Nuevas generaciones

Actualizado: abr 1

A propósito del día del Médico


Jean Raad Antón


¿Cómo nos encuentra el 2020 a los médicos ecuatorianos? Pregunta intrigante que difícilmente puede prescindir de un análisis minucioso para responderla. El nuevo siglo sigue su curso, superados los primeros 20 años, las generaciones rápidamente avanzan en los tiempos de la modernidad actual y las circunstancias tecnológicas, así como con el entorno sanitario, que, por inercia, se modifica inevitablemente; las generaciones trazan senderos no siempre predecibles, sin embargo, la figura de Eugenio Espejo perdura en el tiempo.

El médico ecuatoriano es parte de una cohorte que incluye varias generaciones modernas, conviven al mismo tiempo con papeles diferentes a los otorgados tradicionalmente. La generación silenciosa, los baby boomer y las generaciones X, Y, Z, conforma un país en el cual el sistema sanitario ecuatoriano se muestra todavía atomizado esforzado, apenas lo suficiente, como para consolidar una realidad definible y estructurada.

La academia se mantiene aún lejos de la realidad del médico graduado y está mucho más lejos aún, de los estudiantes candidatos a la práctica de la profesión. Su historia centenaria ha experimentado modificaciones notables: el crecimiento es enorme en el sector privado que presiona con más fuerza a un sector público ralentizado. Sin embargo, tanto unos como otros realizan sus prácticas en el mismo sistema de asistencia pública y comparten con el privado, inclusive frecuentemente en doble empleo.

El mayor de los millennials —la etiqueta más frecuentemente aceptada — nació alrededor de 1982 y, en 2020, tiene 38 años, mientras que el menor nació en 1998 y tiene sólo 22. Trasladando a la edad de los médicos actuales y las conclusiones de estudios reciente, cerca del 36% de los galenos conforman el grupo de millennials. La edad promedio oscila entre los 28 años (residencia y posgrado). En el 2017 la población proyectada del país fue de 16,5 millones de habitantes. Cinco millones de millennials en el país. Sí, la mayoría de estudiantes y de médicos ecuatorianos se encuentre en este grupo generacional. En Los últimos 12 años se incrementó el número de empleados públicos laborando en el MSP/IESS, concomitantemente creció el sector privado (alimentado también por encargo del público) sucesos que impactaron la demanda asistencial.

Predominaron los nuevos empleos en millennials, grupo habitualmente con mayores estudios, mejor poder adquisitivo, totalmente conectado, uso masivo de teléfono inteligente, en ellos la tecnología está presente en el día a día y les permite estar conectados de forma constante, acceden cotidianamente a la información médica. Ellos son los que atienden a la generación silenciosa y a los baby boomer, en la academia, sin embargo, todavía predominan los profesores mayores y existen evidencias inequívocas que los avances de la tecnología crecen lentamente, particularmente en la universidad pública.

Esta realidad se desarrolla bajo la perspectiva del sistema nacional de salud, implementando desde hace cuatro décadas con escaso éxito; los actores muestran una franca sumisión a los determinantes del mando y a las autoridades, últimamente más acentuado, alejadas de su propia generación y a causa de la intensa centralización de las actividades profesionales: complejas marañas administrativas que convierten al médico en un burócrata más sometido en sus obligaciones a la regulación interna, absurdos trámites que se cumplen a pie juntillas con mansedumbre, protocolos, prohibiciones, regulaciones, guías, acuerdos, normas que abundan y redundan trabando la eficiencia.

La amenaza de la auditoría y la multiplicidad de controles obliga al cumplimiento de protocolos aprobados en otros lares y apegados a los intereses de una supuesta MBE (medicina basada en evidencia), práctica ligado a su vez al mercadeo de la industria y el comercio. Contrario al espíritu propio de un millennial, es, sin embargo, fuente de obsecuente actitud frente al humanismo indispensable que el arte de la medicina exige. El sistema se difumina en medio de aplicaciones oscuras, intereses particulares y la politiquería.

Llevan ocho años de intentar consolidar el sistema y cada día se ve más lejana su aplicación.

Otro actor importante, el gremio, se pierde en la lontananza. La eliminación de la obligatoriedad de registro para los profesionales los deja fuera de juego, no hay sustento económico y termina por ser un adorno de utilización política para el gobierno de turno; más aún, en esos años se generaron alternativas de organización social con claros tintes político partidistas. Cierra el sombrío panorama, la sustitución de las sociedades científicas gremiales en aspectos de educación continua sustituidos por la industria, todos aprietan con tenazas el complemento de educación libre y continua.

El día del médico festeja a una generación predominante, no bien conformada en nuestro país, que está ocupada y con trabajo bastante mejor remunerado, atrapada en un sistema orgánico débil y difuminado. No genera una expectativa a corto plazo por la enorme influencia de la presunta revolución ciudadana ahora difuminada entre grilletes y juicios, desesperada por retomar un poder abusivo y execrable.

No son del todo malas noticias si se levantan los millennials y se aproximan al lado positivo que les corresponde para impulsar lo que los baby boomers no supimos concretar.

Quito 27 febrero del 2020

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