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LA VITAMINA D; NUTRIENTE Y HORMONA






Dr. Mario Acosta Rodríguez

Endocrinólogo






La Vitamina D es un nutriente, pero sobre todo una hormona, que ingresa a nuestro organismo con los alimentos, pero también que se produce en la piel por efecto de los rayos ultravioleta de luz solar. Como nutriente la vitamina D proviene de productos vegetales en forma de ergocalciferol o vitamina D2 o de animales en la forma de colecalciferol o vitamina D3. Adicionalmente la radiación ultravioleta B (UVB) con una longitud de onda de 290 a 315 nm, convierte el 7-dehidrocolesterol en la piel en previtamina D que se isomeriza y se convierte en vitamina D1. Estas provitaminas D son trasformadas en hormona activa para lo cual deben pasar dos hidroxilaciones una primera en el hígado que le transforma en 250HD y una segunda en el riñón que permite la transformación en la forma activa 1,25(OH)2D3 o calcitriol.


La vitamina D es un nutriente y hormona esencial para el mantenimiento de la homeostasis del calcio y la salud ósea. En niños y adultos su deficiencia lleva, en casos graves, a una pobre mineralización de la matriz esquelética con graves deformidades y en todos los casos aumenta el riesgo de fracturas. Pero la vitamina D y su deficiencia también se ha relacionado con incrementos en hipertensión arterial, la diabetes mellitus, síndrome metabólico, ciertos tipos de cáncer, enfermedades autoinmunes e infecciosas e incluso problemas neurológicos y psiquatricos, trastornos todos que constituyen los principales problemas de salud pública en el mundo.


La deficiencia de vitamina D puede ser resultado de una exposición inadecuada a la luz solar; deficiencia de ingesta, malabsorción; uso de medicamentos, situaciones fisiológicas como el embarazo o patológicas como obesidad, osteoporosis, diabetes mellitus, enfermedades reumáticas, hepáticas, renales, neurológicas y hematológicas.


Para algunos autores, aproximadamente mil millones de personas podrían tener niveles bajos de vitamina D con mayor afectación en lactantes, niños, mujeres embarazadas y ancianos. Incluso se ha reportado una alta prevalencia en países con latitudes bajas, donde se suponía que la radiación UVB era lo suficientemente adecuada para prevenir la deficiencia de vitamina D. Sin embargo, las prevalencias reportadas son extremadamente variables, existiendo diferencias abismales, como los 3% en Argentina y 86% en Irán en lactantes, los 95% de Afganistán y 10% en Colombia en niños o los 32% en adultos de Bangladesh y 2 % en México.


Pero que explica estas discrepancias; por un lado, las diferencias socioeconómicas; los niveles más altos se presentan en países y regiones de pobreza y desnutrición elevada en las que la deficiencia de vitamina D es solo una más de las deficiencias nutricionales que constituyen la catástrofe de la malnutrición crónica. La malnutrición explica también que las mayores prevalencias se presenten en los lactantes, niños, mujeres embarazadas y ancianos, grupos poblacionales en que constituye una catástrofe social y de salud. pero también están los períodos de estudio, (invierno o verano), y las poblaciones analizadas, sanas o enfermas, activas o institucionalizadas, etc


Uno de los factores básicos a tomar en cuenta es el criterio diagnóstico, no es lo mismo niveles deficientes <30 nmol/l (12 ng/mL) que insuficientes <50 nmol/l (<20 ng/mL) o bajos <75 nmol/l (30 ng/mL). Un ejemplo de ello son las prevalencias en niños de Iran 3%, 36% o 80% o en México 2%, 10%, 32% según los grados alteración.


En Ecuador existen pocos datos de deficiencia de vitamina D. Un estudio de Sempertegui F y col en 2017, en niños, encontró 35% de deficiencia y 46% de insuficiencia de vitamina D, hay que señalar que 68% de los niños sufrían de desnutrición crónica. Un estudio realizado en adultos, que permanecían toda su jornada laboral dentro de sus oficinas o áreas de trabajo sin exposición al sol, reportó que 76 % de las personas tenían niveles inferiores a 30 ng/ml de vitamina D25OH (Robles-Rodríguez y col 2022), prevalencias similares se reportaron en Guayaquil, (70 %) en ancianos institucionalizados (Del Brutto OH y coll 2015).


Las discrepancias metodológicas de los estudios seguramente explican las discrepancias epidemiológicas. Es por esto que muy pocos países han implementado programas de detección y suplementación de vitamina D a nivel poblacional. En este punto suscribimos la opinión del Rector de la UCE Fernando Sempertegui sobre la urgente necesidad de estudios poblacionales metodológicamente bien realizados para analizar la problemática.


En cambio, por su importancia clínica no hay duda en la necesidad de realizar una búsqueda activa de detección de deficiencia de Vitamina D y emprender su tratamiento en personas con alto riesgo. Las evidencias de efectos positivos con incluso disminución de la mortalidad son muy importantes


En una siguiente entrega enfocaremos los aspectos de detección y manejo de la deficiencia de Vitamina D.

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