Neuropsicobiología del llanto, la amígdala y las emociones:

Lágrimas de todos en el mensaje presidencial de Guillermo Lasso


Dr. Edmundo ESTEVEZ M.

Carrera de Medicina UCE


Dra. Alicia ZAVALA C.

Carrera de Medicina PUCE-Ambato


El misterio de las lágrimas

Las lágrimas han fascinado a la humanidad durante siglos. Esto no es sorprendente: las lágrimas son conspicuas y no se puede negar su poder. El llanto es una parte omnipresente del repertorio conductual y emocional de todo ser humano sano. Permea nuestras vidas desde el principio (por ejemplo, "el grito primordial") hasta la muerte. Si vemos a alguien llorando, es difícil, si no imposible, ignorarlo (…).

Vingerhoets, A, 2013
















La naturaleza humana del llanto


La producción de lágrimas emocionales parece ser propia y exclusiva del Homo Sapiens. A pesar de la singularidad de este comportamiento eminentemente humano, las contribuciones científicas apenas comienzan a descubrir los fundamentos neurobiológicos del llanto emocional humano. Los hallazgos y aportes neuroanatómicos, neuroquímicos y psicofisiológicos proporcionan una breve descripción general de este ámbito del conocimiento junto a la necesaria revisión de los antecedentes evolutivos y las funciones del llanto entre lágrimas.


Otro aspecto significativo del llanto humano incluye los cambios relacionados con la edad, los antecedentes que evocan la respuesta del llanto, así como el desarrollo diferencial con relación al género (las mujeres adultas lloran en promedio 5,3 veces entre 5 a 6 minutos y los hombres adultos 1,3 veces entre 2 a 3 minutos y por mes). Los humanos adultos derraman sus lágrimas emocionales típicamente en los eventos más importantes de sus vidas, incluidos eventos positivos como graduaciones, bodas y el nacimiento de niños, así como eventos negativos como los viajes y las despedidas que involucran separación y pérdida de familiares o amigos. Sin embargo, dada la frecuencia del llanto emocional en los seres humanos adultos, se conoce que la mayoría de las veces lloramos en situaciones relativamente triviales como el enfrentar conflictos y frustraciones menores, así como reacciones a películas, fotografías y cierta música (Trimble M, 2012).


La producción de lágrimas representa solo uno de tantos aspectos importantes del llanto emocional humano. Aunque las lágrimas y las vocalizaciones de angustia son los aspectos más característicos del llanto, hay más cosas en la cara cuando una persona llora. El llanto generalmente implica la activación de varios músculos faciales, junto a un estado psicológico específico que se asocia con la conducta emocional. Esto implica la sucesión de innumerables conexiones con varias estructuras cerebrales y nervios específicos que orquestan la participación de la musculatura facial y los circuitos neurales que respaldan las conductas reguladoras y de respuestas emocionales asociadas (Bylsma, LM, Gračanin, A. y Vingerhoets, A. (2019).


La anatomía e inervación neural del aparato lagrimal y estructuras asociadas, comprende los siguientes elementos:

  1. El sistema vocal encargado de la producción de vocalizaciones de angustia incluye la actividad laríngea, movimientos respiratorios y actividad supralaríngea (articulatoria).

  2. La musculatura facial involucrada en el llanto son M. frontalis, M. corrugator, M. orbicularis oculi, así como el M. zygomaticus, M. depressor anguli oris y M. mentalis. Los músculos faciales inferiores y superiores implicados en las expresiones emocionales están inervados a través del núcleo facial por la corteza motora suplementaria y la corteza motora cingulada rostral, así como la corteza motora primaria, la corteza premotora lateral ventral y la corteza motora cingulada caudal (Vingerhoets AJJM, 2013).

