EL DOCTORADO HONORIS CAUSA DE RODRIGO FIERRO

Actualizado: hace 6 días






Víctor Manuel Pacheco.

Presidente de la Comisión Nacional de Bioética en Salud





La frase latina “honoris causa” puede traducirse como “por causa de honor” pero se emplea, por declinación, para resaltar el máximo grado académico de Doctor que otorga una universidad a un personaje que ha ido más allá del cumplimiento exigido por sus deberes y del respeto a sus conciudadanos y a sí mismo. Se otorga entonces el Doctorado Honoris Causa con la intención de reconocer –es decir exponer nuevamente y en forma pública algo que se conoce- un mérito excepcional.


La Universidad Internacional del Ecuador, concedió, pocos días atrás, ese grado a Rodrigo Fierro-Benítez, reconociendo sus méritos extraordinarios. Al igual que lo hicieran antes la Escuela Politécnica Nacional y, a su tiempo, la OPS/OMS con el Premio a la Investigación Médico Social, el Instituto Benjamín Franklin con el A. Horwitz, y la Academia Médico Quirúrgica española con el Gregorio Marañón.


La OPS y el Ministerio de Salud Pública además le otorgaron el nombramiento de Héroe de la Salud Pública de Ecuador, por haber registrado una serie de logros de impacto visible en ese ámbito, porque su actividad trascendió el marco específico de su quehacer profesional individual y por haber servido de ejemplo para la formación de nuevas generaciones en el campo de la salud pública. El Estado ecuatoriano lo distinguió con el Premio Nacional Eugenio Espejo en Ciencias, y con la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Gran Cruz por sus valiosos aportes a la medicina ecuatoriana. Sus trabajos científicos fueron determinantes en la instauración de la política nacional de yodación de la sal para consumo humano –y por tanto en la prevención del bocio y cretinismo endémicos-, y en la propuesta de fortalecimiento de la harina con hierro en un intento serio de prevenir la anemia en niños y mujeres embarazadas.


Notable investigador, aportes suyos al entendimiento de la realidad sanitaria nacional son la epidemiología de los desórdenes por deficiencia de yodo y el efecto de la corrección de este déficit en el desarrollo físico y psico-intelectual de los niños andinos. Al conocimiento universal aportó la nosología primera del cretinismo endémico neurológico, la relación de éste con la desnutrición proteico energética, y el uso por vez primera en grupos poblacionales de aceite yodado de depósito para prevenir el desarrollo de desórdenes por deficiencia del oligoelemento. Su prolífica producción científica le permitió la identificación de la determinación social –e histórica- de la biopatología andina.


Fierro-Benítez es el primero de los pocos ecuatorianos con publicaciones de significación universal como autor principal en medios de impacto mayor como el New England Journal of Medicine o el Journal of Clínical Endocrinology and Metabolism.


Como médico fue pionero en el país de la práctica de la especialidad de Endocrinología y también de la de Medicina Nuclear. Ha sido reconocido por sus pares que lo eligieron Presidente de la Academia Ecuatoriana de Medicina y de la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales, a más de Miembro de Honor de la Real Academia Nacional de Medicina de España.


Docente de 50 cohortes de médicos, sostenía que la Universidad tiene compromiso social con los desposeídos, con la responsabilidad de formar buenos médicos, y no solamente médicos descalzos o tecnócratas de exportación. Y que el “médico que el país necesita” es, zanjando una discusión de años, ¡uno que tuviera conocimientos de Medicina! Fue el maestro por antonomasia y quiero creer que de sus clases nació la inclinación directa o por derivación, de toda una generación de endocrinólogos quiteños en ejercicio actual.


Rodrigo Fierro se destaca también como escritor: los miembros de la Sección de Letras de la Casa de la Cultura y el Instituto Hispánico han destacado en sus microensayos de su columna de El Comercio el estilo depurado, muchas veces mordaz o zahiriente, y otras afectivo y conmovedor en sus redobles de obituario. Ellos lo han señalado como cuestionador ético de su tiempo, cuestionamientos que le merecieron la persecución de los poderosos que vieron sus retratos en esos escritos.

Como historiador son esclarecedores sus trabajos, valorados por la Academia de Historia, sobre el impacto de la escritura en la historia de los pueblos hispanoamericanos, el pensamiento de Eugenio Espejo y el significado para la salud pública de la Revolución Juliana.


En tiempos en los cuales los reconocimientos a nuestras personalidades, en especial en el área de la ciencia, se hace tarde o se ven salpicados por intereses no declarados, el acto de la Universidad Internacional del Ecuador adquiere un valor especial: hace justicia y reconoce, en vida, a un científico ecuatoriano que merece la distinción extraordinaria de Doctor Honoris Causa que se le otorgó.

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