Un virus de incertidumbre






Paul Ruano Nieto

Psicoanalista

Miembro del equipo de intervención del "Centro Ambulatorio de Salud Mental. ASLB"






El mundo como lo conocemos, o como nos lo hemos construido, ha cambiado. La situación de pandemia mundial nos ha obligado a modificar radicalmente nuestro estilo de vida cotidiano y a encontrarnos frente a frente con una realidad que se impone, más allá de nuestras ideologías y creencias.

Uno de los fenómenos que podemos experimentar, se relaciona directamente con el papel de la ciencia en la subjetividad de quienes formamos la sociedad, pues las condiciones actuales nos sumergen, primeramente, en el miedo; un miedo difícil de comprender, pues al menos en los primeros momentos, podía parecer que en realidad no pasaba mucho más que la permanente modificación de datos estadísticos, que, sin embargo, empezaban a hacer colapsar a distintos países. Un miedo que responde a la imposibilidad de encontrar una respuesta clara por parte de la medicina, pues se enfrenta a un virus que se le presenta como desconocido.

El avance de la tecnología y las comunicaciones, ha permitido que sepamos las consecuencias de no actuar a tiempo y a su vez, que entremos en desesperación a causa de lo que no conocemos, a enfrentarnos a una realidad que no tiene garantías en el discurso, pues la ciencia también va enterándose día a día sobre algunos efectos, posibles formas de prevención, entre otras cosas.

Así vemos de qué manera, la estabilidad subjetiva está apoyada en el Otro, en ese discurso que nos garantice la realidad, que nos permite “saber” cómo funciona el mundo, que se vuelve seguro en la medida que podamos hablar de él, como decía Lacan en algún momento, “El decir hace que la verdad, sea” (Lacan, J. 1974).

Más allá de esto, vemos como es afectada la condición emocional de las personas, no solamente en lo que respecta al incremento o agudización de cuadros de ansiedad, depresión, crisis de angustia, etc. Sino en la forma de percibir e interpretar el presente, la incertidumbre hacia el futuro y la sospecha permanente de que la cotidianidad no pueda reestablecerse a su forma anterior. La controversia del psicoanálisis con la ciencia, ha tenido como una de sus características, defender la noción de que lo real se encuentra presente, sobrepasando todo el tiempo nuestra capacidad de comprenderlo y más aun de dominarlo. Lo que conocemos como realidad es una construcción interpretativa, que, gracias al lenguaje, nos permite sostener convenios sobre varios puntos, que pueden ser más o menos compartidos de manera general, pero como vemos, son frágiles ante la irrupción de eso real que existe, aunque no lo veamos, aunque nada podamos decir sobre eso.

Es claro que no se trata de un ataque al conocimiento científico, responsable además de gran parte de los avances que hemos alcanzado como especie, autor de grandes soluciones para los problemas de la humanidad; es más una declaración de que no todo es susceptible de su método, que su universalismo objetivo encuentra limitaciones, justamente en la singularidad de cada individuo e incluso de cada grupo comunitario.

Es llamativo observar, por cualquier medio, como en gran parte de la gente, la ansiedad es una forma de respuesta al tambaleo de su imaginario (la realidad como decíamos anteriormente) muchas veces a las idealizaciones que ha construido sobre ese imaginario, entendido como cierta “estabilidad” de las cosas; su trabajo, sus ingresos, sus actividades, sus formas de relación. Cómo el aislamiento empieza a dar cuenta de que mucho de lo que creíamos de nosotros mismos, puede no ser del todo cierto. La tendencia a decir que somos “solitarios” que disfrutamos de la soledad, que no necesitamos de fiestas, que somos bebedores sociales, todo parece ponerse a prueba y muchas veces, fracasa.

Como algo sorprendente del aparato psíquico, frente a la caída de sus idealizaciones, responde con otras nuevas, ahora la situación se ha convertido para muchos, en una oportunidad de reflexión, de cuidado personal, un momento perfecto para valorar lo que tenemos; por supuesto, de no ser así seríamos invadidos irremediablemente por la angustia. “El terror es una condición en la cual lo imaginario domina completamente la imaginación. Lo imaginario es la energía fósil de la mente colectiva, las imágenes que en ella la experiencia ha depositado, la limitación de lo imaginable. La imaginación es la energía renovable y desprejuiciada. No utopía, sino recombinación de los posibles”. (De franco, 2020).

Con este panorama, podemos hacer énfasis en la necesidad de ocuparnos de nuestra salud mental y emocional, asumirla como eso que está más allá de los problemas concretos de nuestro diario vivir, más allá de las dificultades económicas y políticas; no en lugar de aquello, sino como un antecedente adicional. Lamento si esto ha defraudado algunas expectativas de encontrar recomendaciones concretas, consejos psicológicos para realizar en casa o para “tranquilizar a la gente”, pero precisamente por lo expuesto, no podría responder de esa manera.

Referencias

· De Franco, B. (2020). “Crónica de un virus semiótico”. En: En el margen. Revista de psicoanálisis. Edición digital. Disponible en: https://enelmargen.com/author/helgafernan/.

· Freud, S. (1932 - 1936). “Obras completas, volumen 22, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis y otras obras, Sobre el por qué de la guerra”. Amorrortu Editores. Buenos Aires- Argentina.

· Lacan, J. (1974). “La tercera”. Inédito.

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