La reivindicación de las bacterias

Actualizado: ene 2







Ramiro Salazar Irigoyen

Médico Patólogo Clínico








La micro biota intestinal (antes denominada flora intestinal) es la población de bacterias no patógenas que vive como huésped en nuestro intestino. Son miles de especies diferentes y puede llegar a pesar hasta unos 2 kg.


Un tercio de la micro biota es similar entre diferentes personas, pero los otros dos tercios son específicos de cada persona.


Este conjunto bacteriano se localiza principalmente en el tracto digestivo y su composición depende de múltiples factores: genes, dieta y fármacos principalmente.

Las diferentes especies microbianas que residen en nuestro organismo hoy se han podido identificar mediante el análisis de una pequeña secuencia del genoma de las bacterias que ocupan el tracto intestinal. De esta manera se ha establecido que el 90% de las bacterias del colon pertenecen sólo a dos tipos filogenéticos: Firmicutes y Bacteroidetes.

Algunos términos que parecen similares marcan diferencias importantes para entender el tema.

  • Microbiota: microbios encontrados dentro de un entorno específico

  • Microbioma: colección de genomas microbianos en un entorno

  • Metagenoma : genoma de la microbiota.

  • Disbiosis: desequilibrio en la concentración de bacterias intestinales

Principales causas de disbiosis:

  • Efecto de ciertos medicamentos (especialmente antibióticos)

  • Estrés

  • Ingesta de lácteos y sus derivados

  • Exceso de proteínas y azúcares simples en la dieta

  • Malos hábitos en la nutrición

  • Agentes contaminantes

Pero según Rafael Llorach, PhD del Nutrition & Food Science Department, Nutritional and Food Metabolomic Group de la Universidad de Barcelona, habrían otras causas de disbiosis por prácticas médicas rutinarias de los últimos años que habrían condicionado un cambio en la microbiota no solo intestinal, como son:

  • Incremento de la cesárea: Disminución de la transmisión vaginal

  • Uso de antibióticos en pre término: Disminución de la transmisión vaginal

  • Reducción de la lactancia: Disminución de transmisión cutánea

  • Familias pequeñas: Disminución de contaminación temprana

  • Aumento de aseo y jabones antibacterianos: Cambios en microbiota

Hoy se considera que la microbiota intestinal es imprescindible para la vida humana ya que actúa en el procesamiento de los alimentos, interactúa con el sistema inmunológico, participa del metabolismo, entre muchas otras funciones importantes.

En los últimos años se ha establecido el papel crucial de la microbiota en el sistema hormonal, pero sobretodo en la relación eje intestino-cerebro.


El 70% de las neuronas que están fuera de nuestro cerebro se encuentran en el intestino y su funcionamiento está influenciado por nuestras bacterias intestinales, a través del sistema del nervio vago.


Con este conocimiento, en los últimos años la investigación de las enfermedades neurodegenerativas ha tomado un giro debido a que se ha encontrado un sistema de comunicación neuro-humoral conocido como el eje del intestino-cerebro, que integra el intestino del huésped y las actividades del cerebro de modo bidireccional, a través del sistema sanguíneo y sistema nervioso entérico, se cree que la comunicación se produce a través de tres vías: el nervio vago, la vía sistémica (mediante la liberación de hormonas, metabolitos y neurotransmisores) y el sistema inmune (por la acción de las citocinas). A través de terminaciones de astrocitos en los límites de la barrera intestinal, se comunicaría con el resto del sistema nervioso. El cerebro a su vez, entre otras múltiples funciones, controla el funcionamiento del organismo como la conducta y las funciones emocionales y cognitivas. El sustrato fisiológico de la comunicación entre las neuronas es la neurotransmisión, lo que implica la producción y liberación de manera precisa de sustancias químicas que se unen a un receptor durante tiempo limitado


En la actualidad se realizan varios estudios que relacionan una microbiota intestinal alterada con varios trastornos: encefalopatía hepática, ansiedad, autismo, colon irritable, pero sobretodo enfermedades neurodegenerativas.


En estas enfermedades se ha establecido una disbiosis que generaría cambios en la motilidad gastrointestinal, afectación de las secreciones e hipersensibilidad visceral que se va a manifestar con alteración de las células neuroendocrinas y las del sistema inmune, modificando la liberación de neurotransmisores, lo que se podría traducir en las diferentes manifestaciones neurológicas.


Se conoce que las neurohormonas: serotonina, catecolaminas y dopamina se liberan desde las células neuroendocrinas del intestino y actúan, directa e indirectamente, en la modulación del comportamiento.


La serotonina producida en un 90% en el intestino está regulada por la microbiota y si bien es cierto que no atraviesa la barrera hematoencefálica, la interconexión es de manera indirecta.

La síntesis de dopamina también se ve favorecida por la acción de la microbiota. Algunos estudios relacionan, en ratones, la ausencia de microbiota con menor cantidad de dopamina, por lo que hoy se estudia la relación microbiota con la enfermedad de Parkinson.

Las disbiosis también afectaría al eje hipotálamo-pituitario-adrenal, regulando la liberación de cortisol. En la actualidad existen estudios que demuestran que niveles normales o altos de Lactobacillus rhamnosus (integrante de la microbiota normal intestinal) se correlacionan con la producción de menores niveles de corticosterona y consecuentemente mejor control del estrés, menor depresión y menor liberación de citocinas inflamatorias.

