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EUGENIO DE SANTACRUZ Y ESPEJO Y EL DÍA DEL MÉDICO ECUATORIANO






Diego Sebastián Andrade Mora. MD

Médico General, experiencia en atención primaria, prevención en salud e investigación básica.






En el tiempo han trascendido los nombres de grandes hombres que han marcado verdaderos hitos en el desarrollo de nuevas ideas , que han tenido un gran impacto a nivel social, académico y científico.

Quizás el nombre de Eugenio Espejo es compatible con esta descripción como ningún otro. Médico, salubrista, escritor, abogado, Espejo fue un polímata de grandes luces y una de las mentes más brillantes de su tiempo y su voz se alzó por la reivindicación de una realidad injusta que requería cambios urgentes.


De la unión entre Luis de la Cruz Chuzig, un indígena quechua de Cajamarca, asistente de médico y de María Catalina Aldás, una mulata quiteña, Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo fué bautizado el 21 de febrero de 1747.


Eugenio Espejo creció en una época de grandes contrastes sociales y culturales determinados por el sistema colonial de la Real Audiencia de Quito, cuyo modelo económico y social mostraba grandes falencias y se caracterizaba por el olvido de las clases sociales desfavorecidas como producto de la conquista.


Como resultado de diversa reformas, la calidad de la educación disminuyó notablemente y fué dificil suplir esa brecha formativa. Por otro lado, aquellos que podían acceder a estudios universitarios recibían una formación en esencia teórica, basada en la memorización y en muchas ocasiones de orden metafísico que no aportaba soluciones objetivas a la problemática existente. Estos factores condujeron a un estado generalizado de déficit educativo que ahondaba las injusticias.


Eugenio Espejo estudió medicina en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, donde en julio de 1767 se titularía como Médico, con apenas 20 años de edad. Sin embargo debido a las dificultades derivadas de la discriminación que recibiría por parte de los estratos altos de la sociedad, tendría que esperar a 1772, para que se le permitiera ejercer oficial y libremente. En la misma universidad, estudió derecho civil y canónico, hasta conseguir licenciarse en jurisprudencia e investirse como Abogado.


Siendo Eugenio Espejo uno de los escasos médicos en Quito, pudo palpar la dificil realidad que la mayoría de las personas enfermas enfrentaban, sobre todo aquellas que sufrían de una patente exclusión étnica.


Consiente de la necesidad de reformar la atención en salud y con la convicción de que ésta se podría mejorar y dignificar, Eugenio Espejo desarrolló un cuerpo de ideas que aún hoy son un referente en materia de salud pública y política en salud.


Destaca por ejemplo su célebre trabajo “Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de las viruelas" (1785), el cual se convertiría en el primer texto científico que hacía referencia a la existencia de microorganismos y que sugeriría conceptos tan importantes como las medidas de asepsia y antisepsia, para la prevención de infecciones.


Esta obra, terminada el 11 de noviembre de 1785, fue encargada por el cabildo de Quito a Espejo en respuesta a los brotes de viruela, el peor problema sanitario que la Audiencia enfrentaba. Este libro está dividido en dos partes: la primera dedicada a la prevención de la enfermedad y la segunda aborda las dificultades para hacer efectiva su erradicación.


En el texto se recomienda el uso de métodos de eficacia comprobada, apoyados por médicos extranjeros. Entre otras medidas, enfatizaba la importancia de la separación y destrucción de la ropa contaminada y de la higiene personal entre los habitantes. Además, descartó la posibilidad de que la viruela se pudiera transmitir a través de aire contaminado.


Citando a conocidas fuentes extranjeras como el epidemiólogo inglés Thomas Sydenham, sugirió la construcción de centros de aislamiento específicos para el tratamiento de pacientes con enfermedades con riesgo alto de contagio interpersonal.


Por su puesto, la redacción de esta obra fue una oportunidad para criticar la deficiente administración de la ciudad y el libro constituyó un manifiesto que denunciaba el modo como la Audiencia manejaba la sanidad pública.


Ciertas costumbres de la época en Quito, no fueron ajenas a las reflexiones de Espejo, quien observó que hospitales, monasterios e iglesias poseían condiciones de higiene muy deficientes, situación que de acuerdo a Espejo contribuiría a la generación de futuras epidemias.


Entre otras observaciones, Espejo desaconsejaba la costumbre de enterrar a los muertos dentro de las iglesias sugiriendo hacerlo fuera la ciudad en sitios adecuadamente acondicionados. También criticó la administración del Hospital por parte de los Betlemitas, cuestionando sus métodos y servicios.


Dichas críticas no serían tomadas adecuadamente y Espejo perdería mucha de la estima de varios contemporáneos y personajes de la ciudad.


Conocido ya por su carácter analítico y coyuntural, Espejo provocó a las autoridades coloniales, y aunque no hay mucha evidencia al respecto, se le atribuyó autoría de varios carteles satíricos, colocados en las puertas de las iglesias y otros edificios. En este sentido en 1779, Espejo bajo pseudónimo, publicó un manuscrito satírico, El nuevo Luciano de Quito, y luego consecutivamente otros trabajos con trasfondo crítico a los dogmas contemporáneos.


En 1790, Espejo impulsó la fundación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito y en 1791 se establecería su primera sede, mismo año en que Espejo fue elegido director de la primera biblioteca pública, la Biblioteca Nacional, conformada por un considerable número de volúmenes (cuarenta mil) dejados por la orden de los jesuitas tras su expulsión.


El objetivo de la Sociedad fue mejorar las condiciones generales de la ciudad de Quito y para hacerlo sus veinte y cuatro miembros se reunían habitualmente para discutir problemas agrícolas, educativos, políticos y sociales. Uno de los logros destacables de esta sociedad fue la fundación del primer periódico de Quito, Primicias de la Cultura de Quito, publicado a partir del 5 de enero de 1792, hasta que dejó de publicarse tras siete números. Pese a su breve permanencia, a través de este medio de comunicación se pudieron masificar las ideas liberales, que ya se estaban fraguando en otras partes de Hispanoamérica.


Sus obras, geniales textos satíricos y con un fuerte compromiso social, también serían su condena.


Debido a su ideología liberal y que iba en contra de los intereses de la corona y las clases favorecidas, Espejo fue apresado el 30 de enero de 1795, acusado de conspiración y, el 27 de diciembre de 1795, fallece en su hogar a causa de disentería, adquirida durante su cautiverio.

Sin duda la influencia de Espejo en el pensamiento ecuatoriano trasciende a tantas áreas que su legado es imperecedero. Su reflexión tocó temas fundamentales desde el ámbito educativo al promover una nueva pedagogía que no solo imparta conocimientos sino que también forme ciudadanos consientes y comprometidos, hasta el análisis profundo de una realidad donde la pobreza y el abandono de las autoridades eran la norma.


En honor a su historia y legado y por representar una referencia ejemplar, el 21 de febrero, se celebra el Día del Médico ecuatoriano, natalicio de Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, aquel primer galeno del Ecuador cuyo nombre resuena hoy con fuerza, en pos de un porvenir donde la dignidad, la ilustración y la justicia, tal y como lo habría querido Espejo, constituya la norma y no la excepción.


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