  3. La glándula lagrimal y su inervación. Las glándulas lagrimales se ubican en el cuadrante lateral superior de las órbitas oculares, son responsables de nuestros desgarros tanto reflejos como emocionales. Por el contrario, las lágrimas basales, que son esenciales para la protección y nutrición continuas del ojo, son producidas por las glándulas lagrimales accesorias, ubicadas debajo de los párpados. Las glándulas lagrimales constan de dos lóbulos, el inferior de los cuales está situado debajo de la aponeurosis del elevador y se conecta al fondo de saco conjuntival lateral superior por aproximadamente 12 conductos excretores (Dartt DA, 2009).


Principales descubrimientos anatómicos relativos a las lágrimas


Fuente: Vingerhoets A. Why Only Humans Weep: Unravelling the Mysteries of Tears. Oxford: Oxford University Press; 2013. Lutz T. Crying The natural and cultural history of tears. New York: Norton & Company Inc; 1999.


Las lágrimas están compuestas de agua, mucina, proteínas, iones, glucosa, enzimas, lípidos, urea y una serie de otras sustancias químicas. Tienen una función biológica importante, a saber: mantener húmedo el globo ocular, especialmente para evitar el secado de la córnea (que podría provocar ceguera) y prevenir infecciones. El parpadeo asegura la propagación del líquido por el ojo y, cuando el globo ocular está irritado, aumenta la salida de líquido de las glándulas lagrimales, que secretan lágrimas. En el ojo humano, hay muchas de estas glándulas: una principal y varias subsidiarias esparcidas alrededor de la conjuntiva, la membrana transparente que proporciona una cubierta protectora a los ojos y párpados. Con la secreción basal normal, el líquido se drena a través de los conductos lagrimales hacia el saco lagrimal que sale por la nariz. Cuando el flujo es excesivo, la salida por la nariz es insuficiente y las lágrimas se desbordan. Aparte de la producción continua de lágrimas que protege el ojo y el aumento de la producción con irritación, las lágrimas se liberan en respuesta a las emociones. Se han realizado estudios que muestran diferencias químicas entre las lágrimas inducidas por un irritante y las liberadas por la emoción. Se conoce que las lágrimas emocionales tienen un mayor contenido de proteínas. Frey confirmó este hallazgo provocando lágrimas en voluntarios con una cebolla y comparando su química con la obtenida mientras veían una película que provocaba el llanto (Frey, WH, 1985).


La cantidad y composición adecuadas del líquido de la glándula lagrimal son fundamentales para una superficie ocular sana e intacta, y las células del sistema de conductos modifican las concentraciones de estos componentes. Los principales neurotransmisores que regulan las secreciones de las células secretoras en la glándula lagrimal son los neurotransmisores parasimpáticos acetilcolina y péptido intestinal vasoactivo, así como los neurotransmisores simpáticos norepinefrina y neuropéptido Y. Además, las encefalinas, que son dos péptidos naturales en el cerebro con propiedades analgésicas, proporciona una vía inhibidora que bloquea la secreción de la glándula lagrimal al bloquear los receptores opioides delta.


La acetilcolina estimula la liberación de electrolitos, agua, proteínas y mucinas en la película lagrimal. Si bien los mecanismos precisos de secreción de estas sustancias de la glándula lagrimal difieren, todas están bajo control neuronal. Las glándulas lagrimales están inervadas por nervios simpáticos y parasimpáticos, pero predomina el sistema parasimpático, tanto anatómica como funcionalmente. Dado que la inervación parasimpática de la glándula lagrimal se produce a través del séptimo par craneal, una posible coactivación del nervio vago con la producción de lágrimas emocionales es probablemente la consecuencia de la actividad de los centros cerebrales superiores que estimulan las fibras parasimpáticas en ambos nervios.


Hallazgos recientes han intentado establecer dos puntos de vista aparentemente opuestos del llanto humano: (1) el llanto como un comportamiento excitante que típicamente acompaña a la angustia, o (2) el llanto como un comportamiento tranquilizador que promueve la reducción de la excitación después de la angustia. Sin embargo, desentrañar la psicofisiología periférica del llanto es un tema poco conocido, dado que corresponde a un comportamiento complejo con múltiples componentes involucrados.