La microbiota también participa en la generación de GABA, del factor neurotrófico derivado del cerebro y de otras moléculas necesarias para el correcto funcionamiento del sistema nervioso central. Cuando se produce una disbiosis se alteran las concentraciones de estas moléculas y podría ser la causa de la aparición de trastornos del comportamiento, enfermedad de Alzheimer o autismo.

Un grupo de científicos dirigidos por Frida Fåk Hållenius y la estudiante de doctorado Nittaya Marungruang, ambos del Food for Health Science Center de Lund, y un grupo de investigación en la Ecole Polytechnique Federale de Lausanne en Suiza, han descubierto el vínculo entre las bacterias intestinales y la aceleración en la enfermedad de Alzheimer.

Los científicos utilizaron a ratones enfermos con patología equivalente a Alzheimer y encontraron que estos tienen una microbiota distinta a los ratones sanos y probaron que los ratones sin bacterias intestinales tenían una cantidad significativamente menor de placa beta-amiloide en el cerebro (las placas beta-amiloides son los bultos que se forman en las fibras nerviosas en casos de enfermedad de Alzheimer). Para demostrar aún más el vínculo entre las bacterias y la enfermedad las investigadoras transfirieron bacterias intestinales de ratones enfermos a ratones sin bacterias intestinales y descubrieron que estos ratones desarrollaron más placa beta-amiloide en el cerebro en comparación con los que si habían recibido bacterias de ratones sanos.

Muchos autores como Kang DAE-Wook, James B. Adams et.al. en un trabajo relacionado con Microbiota: ecosistema intestinal y los síntomas del autismo: un estudio open-label, han estudiado los ahora denominados “Trastornos del espectro autista (TEA)”, reconocidos como desordenes neurobiológicos complejos que deterioran la comunicación e interacciones sociales y conducen a patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Las causas del TEA aún son mal entendidas, pero recientemente se han asociado problemas gastrointestinales (estreñimiento o diarreas) que a menudo sufren los pacientes con TEA con probables desórdenes de la microbiota intestinal.

La terapia de transferencia de microbiota (MTT) con un tratamiento con antibióticos por 2 semanas, para “limpiar” el intestino, seguido de un trasplante de microbiota fecal prolongada (FMT) usando una alta dosis inicial seguido por dosis de mantenimiento diario por 7 – 8 semanas, demostraron una mejora en los síntomas gastrointestinales y síntomas conductuales.

En nuestro País, algunos autores han abonado a la investigación con aportes muy interesantes como los propuestos por Ruth Pamela Vasquez Palacios, Dr. Manuel Baldeón y el Dr. Marco Fornasini, entre otros, que indican que “la presencia de parásitos intestinales provoca una respuesta inmune caracterizada por la secreción de inmunoglobulinas y moco que alteran el medio ambiente del tracto digestivo, que podría llevar a alteraciones de la composición de la microbiota” en la Tesis evaluación de la microbiota en niños con parasitosis intestinal Universidad San Francisco de Quito Colegio de Ciencias de la Salud

Es más, algunos autores se adelantan a sugerir tratamientos, considerando la relación microbiota-enfermedades neurodegenerativas, así es como Campbell y Enck, sugieren manipular el ecosistema intestinal, a fin de modificar las funciones cerebrales: “Algunas de estas manipulaciones podrían efectuarse mediante probióticos, prebióticos o simbióticos, una combinación de probióticos y prebióticos. El término “psicobiótico” (la próxima generación de probióticos), ha sido acuñado para describir la forma en que esas manipulaciones pueden afectar al cerebro.

Pero no solo la microbiota intestinal alterada sería causa de trastornos sistémicos, también las ausencias de microorganismos saprofitos al nacer podrían relacionarse con patologías sistémicas La creciente incidencia de diabetes tipo 1 y otras enfermedades autoinmunes y alérgicas en la infancia en los tiempos modernos, sería el resultado de la ausencia o disminución de Bifidobacterium y específicamente de Bifidobacterium longum subsp. Infantil (B. infantis) en la microbiota intestinal de lactantes nacidos por césarea.

En los últimos años se ha especulado y se han iniciado investigaciones para estudiar la relación de diabetes con mecanismos que relacionan la alteración de la microbiota con la aparición de insulinorresistencia y diabetes como podrían ser:

  • Cambios en la permeabilidad intestinal

  • endotoxemia

  • sensibilidad a la leptina (hormona reguladora del depósito graso) y la absorción de alimentos.

  • efectos asociados al uso de fármacos como la metformina.

Estamos comenzando a comprender la importancia de la microbiota, es decir la importancia de tener microorganismos no patógenos en nuestro organismo, que influyen no solo en el metabolismo, la inmunidad, sino que pueden hasta determinar nuestra personalidad.


Pero “serán necesarios nuevos estudios para dejar atrás las asociaciones simples” según Cani, añadiendo que las asociaciones simples, como que ciertas bacterias son beneficiosas porque tienen un papel concreto, o dañinas porque son las causantes de una enfermedad determinada, podrían inducirnos a error, o lo que es peor, podrían sobrestimarse los resultados esperados a la hora de trasponerlos al contexto humano.

En el caso de las enfermedades neurodegenerativas, es necesaria más investigación para correlacionar disbiosis con trastornos neurológicos. Para esto es primordial el análisis ARN ribosomal 16s para el estudio filogenético de las bacterias, que ayudará a relacionar entre microrganismos y las patologías.

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