Vacunas y transgénesis

Actualizado: oct 1




César Paz-y-Miño

Centro de investigación Genética y Genómica, Universidad UTE







El desarrollo de las vacunas contra el virus SARS-COV-2, realizado de manera rápida, con aprobaciones de emergencia, controles restringidos propios de la pandemia, entre otras observaciones, ha sido cuestionado desde un sector minoritario de la población. La mayor crítica que se hace a las vacunas obtenidas con tecnología de ingeniería genética es que son “transgénicas” o peor, que producirían “humanos transgénicos”.


Esta acusación surge de la vieja lucha antitrasgénica, iniciada cuando la tecnología que se utilizó para aplicarla en los llamados OGM (Organismos Genéticamente Modificados) era inmadura; mezclaba genes extraños con genes propios de una especie con la finalidad de conseguir un efecto prolongado y reproducible. Los más exitosos transgénicos, los más populares y los que más ataques generan son los transgénicos de los alimentos (soya, mail, arroz, frejol, canola, entre otros).


La acusación principal sobre estos productos ha sido que los genes que se introducen en estos alimentos pasan al torrente sanguíneo de las personas que se alimentan con ellos y se introducen en el genoma. Esto ha sido demostrado, hasta la saciedad, que no es verdad. Cualquier alimento que consumamos se degrada y libera ADN que al ser fragmentado, jamás se mezcla con el ADN del núcleo de una célula; no pasa, no puede pasar. Aun en condiciones controladas de un laboratorio, el obtener esta mezcla de materiales genéticos de dos especies, es muy complicado. El movimiento anti transgénicos hace mucha bulla, impacta, pero no tiene razón. Estos mismos conceptos obsoletos ahora quieren aplicar a las vacunas.


De manera poco objetiva, se acusa y se implica a las nuevas tecnologías genéticas como causantes de daño al material genético o ADN de las personas que serían vacunadas. Se argumenta que cualquier introducción de material genético extraño a la célula provocaría un cambio permanente e incluso heredable del ADN del vacunado. ¡No es verdad!


Transgénesis significa según la Real Academia de la Lengua Española: Adjetivo en Biología, aplicado a un organismo vivo que ha sido modificado mediante la adición de genes exógenos para lograr nuevas propiedades. Sin profundizar en la definición, una más científica dice que un transgénico es un organismo que ha sido concebido artificialmente mediante ingeniería genética con mezcla de ADN de otros organismos en sus genes; ninguna vacuna produce esto.


La definición es muy clara; en ambos casos se habla de “mezcla”. El SARS-COV-2 es un virus de ARN, es decir un intermediario entre el ADN y las proteínas. Este ARN comanda la producción de una de las proteínas trascendentes en la infección viral, la llamada proteína de espiga o S. Mediante esta proteína, el virus se une a la célula huésped y para ello usa una puerta de entrada, que son los receptores de membrana de la célula. Es como un complemento de llave y cerradura que debe encajar perfectamente. Una vez que el virus ingresa a la célula, específicamente al citoplasma de la célula, jamás al núcleo donde se encuentra el ADN, el virus se dirige a la fábrica de proteínas celular que son los Ribosomas, ahí el virus produce todas las proteínas y moléculas propias de él para el ensamblaje de nuevos virus y la salida de la célula para nuevos contagios. No hay contacto del ARN viral con el ADN celular.


Terminado su período de replicación viral, el virus desaparece del huésped (14 a 21 días de síntomas). El organismo humano reacciona a las proteínas virales extrañas creando en primera línea de batalla, anticuerpos o Inmunoglobulinas M; luego inicia la inmunidad celular y los linfocitos T (los Killer) degradan al virus identificado mediante los anticuerpos específicos y de larga duración Inmunoglobulinas G.


Este recuento es clave para entender que las vacunas fueron desarrolladas para evitar la entrada del virus a la célula y su reproducción y posteriores contagios. Con este propósito y aplicando los con