Investigaciones recientes demuestran un incremento significativo en la actividad simpática asociados con el llanto. Los resultados de la activación parasimpática son algo más mixtos, pero hay alguna sugerencia de que la resolución del llanto está asociada con aumentos en la actividad parasimpática, lo que quizás sugiera un proceso de recuperación asociado con el llanto. El patrón general sugiere que la producción de lágrimas es tanto una señal de angustia que despierta como un medio para restaurar el equilibrio fisiológico (y quizás también psicológico), dependiendo de cómo y cuándo se muestre este comportamiento complejo (Trimble M, 2012).


Los trabajos de Newman proporciona una revisión detallada de la base neuronal de las vocalizaciones de llanto.Los circuitos neuronales involucrados en los diferentes componentes del llanto emocional (es decir, actividad muscular, vocalización, producción de lágrimas, experiencia emocional) parecen incluir principalmente estructuras que son parte de la denominada red autónoma central (CAN). La CAN participa en mecanismos de control visceromotores, neuroendocrinos, motores complejos y moduladores del dolor esenciales para el mantenimiento de la homeostasis, la expresión emocional y las respuestas al estrés y, como tal, es crucial para la adaptación y la supervivencia. La CAN se basa en la actividad de varios neurotransmisores, incluidos los aminoácidos, la acetilcolina, las monoaminas y los neuropéptidos.


La CAN consiste en una red de áreas cerebrales interconectadas, como el telencéfalo, el diencéfalo y el tronco encefálico, que controlan las salidas visceromotoras simpáticas y parasimpáticas preganglionares. Los componentes específicos de la CAN generalmente incluyen los siguientes: (l) las cortezas prefrontal medial e insular, (2) el núcleo central de la amígdala y el núcleo del lecho de la estría terminal, (3) el hipotálamo, (4) el periacueductal materia gris en el mesencéfalo, (5) la región parabraquial de Kolliker-Fuse en la protuberancia, (6) el núcleo del tracto solitario (tractus solitarii) y (7) la zona reticular intermedia medular, particularmente la médula ventrolateral (Benarroch EE, 1993).


Los neuropéptidos vasopresina, oxitocina y prolactina, son conocidos por su participación en la regulación del comportamiento social (apego) y además parecen desempeñar un papel en la producción de vocalizaciones de angustia.


Los circuitos neuronales, la amígdala y las lágrimas emocionales


No pretendo en esta corta exposición realizar una revisión sobre la teoría del llanto; al contrario, más allá de eso intento explicar el significado de las lágrimas en tanto compleja experiencia perceptiva, intelectual y emocional.

Para comprender la neuroanatomía del llanto se requiere cierto conocimiento de los nervios craneales, pero aún más sobre la representación de las emociones en el cerebro y la interacción de varios circuitos neuroanatómicos en la regulación del llanto. Un punto de partida en la búsqueda de una respuesta a la pregunta de por qué el llanto emocional se limita entre las especies vivas al Homo sapiens es la neuroanatomía evolutiva.

Cualquiera interesado en esta área probablemente conozca el término "sistema límbico", y muchos han oído hablar del sistema nervioso autónomo, con sus divisiones simpática y parasimpática. Estos términos se utilizan regularmente en artículos de periódicos y libros que tienen como objetivo proporcionar un puente entre un tema de interés neurocientífico y un comportamiento social. Este no es el lugar para dar una descripción detallada de la neuroanatomía, pero es el lugar para describir cómo se ha desarrollado el conocimiento de la neuroanatomía en las últimas décadas y cómo la comprensión de la nueva anatomía permite una reinterpretación de los vínculos entre el cerebro. y emoción que eludió a generaciones anteriores. La mayor parte de lo que sigue ha sido desentrañado por cuidadosas observaciones clínicas y de neurociencia básica, pero ha recibido mucha credibilidad y confirmación en los últimos años con el uso de nuevas técnicas de imágenes cerebrales. Estos no se describen aquí, pero capturar imágenes del cerebro que están altamente resueltas en el tiempo y el espacio (milisegundos y milímetros) ahora es posible con métodos tan refinados como la tomografía por emisión de positrones (PET), la resonancia magnética (MRI) y su variante de resonancia magnética funcional (f MRI) y magnetoencefalografía. Estos métodos, utilizados junto con la realización de una tarea específica, pueden permitir probar hipótesis sobre asociaciones específicas entre el cerebro y la conducta ().


