Migraciones

Actualizado: 1 sept





Karina Nicolalde

Psicóloga Clínica

Foro Analítico del Campo Lacaniano- Ecuador (En formación)




Los seres humanos se mueven, de un lugar a otro, de una casa a otra, de un trabajo a otro, una ciudad, un país y una frontera, se nace en un lugar, se adquieren características de los padres, de los abuelos y del entorno, la forma de hablar, el acento, las actividades y modos de vida que probablemente no se cuestionan hasta que se conocen unos modos nuevos.


En el trayecto se puede preguntar ¿Quién soy yo y quién es el otro? ¿Qué define una comunidad de otra? ¿Qué las separa y las hace distintas?


Dentro de las migraciones, existen historias que muy pocas veces se cuentan porque se viven, se experimentan y existe muy poco tiempo para reflexionar entre la nostalgia y la extrañeza que transcurre la vida, me pregunto si realmente hay espacio para escuchar.


Existen diferentes tipos de migraciones, así como diferentes tipos de adaptaciones. Dentro de estas categorías están las temporarias o permanentes, cercanas o lejanas al país de origen, y si es voluntaria o forzada (Grinberg & Grinberg, 1982). Se establecerá la migración forzada como una de ellas, donde la decisión de migrar viene dada por la evitación de la inminente muerte, condiciones que dificultan la vida como la imposibilidad de acceso a medicinas, alimentación adecuada y a servicios básicos son algunas de las razones por las cuales las personas no eligen migrar como primera opción sino evitar lo implacable de la muerte o un perpetuo sufrimiento cotidiano.


Entonces, se consideran tres momentos diferentes para la migración, el primero, la incomodidad y cuestionamiento acerca de las condiciones de vida, más aún en el caso de que, no solo la inexistencia de condiciones de vida adecuados sino también cuando la persona y su familia han sido amenazadas por grupos armados, razón por la cual deben dejar su ciudad natal y migrar. La segunda, el momento del trayecto y la travesía con un grado distinto de peligro dependiendo de los recursos, ya que se puede caminar o ir en algún transporte hasta llegar a la frontera y seguir con el camino. Finalmente, la llegada a un lugar desconocido en el que pueden estar solos o haber familiares que los esperen en una ciudad desconocida, plazas, parques y calles que no han sido vistas anteriormente.


En el momento del trayecto, el estrés de pasar por “trocha” que son caminos irregulares por los cuales las personas pasan con el miedo de encontrar algún peligro en el camino, llegan a una ciudad en la que los puede recibir con amabilidad o amenaza y dependiendo de esa percepción de seguridad que las personas sientan al encontrarse en otro lugar diferente al que nacieron o crecieron, se determinará gran parte de la adaptación de la persona y su familia al nuevo contexto, así como también dependerá de sus recursos psíquicos orientados a la transformación y al cambio. Según Oberg el choque cultural es un estado de ansiedad que resulta de la pérdida de todo referente y símbolo que conocemos para realizar la interacción social, aun considerando al mismo como parte del proceso de adaptación (Kobashi, 2015).


Después de haber escuchado un poco más de un año a varias personas que migran puedo rescatar que algunos de sus sufrimientos más grandes son el desarraigo de su tierra, en la mayoría de los casos con la esperanza de volver. Aunque no todo es malo, también he descubierto aquello que les hace sentir en comunidad, es decir, hacer de un lugar físico una oportunidad de construir nuevos vínculos, es por ello que es importante la construcción de espacios para generar lazos sociales y redes de apoyo, “hablando de sus experiencias migratorias, los migrantes pudieron pasar de las emociones y ansiedades a las palabras, proceso que representa la continuación del camino hacia la simbolización, estadío que puede sólo ser alcanzado si existe la posibilidad de elaboración de duelos” (Fierro, 2006).


Según Achotegui existen duelos básicos en 7 áreas: familia y amigos, lengua, cultura, tierra, estatus social, contacto con el grupo nacional y los riesgos físicos (Achotegui, 2006). Entre las tristezas más grandes que puede enfrentar una persona migrante es la idea de muerte de un familiar cercano que se encuentra en su país de origen, especialmente de personas adultas mayores como padres o abuelos, la idea de no poder compartir más tiempo juntos por la imposibilidad de trasladarse y acompañar físicamente en el sepelio inunda de tristeza a los migrantes.


Finalmente, el país de acogida será también un factor de riesgo o de prevención de enfermedades mentales tanto para los migrantes como para los habitantes locales, ya que ambas culturas se transforman a los modos de vida de cada persona, adoptando nuevas tradiciones, ingredientes y tonos de voz. Según Grinberg en cuanto al nuevo entorno, puede recibir al recién llegado como intruso, con rechazo y desconfianza, o con grados variables de aceptación y esperanza. El inmigrante, frente a ellos, pondrá en juego sus posibilidades de lo que se ha llamado «adaptación», «ajuste» o «integración» (Grinberg & Grinberg, 1982)


Al conocer parte de las implicaciones subjetivas que sufre una persona que migra también podemos encontrar factores de protección que facilitan su adaptación al nuevo entorno. Según Grinberg el bienestar subjetivo se puede mejorar por la capacidad de elaboración de las ansiedades y de los sentimientos de desarraigo y pérdida cuando pueden ser escuchados y acompañados por los otros que han atravesado y están pasando por la misma situación (Grinberg & Grinberg, 1982).


Se puede concluir mencionando que la migración implica un movimiento no solo físico sino también psíquico, el atravesamiento de una frontera implica la posibilidad de un cambio positivo o negativo que no solo depende de los recursos psíquicos internos de cada persona sino también de los recursos sociales del país de acogida, el trayecto y la adaptación de cada persona se pondrá en juego a partir de las preguntas de quién soy yo en relación a descubrir también quién es el otro, cuales son sus costumbres y las diferencias que los definen pero que también los unen.


Referencias


  • Achotegui, J. (2006). ESTRÉS LÍMITE Y SALUD MENTAL: EL SÍNDROME DEL INMIGRANTE CON ESTRÉS CRÓNICO Y MÚLTIPLE (SÍNDROME DE ULISES). Barcelona: Migraciones.

  • Fierro, L. (2006). EL GRUPO DE REFLEXIÓN CON MIGRANTES: UN MODO DE INVESTIGACIÓN EN PSICOANÁLISIS ACERCA DE LA EXPERIENCIA MIGRATORIA. Buenos Aires: REMHU – Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana.

  • Grinberg, L., & Grinberg, R. (1982). Psicoanálisis de la migración y del exilio. Madrid: Alianza.

  • Kobashi, S. (2015). Competencia intercultural y choque cultural: Adaptación a una cultura nueva y sus dificultades. Madrid: Universidad complutense de Madrid.











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