MINISTERIO DE SALUD ¿Y AHORA...?

Actualizado: 1 de sep de 2019





MSc. Iván Cevallos Miranda

CIRUJANO GENERAL - FACS









Cuando miro el triste panorama de la salud pública en Ecuador, signado por la desidia del poder político para proseguir un camino de largo aliento y más bien optar por los redescubrimientos demagógicos “a saltos y a brincos”, me viene a la memoria la reflexión de Francis Scott Fitzgerald (“El curioso caso de Benjamin Button”) cuando nos plantea que “nuestras vidas se definen por las oportunidades, incluso las que perdemos”. Y es que una larga década con la bonanza más significativa de toda la historia del Ecuador republicano, lejos de constituir una oportunidad para construir un verdadero modelo unitario de salud, fue la pérdida más olímpica gracias a la visión distorsionada, estrábica, populista, política y nada técnica de la revolución ciudadana. Se salvan del concepto los menos de cinco funcionarios que estuvieron como encargados o que arribaron con ganas de aportar, pero fueron desbordados por la improvisación del resto.

El período se inauguró con un claro aviso de lo que era poner recursos en malas manos. La compra de carricoches convertidos en ambulancias, el precio exagerado de los hospitales móviles, entre otras situaciones, así lo demostraron. Tan ostentoso fue el desprecio, que llegaron a nombrar ministra de salud a una persona titulada en Historia con un resultado predecible: funesto. Pero también hubo médicos que ejercieron la titularidad, con casi ninguna diferencia frente a la historiadora. Pero cuando pensamos que la era del correísmo -con sus petulancias y arbitrariedades- por fin terminaba, nos vimos sacudidos por la realidad: nada cambiaba, nada cambió y dudo mucho que algo cambiará.

La ratificación de Verónica Espinosa Serrano en el gabinete de Lenin Moreno Garcés fue el pregón anunciando que el statu quo se mantendría inalterado. Como lo he dicho en público y en privado, no cuestiono la edad de Verónica (ser joven no es sinónimo de incapacidad) y reconozco en ella su inteligencia. Pero por desgracia, cuando valoramos un momento polític