A propósito del centenario de “Más allá del principio del placer”

Actualizado: sep 1









Érika Villamarín R.

Psicóloga Clínica.

Foro Analítico del Campo Lacaniano- Ecuador (En formación).










En 1919, Freud escribió el texto “Más allá del principio del placer”; tras modificaciones y relecturas, finalmente, es publicado un año después en 1920. Este es considerado un texto fundamental dentro de las aportaciones que brindará a la teoría psicoanalítica.

Hasta ese momento, se pensaba que los procesos anímicos son regulados por el principio de placer, donde la cantidad de excitación recibida por el aparato anímico se mantenga al mínimo; mientras más baja, más placentera y mientras más alta la excitación, mayor la sensación de displacer; algo que Freud ya esbozaba en su texto “Proyecto de psicología”. Sin embargo, Freud plantea ciertas objeciones a este imperio del principio del placer.

En el caso de la compulsión a la repetición, el sujeto se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, de manera inconsciente, en lugar de recordarlo como pasada; en ocasiones con una ganancia de placer, pero en otras, se repite de tal manera que no necesariamente estas vivencias pasadas contengan posibilidad alguna de placer. Ésta se evidencia en todo tipo de relaciones a lo largo de la vida del sujeto, de manera activa y pasiva. Se encuentra con que, en la vida anímica, existe realmente una compulsión a la repetición que se instaura más allá del principio del placer.

Aparece entonces la pregunta, ¿por qué se repite constantemente aquello que es doloroso o penoso para el sujeto? Responder eso es tarea difícil, además tendrá mucho que ver con la singularidad de cada persona, su historia propia y lo que pueda decir de su verdad desde el inconsciente.

Esto es algo que encontramos frecuentemente en el espacio terapéutico, el sujeto preguntándose sobre su repetición y dando vueltas sobre ella, sin embargo, esto va acompañado de fuertes resistencias que procuran ahorrar el displacer que provocaría la aparición de lo reprimido. Entra en juego el qué hacer del analista para que, en medio de estas resistencias, algo pueda decirse la verdad del inconsciente, pues ya nos explicaba Freud, “la resistencia en la cura proviene de los mismos estratos y sistemas superiores de la vida psíquica que en su momento llevaron a cabo la represión” (Freud, 1920/1992).

Aun así, nos vemos en medio de una solicitud demandante de la inmediatez, de eliminar ese malestar que produce la compulsión en el síntoma del sujeto. ¿Esta inmediatez viene a ser parte de la resistencia del sujeto de enfrentarse a aquello que puede mostrarse de manera oscura y desconocida?, o ¿es acaso también una solicitud de la cultura de responder como profesional ante ese malestar, para que este sujeto en cuestión pueda responder a la primera?

El saber que el inicio de un proceso analítico no lleva a que el malestar se elimine, resignifique o elabore, de manera directa, es un factor que suele provocar un gran número de críticas e incluso decepción a muchos. Parecería que en nuestro medio nos cuesta trabajar y darle el tiempo que puede requerir nuestra salud mental ¿es tal vez lo último en lo que pensamos al hablar de la “salud”?

Entonces, nos encontramos con una sociedad que en este tiempo visibiliza, finalmente, problemas sociales que se presentaban a diario, como violencia de género, violencia intrafamiliar, delincuencia, desigualdad social, entre otros. Donde el trabajo clínico consistiría, al parecer, en “calmar” o “hacerse cargo” de aquel malestar o los conflictos que surgen en quien consulta, como quien retira del ser aquello que incomoda con resultados satisfactorios ¿Se piensa entonces realmente cuál es el lugar y la importancia de un verdadero proceso terapéutico/ analítico? Y sin la intención de menospreciar a otros que se ocupen de responder estas inquietudes, ¿es más fácil e inmediato recurrir a otras prácticas para sofocar estos malestares?

Es así que, han pasado 100 años y aún nos preguntamos: ¿por qué el sujeto repite cosas dolorosas o displacenteras inconscientemente? Y ¡qué bueno que nos preguntemos eso!, ¡qué bueno que no pase desapercibido! De esa manera busca el sujeto dar lugar a aquello que produce malestar, busca elaborar o resignificar aquella vivencia que va más allá del principio del placer.

Asimismo, han pasado 100 años y aún nos preguntamos si es necesario iniciar un proceso psicológico para comprenderlo, aún se duda si la salud mental tiene un lugar importante o si es verdaderamente parte de la “salud”; aun creemos que es algo del orden de lo místico y de lo desconocido.

No tendremos una respuesta explícita a esta pregunta, al menos no una rotunda y no es esa la intención en este momento, será el mismo sujeto en su decir inconsciente quien dirá algo de su verdad.


Referencia

Freud, S. (1992). Más allá del principio del placer y otras obras. Tomo XVIII. Amorrortu.

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