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Día mundial de la salud mental

hace 4 horas
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Impacto de la presión escolar en la salud mental


La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un estado de bienestar que permite a las personas afrontar las tensiones de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender adecuadamente y contribuir a su comunidad. Sin embargo, en los últimos años la salud mental de los estudiantes se ha convertido en una preocupación global.¹

 

Impacto de la presión escolar en la salud mental

Diversos estudios internacionales muestran que más de un tercio presenta algún trastorno mental, incluyendo ansiedad, depresión y estrés. En países como Chile, Estados Unidos, Pakistán, Bangladesh y Sudáfrica, las cifras reflejan un aumento significativo de estos problemas, afectando directamente el rendimiento académico y el bienestar general. 

 

La presión escolar, las dificultades económicas y las tensiones interpersonales son algunos factores que influyen en esta situación, la cual se ha visto agravada tras la pandemia de COVID-19.

 

Como ya se mencionó, una de las principales causas de la alteración de la salud mental en los adolescentes es la presión académica, que tiene múltiples factores que la originan, entre los que destacan las altas expectativas familiares y sociales, que pueden generar miedo al fracaso y autocrítica constante. Asimismo, la competitividad dentro del sistema educativo, especialmente por el acceso a becas o universidades, crea un ambiente de alta exigencia donde el éxito se mide de manera comparativa. A esto se suman los cambios propios de la adolescencia, etapa caracterizada por transformaciones físicas y emocionales que aumentan la sensibilidad al estrés. Finalmente, la influencia de las redes sociales intensifica la presión al promover estándares de éxito que fomentan comparaciones constantes y poco realistas.²

 

En referencia a este tema, recientemente se publica en The Lancet el artículo de Guo y sus colaboradores con respecto a la asociación entre presión académica y síntomas de depresión y autolesión en el adolescente, estudio prospectivo realizado en Inglaterra basado en datos del Avon Longitudinal Study of Parents and Children, una cohorte con seguimiento desde la infancia hasta la adultez temprana.³

 

La investigación incluyó 4.714 adolescentes (mujeres: 2.725/57,8 %; hombres: 1.989/42,2 %) nacidos en 1991 y 1992 y evaluó la presión académica percibida a los 15 años mediante un cuestionario de experiencias escolares. Los investigadores midieron los síntomas de depresión utilizando un cuestionario de estado de ánimo y sentimientos en cinco momentos entre los 16 y los 22 años y valoraron la autolesión en cuatro momentos entre los 16 y los 24 años. 

 

Los resultados mostraron que niveles más altos de presión académica a los 15 años se asociaron con mayor nivel de síntomas depresivos a los 16 años y esta asociación se mantuvo hasta los 22 años. Además, cada aumento de un punto en una escala de presión académica se vinculó con aproximadamente 8 % mayor probabilidad de autolesionarse, incluso hasta los 24 años. Estos hallazgos indican que la presión escolar durante la adolescencia puede tener efectos duraderos en la salud mental aumentando tanto la probabilidad de depresión como de conductas autolesivas en la transición a la adultez y sugieren la necesidad de intervenciones educativas para reducir la presión académica.

 

Una intervención clave debe centrarse en el entorno familiar, ya que constituye un pilar esencial en la regulación y afrontamiento del estrés académico en la adolescencia. Desde casa es posible reducir el impacto de la presión académica mediante estrategias que promuevan el equilibrio y el bienestar emocional, como establecer rutinas claras que integren tiempos de estudio, descanso y actividades recreativas, ya que rutinas como esta ayudan a generar estabilidad y disminuir la ansiedad, pues los jóvenes saben qué esperar de su día a día. 

 

Además, fomentar una comunicación abierta y empática permite que el adolescente exprese sus preocupaciones sin temor a ser juzgado, fortaleciendo la confianza y el apoyo emocional. Por otro lado, ayudarles a fijar metas realistas y alcanzables favorece una percepción más saludable del éxito, reforzando la autoestima y evitando comparaciones innecesarias con otros compañeros. Finalmente, disponer de un espacio de estudio ordenado, cómodo y libre de distracciones mejora la concentración y la organización del tiempo, lo que reduce la sensación de saturación y facilita un aprendizaje más efectivo.

 

En conclusión, la presión académica constituye un factor relevante en la alteración de la salud mental de adolescentes, con posibles repercusiones a corto y largo plazos, incluyendo ansiedad, depresión y conductas autolesivas. Para el médico pediatra, especialmente en la atención integral del adolescente, resulta fundamental incorporar la evaluación del estrés escolar como parte rutinaria de la consulta, así como identificar señales tempranas, como cambios en el estado de ánimo, alteraciones del sueño, somatizaciones o disminución del rendimiento escolar para poder intervenir de manera oportuna al brindar psicoeducación a las familias, promover expectativas realistas, fomentar hábitos saludables y cuando sea necesario, derivar oportunamente a salud mental. 

 

Referencias

 

  1. UNESCO. Apoyando la salud mental y el bienestar de los estudiantes de educación superior. Consultado en versión electrónica. Fuente

  2. Gestionar la presión académica en adolescentes. Divergentes. Publicado el 10 de febrero de 2025. Consultado en versión electrónica. Fuente

  3. Guo X, Mueller MAE, Armitage JM, Bonell C, y cols. The association between academic pressure and adolescent depressive symptoms and self-harm: a longitudinal, prospective study in England. Lancet Child Adolesc Health. 12 Feb 2026:S2352-4642(25)00342-6. doi: 10.1016/S2352-4642(25)00342-6. PMID: 41692021. Fuente

 

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