Las estructuras clave del sistema límbico son la amígdala y el hipocampo, y sus conexiones inmediatas. Estos incluyen la parte orbital de la corteza frontal (situada justo encima de las cuencas de los ojos), la ínsula y la parte de los ganglios basales llamada estriado ventral, que desempeña un papel central en la expresión emocional-motora. La amígdala, con forma de una almendra, se encuentra en la parte frontal de los lóbulos temporales y es fundamental para la regulación de las emociones del cerebro. Tiene extensas conexiones bidireccionales con la neo corteza, de la que recibe información combinada multisensorial.


La amígdala es la clave para comprender las resonancias emocionales de nuestros recuerdos. La amígdala es una estructura compleja y fascinante que se encuentra en el centro del mundo de nuestras emociones. Anatómicamente, la amígdala es una estructura compleja que contiene más de una docena de núcleos que están ricamente interconectados. Basado en varios tipos de información, que incluyen conectividad y distribución de neurotransmisores, dada la complejidad de la amígdala, algunos incluso han cuestionado si es significativo considerar esta colección de núcleos como una sola unidad funcional-anatómica (Pessoa L, 2010).


El cerebro humano es un cerebro emocional que acomete todo de una manera ni completamente racional ni completamente irracional. En neurobiología, una emoción es una función adaptativa por la cual es posible identificar signos objetivos. En respuesta a ciertos estímulos, nuestro cuerpo reacciona para permitirnos elaborar una respuesta de comportamiento. No debemos confundir emociones con sensaciones (percepciones de estímulos exteriores transmitidos a nuestro cerebro. Una sensación puede ser el origen de una emoción. Las emociones tienen un objeto y una causa, que no siempre serán las mismas. Ellas duran en el tiempo y motivan la acción subsecuente.


El amor, el odio, el miedo, la cólera, la gratitud, la indignación, los celos, la envidia, el resentimiento, la piedad, la compasión, la culpabilidad, la vergüenza, el orgullo (el amor propio), el pesar o cargo de conciencia, el remordimiento, etc. Cuando nos preguntamos si nuestras emociones son sólo nuestras, la respuesta categórica es no; al contrario, una de las características más evidentes de las emociones es su carácter universal. La expresión de las emociones primarias como el miedo, cólera, alegría, y disgusto, tienen un reconocimiento universal.


Existen matices que dependen de factores individuales ligados al estado de la persona y del contexto en el cual ella expresa o analiza una emoción. Los grandes simios reconocen muy bien el sentido emocional de las expresiones faciales de sus congéneres. Las emociones transitan por precisos circuitos y encrucijadas neuronales. La amígdala es uno de esos puntos de convergencia. Se representa como dos cúmulos de células en forma de almendras ubicados profundamente y por debajo del córtex cerebral, en la parte anterior del lóbulo temporal. Se encarga de recibir información del tálamo, hipocampo, núcleo acumbens, córtex órbito-frontal, piriforme y cingulado, los ganglios basales y también del tronco cerebral (Estevez, E., y Zavala, A., 2020).


El llanto se asocia con la expresión de nuestras emociones más profundas y de nuestras pasiones más elementales. Llorar es la expresión arquetípica de la emoción humana y se llora por muchos motivos: odio, alegría, miedo y no sólo por dolor o por tristeza, con lo cual se establece que no es el tipo de emoción sino la emoción e