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El ciclo menstrual, embarazo y menopausia influencian la glucemia

hace 3 horas
6 min de lectura

La Dra. Susanne Reger-Tan, directora de la Clinic for Diabetology and Endocrinology,

Heart and Diabetes Center (HDZ NRW) en Bad Oeynhausen, Renania del Norte-Westfalia,

Alemania, durante una conferencia de prensa en línea de la Association of Diabetes

Counseling and Education Professions in Germany,¹ señaló que la diabetes no es una

enfermedad neutra desde la perspectiva de género, y por lo tanto, ya no debe tratarse como

tal.


El ciclo menstrual, embarazo y menopausia influencian la glucemia

La medicina conoce menos a mujeres que a hombres y las trata de manera diferente.

Esto se debe a varias razones, una de ellas es la brecha de datos por sexo: las mujeres están

infrarrepresentadas en los estudios. Las hormonas influyen directamente en la acción de la

insulina, la función de las células beta, la distribución de la grasa corporal y el riesgo

cardiovascular, y el metabolismo de la glucosa en las mujeres cambia de forma más

marcada a lo largo de la vida de lo que refleja la investigación actual. Hasta la fecha, se han

estudiado muy poco los mecanismos por los que estrógenos y progesterona regulan el

metabolismo de la glucosa.


Esta falta de conocimiento se refleja en la atención médica y genera una brecha de salud de

género: las mujeres reciben un tratamiento diferente y de menor calidad en áreas

importantes. "Actualmente, ambas brechas pueden demostrarse con cifras y son evitables",

explicó la Dra. Reger-Tan.


La experta ilustró la estrecha relación entre el sistema hormonal, el metabolismo y el riesgo

cardiovascular usando como ejemplo el síndrome ovárico metabólico poliendocrino

(SOMP, antes denominado síndrome de ovario poliquístico SOP), que afecta a 1 de cada 8

mujeres.


En el síndrome ovárico metabólico poliendocrino se presenta resistencia a la insulina con

hiperinsulinemia compensatoria en 3 de cada 4 mujeres con peso normal y en casi todas las

pacientes con sobrepeso.


Esto favorece el exceso de andrógenos y las alteraciones de la ovulación, a la vez que

aumenta de forma considerable el riesgo cardiometabólico específico de mujeres: la apnea

del sueño es 10 veces más frecuente; la diabetes de tipo 2, 4 veces más frecuente; y la

diabetes gestacional, 2 veces más frecuente. Las mujeres con síndrome ovárico metabólico

poliendocrino también presentan con mayor frecuencia esteatosis hepática,

independientemente del índice de masa corporal, o eventos cardiovasculares previos a la

menopausia. A pesar de ello, hasta 70 % de los casos permanece sin diagnóstico.²


La diabetes gestacional, que multiplica entre 7 y 10 veces el riesgo de desarrollar diabetes

de tipo 2 en el futuro y duplica el riesgo cardiovascular, constituye asimismo una señal de

alarma específica en mujeres. El síndrome ovárico metabólico poliendocrino y la diabetes

gestacional comparten mecanismos y genes de riesgo, y ambos representan ventanas de

oportunidad tempranas para la prevención.


Incluso durante un ciclo menstrual normal, la acción de la insulina se modifica de manera

predecible. En la fase folicular, los estrógenos mejoran la sensibilidad a esta hormona,

mientras que, en la fase lútea, la progesterona aumenta la resistencia. En consecuencia, las

necesidades de insulina pueden incrementarse hasta 15 %.


Estos cambios se pueden observar mediante la monitorización continua de la glucosa; sin

embargo, las bombas de insulina modernas con dosificación automática todavía no toman

en cuenta las diferentes fases del ciclo. Por lo tanto, las mujeres deben ajustar manualmente

la dosis, a menudo sin orientación adecuada.


En este contexto se enmarca el estudio TIMES, llevado a cabo por el Diabetes Center Bern

(DCB), en Berna, Suiza, cuyo objetivo es comprender mejor la diabetes de tipo 1 a lo largo

del ciclo menstrual. El estudio analiza cómo cambian la sensibilidad a la insulina y las

necesidades de la misma durante seis ciclos en 350 mujeres con diabetes de tipo 1 de Suiza,

Dinamarca, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. El objetivo es identificar patrones

característicos en las necesidades de insulina y en la glucemia y, a partir de estos datos,

desarrollar algoritmos adaptados al ciclo.³


Durante la menopausia, el patrón previo se altera. Con la disminución de los estrógenos,

aumentan la resistencia a la insulina, la grasa visceral y el riesgo cardiovascular. Sin

embargo, a diferencia de lo que ocurre durante el ciclo menstrual, ya no existe un ritmo

predecible: los estrógenos y la progesterona fluctúan de manera irregular y, con ellos,

también lo hace la glucemia.


