]

https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s1132-12962020000100011 [ Links ]

https://revistas.javerianacali.edu.co/index.php/salutemscientiaspiritus/article/view/2290/2863 [ Links ]

https://amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=2683 [ Links ]

http://www.asociacionbioetica.com/imagenes/publicaciones/ficheros/publicacion-fichero-46.pdf [ Links ]

https://repositorio.cepal.org/handle/11362/45337 [ Links ]

http://assets.comitedebioetica.es/files/documentacion/CBE_Declaracion_sobre_acompanamiento_COVID19.pdf [ Links ]