¿Y sobre las neurosis obsesivas?

Actualizado: abr 1






Paul Ruano Nieto

Psicoanalista

Miembro del equipo de intervención del "Centro Ambulatorio de Salud Mental. ASLB"







Las neurosis obsesivas se presentan en la consulta de salud mental con mucha más

frecuencia de lo que se piensa. Uno de los principales problemas de estas neurosis, para su tratamiento, suele ser la complejidad de los síntomas que generalmente se expresan como pensamientos que escapan a la voluntad de quien los padece, pero que no suelen presentar evidencia de desconexión con la realidad.

Durante sus investigaciones sobre las neurosis, Freud puso énfasis en la forma de operar de la defensa psíquica como el factor diferencial entre la histeria y la neurosis obsesiva. Frente a una vivencia intolerable para el yo de la persona, que no tiene posibilidades de tramitación satisfactoria, traumática; la defensa actúa separando la representación (el recuerdo de la vivencia) del afecto que esta produce. En este punto, dicha representación puede ser afectada por la represión, que la desalojaría de los procesos de memoria y dejaría el afecto suelto, por decirlo de alguna manera. Esta forma de defensa es lo que habitualmente podemos encontrar en los fenómenos histéricos, en donde el afecto que había quedado desligado puede ubicarse en alguna zona del cuerpo que, conforme a las vivencias de la persona, se vincula de alguna manera con esta vivencia que ha sido olvidada, dando lugar a síntomas somáticos o conversivos.

En las neurosis obsesivas, la defensa operaría de igual manera, separando la representación del afecto, sin embargo, en lugar de que el recuerdo de la vivencia sea olvidado, permanecería en la memoria consciente, pero desinvestido totalmente de afecto; de manera que en el momento que, producto del trabajo de análisis, nos encontramos con él, el paciente suele referir que recuerda claramente ese episodio de su historia, pero le parecía que no tenía ninguna importancia hablar sobre eso.

Ante la pregunta sobre la causa de que la defensa opere de una manera u otra, se puede sospechar que esto se relaciona con el estado de maduración de la persona al momento de la vivencia traumática, pues para que el síntoma pretenda una forma de resolución (que es la función del síntoma) en el pensamiento, es necesario que el individuo haya desarrollado ya algunas herramientas cognitivas. En todo caso, lo más importante es que este desarrollo, permite también nuevas formas para intentar elaborar lo ocurrido, por eso se puede rastrear que después de la vivencia traumática inicial (vivencia primaria), la persona puede intentar reproducir esa misma vivencia, ya no siendo quien la recibe (de forma pasiva) sino quien la ejecuta (agente activo), lo que abre aun más posibilidades para el futuro desarrollo de la sintomatología.

Es necesario considerar esto porque permite comprender el por qué de uno de los rasgos más llamativos de las neurosis obsesivas, que es el intenso sentimiento de culpa alrededor del cual suelen girar muchos de los pensamientos mortificantes. Una puntualización más; y es que entender el síntoma como una formación sustitutiva de la representación original, permite identificar que, en muchos casos de histeria, se pretende (inconscientemente) satisfacer los elementos del conflicto, aun cuando sea de manera incompleta, lo cual suele dejar a la persona en un punto intermedio en el que no encuentra gratificación con ninguno. En las neurosis obsesivas, el conflicto también pretende ser resuelto, pero tomando a sus elementos por separado e intentando congraciarse con cada uno. Al ser un conflicto, estos elementos suelen ser opuestos, lo que muchas veces lleva al paciente a hacer algo (o pensarlo) que inmediatamente requiere de todo un plan para que quede cancelado, esto se puede evidenciar en los rituales obsesivos que pueden llegar a ser muy complejos y a primera vista, fuera de toda lógica. Alguna vez alguien en mi consulta me decía: “Un día estaba por beber algo y se me impuso la idea de que si tomaba el vaso con la mano izquierda, algo malo podría pasarle a mi amiga, entonces decidí que lo agarraría con la mano derecha, entre tanto, decidí servir otros vasos para las demás persona que estaban en la reunión y empecé a servirles uno por uno, cuidándome de no tocar los vasos con mis manos, en ese momento llevaba la charola con la mano derecha y un amigo tomó uno de los vasos y me lo ofreció para que bebiera, no podía dejar la charola y fue todo tan rápido que bebí agarrando el vaso con la mano izquierda. Acto seguido tuve que lavarme las manos por un rato largo”. Relatos en este estilo, suelen ser la mayor dificultad para el tratamiento, pues al tratar de encontrar la causa del malestar en algo tan (en apariencia) absurdo, se puede quedar fácilmente desorientado e impotente, principalmente porque tendemos a tratar de comprenderlo desde nuestra “lógica personal o profesional”, que muy poco puede llegar a afectar la lógica construida por los síntomas obsesivos. “En la neurosis obsesiva el síntoma se hace un cuerpo menos localizable en lo imaginario, pero de características tan estrafalarias que su contundencia muchas veces deja al sujeto sin poder hacer otra cosa que no sea contribuir con el mantenimiento de ese trastorno en el pensamiento o en la conducta, de esa ceremonia privada en que consiste el ritual obsesivo”. (Tolosa, 2019).

El tratamiento de las neurosis obsesivas presenta dificultades propias, adicionales a los que podemos ubicar en otros tipos de neurosis, principalmente porque muchos de sus rasgos característicos se muestran en principio, como “sin sentido” o que podrían resolverse con la mera comprensión de la persona de que así lo son, porque olvidamos que todo ese entramado de pensamiento y afecto, manifiesto en conductas, está cumpliendo una función que necesita ser expuesta y reelaborada. Sin embargo, es posible obtener resultados en vías de la reducción del padecimiento de quien consulta, una vez identificado algún elemento central de sus cavilaciones, el panorama empieza a ser más claro para quien dirige el tratamiento y sobre todo para quien consulta. “La regla quiere decir: vale la pena- “vale la pena” dice muy bien lo que quiere decir, es lo que yo llamé hace un momento: hay que sudar un poco –vale la pena errar a través de toda una serie de particularidades para que (…) algo singular no sea omitido”. (Lacan, 1975).


Referencias

· Castro, S. (2019). “Un penar estrafalario”. En: Nadie Duerma. Publicación digital del FARP, Nro. 4, “Los cuerpos del síntoma”. Disponible en: http://nadieduerma.com.ar/2014/numero/4/14/98/los-cuerpos-del-s-ntoma/un-penar-estrafalario.html

· Freud, S. (1896). “Obras completas, volumen 3, Primeros escritos psicoanalíticos, Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”. Amorrortu Editores. Buenos Aires- Argentina.

· Lacan, J. (1975). “Comentario del texto de A. Albert sobre el placer y la regla fundamental”. Inédito

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