En un estudio reciente realizado en Países Bajos, que incluyó a 159 mujeres

posmenopáusicas con diabetes de tipo 1, aproximadamente dos tercios refirieron una mayor

inestabilidad de sus concentraciones de glucosa, con fluctuaciones en ambas direcciones y

episodios más frecuentes tanto de hiperglucemia como de hipoglucemia. Las participantes

tenían una edad media de 55 años y convivían con diabetes desde hacía 30 años. La última

menstruación se había producido, en promedio, alrededor de los 50 años. En total, 67,4 %

de las participantes comunicó cambios moderados o graves en la regulación de la glucosa

después de la menopausia.⁴


De las participantes, 41,9 % percibió valores elevados de glucemia, 19,6 % notó valores

más bajos y 38,5 % no notó ningún cambio en este sentido. Además, 55 % informó

mayores fluctuaciones de la glucemia, mientras que 18,1 % reportó fluctuaciones menores;

61,6 % de las participantes experimentó más episodios de hiperglucemia, mientras que 38,5

% presentó más episodios de hipoglucemia y 28 % registró menos episodios de

hipoglucemia. Un aumento en la gravedad de los síntomas posmenopáusicos se asoció con

una mayor probabilidad de percibir cambios en los valores de glucosa en sangre.


Además, la Dra. Reger-Tan señaló que síntomas vasomotores, sudoración y palpitaciones

pueden confundirse con hipoglucemia. Quienes malinterpretan una hipoglucemia como si

fuera un sofoco, no la tratan, lo cual constituye un error peligroso. La regla general es la

siguiente: ante la duda, hay que comprobar inicialmente la glucemia y tratar siempre en

primer lugar la hipoglucemia, enfatizó.


Mientras que ya se están realizando investigaciones sobre el ciclo menstrual y el embarazo,

la menopausia en mujeres con diabetes de tipo 1 sigue siendo un área prácticamente

inexplorada: apenas existen estudios, no hay recomendaciones específicas en las guías y

tampoco se dispone de evidencia fiable sobre la terapia hormonal.


Las mujeres cuentan con menos probabilidades de recibir un tratamiento eficaz para

diabetes, según un análisis de la Dra. Reger-Tan y su equipo. El cual muestra la brecha de

género existente en el tratamiento de diabetes. El equipo de investigación analizó datos de

casi 20.000 personas con diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiacas, vasculares o renales.

Los resultados revelaron que las mujeres recibían tratamientos con protección orgánica

aproximadamente un tercio menos que los hombres. Entre estos tratamientos se incluían

inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa de tipo 2 (SGLT2) y agonistas del

receptor del péptido similar al glucagón de tipo 1 (GLP-1). La desventaja es cuantificable.⁵


Esta situación podría modificarse, ya que un modelo predictivo basado en más de 200.000

tratamientos mostró que la selección de tratamiento conforme al modelo que, entre otros

factores, toma en cuenta el género, reduce 38 % el riesgo de fracaso terapéutico y

disminuye las complicaciones cardiorrenales.⁶


"La diabetología con perspectiva de género no es un caso especial, sino medicina de

precisión", subrayó la Dra. Reger-Tan. Según explicó la experta, este enfoque tiene en

cuenta el sexo, la etapa de la vida y el perfil individual de riesgo para seleccionar el

tratamiento más adecuado para cada paciente. Para ello, es necesario cerrar la brecha de

datos por sexo mediante la inclusión adecuada de mujeres en las investigaciones; utilizar de

forma temprana los marcadores de riesgo específicos para mujeres, como síndrome ovárico

metabólico poliendocrino y diabetes gestacional; y prescribir tratamientos con protección

orgánica de manera equitativa cuando la indicación sea la misma.


Referencias


  1. Online-Pressekonferenz des Verbands der Diabetes-Beratungs- und Schulungsberufe in Deutschland (VDBD). 18. Juni 2026.

  2. Lee-Barkey YH, Stratmann B, Klose JM, Reger-Tan S. Polyzystisches Ovarsyndrom: Sinnvolle Betreuung über die Gynäkologie hinaus. Deutsches Ärzteblatt. 17 Oct 2025. doi: 10.3238/PersGyn.2025.10.17.05. Fuente

  3. Diabetes Center Berne. TIMES Study. Diabetes Center Berne. Fuente

  4. Speksnijder EM, Simsek S, Bisschop PH, Stenvers DJ y cols. Perceived blood glucose regulation after menopause: a cross-sectional survey in women with type 1 diabetes in the Netherlands. Diabetologia. 16 Ago 2025. doi: 10.1007/s00125-025- 06518-z. Fuente

  5. Suliman K, Lee-Barkey YH, Brehmer A, Stratmann B, y cols. Implementation of guideline-recommended organ-protective therapy in people with type 2 diabetes and cardiovascular disease, heart failure, or kidney disease: real-world evidence from a German University Hospital. Frontiers in Endocrinology. 6 Ene 2026;16:1736984. doi: 10.3389/fendo.2025.1736984. Fuente

  6. Dennis JM, Young KG, Cardoso P, Güdemann LM, y cols. A five-drug class model using routinely available clinical features to optimise prescribing in type 2 diabetes: a prediction model development and validation study. The Lancet. 1 Mar 2025;405(10480):701-714. doi: 10.1016/S0140-6736(24)02617-5. Fuente

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