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Un dolor anticipado. (Apropósito de la ansiedad)

Actualizado: 2 feb 2023

El árbol quiere la paz

Pero el viento

No se la concede




Carolina Játiva

Psicóloga Clínica

Foro Analítico del Campo Lacaniano Ecuador- En formación




Un Haiku es una construcción poética que se caracteriza por la recreación sencilla de una escena, restos suspendidos en el corte que compone una imagen y una sensación, cuya belleza permanece indemne a la transitoriedad del tiempo y de las cosas.


Entre el suspenso y la incertidumbre de los últimos tiempos, se ha manifestado con mayor habitualidad en el espacio de terapia el discernimiento diagnóstico de Ansiedad, así como de depresión, se ha tornado una presencia que acompaña el relato de la mayoría de quienes se acercan a consulta, y es que ambos criterios muchas veces auto prescritos y otras determinados desde psiquiatría, se imponen como marcas que sitúan un borde al malestar actual; son diversas las versiones en las que circula el padecimiento, sin embargo muchos de nosotros hemos escuchado dolencias tales como: “no logro dormir, me despierto cada hora en la noche o me es imposible conciliar el sueño”, “Me asusta no poder contenerme, desarmarme y llorar”, “siento agobio todo el tiempo, no puedo empezar ni terminar mis proyectos” “cada vez es más difícil sentirme bien con la gente, me retraigo, me irrito, me enfado con gran facilidad o me siento sumamente afectado por sus comentarios”, “no me alcanza el tiempo, corre siempre en mi contra, no puedo huir de mis problemas y no puedo enfrentarlos porque simplemente la vida no me alcanza”.


Cada uno de estos padecimientos testimonia la desesperación que agita el curso del pensamiento, que precipita o inhibe accionares desagregados que no logran concluir el dolor que estos generan; se recrudece la frustración, mantienen una tensión psíquica que fulmina toda perspectiva, la hostilidad que se genera no se disipa, se vuelva en contra. Esta perturbación en la economía psíquica, permite introducir la noción de desvalimiento psíquico, “ (…) el desamparo, en el que el hombre en esa relación consigo mismo (…) no puede esperar la ayuda de nadie” (Lacan, 1960); es en esta condición en donde la angustia puede introducirse como un afecto que no engaña, que es leído como un desborde que el yo no alcanza a tramitar: el psiquismo es un sistema abierto auto organizador en permanente intercambio con lo exterior, la realidad se construye con las percepciones que inicialmente rudimentarias alcanzan a esbozar yo, no yo, placer y displacer, posteriormente el establecimiento de un juicio que se hace recaer sobre el objeto “yo”, permitirá el establecimiento de la realidad objetiva, traducidos en vínculos, encuentros, pérdidas, indefensión, etc. Freud situará en Inhibición, Síntoma y Angustia (1926).


Ahora bien, constituye un importante progreso en nuestra auto preservación no aguardar {abwarten} a que sobrevenga una de esas situaciones traumáticas de desvalimiento, sino preverla, estar esperándola {erwarten}. Llámese situación de peligro a aquella en que se contiene la condición de esa expectativa; en ella se da la señal de angustia. Esto quiere decir: yo tengo la expectativa de que se produzca una situación de desvalimiento, o la situación presente me recuerda a una de las vivencias traumáticas que antes experimenté.

Por eso anticipo ese trauma, quiero comportarme como si ya estuviera ahí, mientras es todavía tiempo de extrañarse de él. La angustia es entonces, por una parte, expectativa del trauma, y por la otra, una repetición amenguada de él (págs. 155, 156)


Es válido situar que los componentes ansiosos que se instalan y son mayormente reconocidos como anticipación al evento, nos remiten a relatos tales como: “y si incluso yo hiciera tal cosa, pasaría tal y eso significaría.. yo quedaría…. Y cae en cascada y de diversas formas, manifestaciones de un tiempo verbal condicional, mismo que nos refiere un uso lingüístico para expresar probabilidades, propuestas, dudas o deseos; como lo señalaba Freud, es resaltable este enunciado, “quiero comportarme como si ya estuviera ahí, mientras es todavía tiempo de extrañarse de él”(1926), de ello se desprende la sensación de irrealidad de situaciones que pese a su presencia insidiosa, aún es posible desmentirla en favor de conservar la angustia con relativa distancia y maniobrar con las cargas psíquicas que ello impone. Podríamos decir, “hacerse el loco al frente al evento” de eso que le implica al yo del sujeto, aún funciona como resguardo psíquico frente al creciente afecto denominado “desvalimiento psíquico”. En esta misma línea, la ansiedad cursa por la ejecución de acciones desagregadas, “hacer de todo”, mismo que tiene por función alejarse del núcleo ansioso, se muestra un exceso nunca reductible de cosas para hacer, o pensar rumiantemente, mientras se busca enterrar en las cimientes, “eso” que ha despertado y no da señas de “encadenarse o dormirse”; en la anticipación ansiosa, se suspende la conclusión de un proceso lógico en un acto, lo mantiene a distancia, se defiende del encuentro en el tiempo haciendo de este movimiento un goce en sí mismo.


Tanto en la desesperación neurótica como en la angustia se produce un precipitando de juicios atributivos (ideación infatuada) y con ello la declinación, renuncia a ejecución de un acto, eternizando un padecimiento que llevaría a considerar que en lugar de tiempo, se instaura una duración absoluta del tiempo que remite a siempre lo mismo, “Como si siempre hubiera sido así, sin posibilidad de corte”, sin posibilidad de auxilio; el padecimiento desprendido se convierte entonces en la vivencia pura de desesperación, en su costado más extremo puede decantarse en el establecimiento de una depresión, inaugurada por un nivel de ruptura de significaciones que se puede comprender precisamente en la unión que hay entre el enigma y la certeza en la angustia¨ (Soler, 2001, pp.26).en otros términos, el borde de la depresión puede hablarse del dolor de vivir como totalidad del ser, pero no dar cuenta de la certeza instalada, pues la misma es el reverso de lo real de la angustia, Freud sugeriría el encuentro con lo ominoso, tan familiar y ajeno al yo, “un horror desconocido a sí mismo” que lo destituye al punto de retraer para sí cierta libido que se resguardará en la fantasía catastrófica de toda posibilidad de movimiento.


Si bien es cierto, este ensayo ha facilitado el acercamiento a los síntomas más francos del desarrollo de un proceso angustioso y depresivo, sin embargo, cada caso permite tomar vías alternas a estas producciones pues es meritorio reconocer que pese al establecimiento de estos padecimientos el “yo”, vasallo organizador, mediador, aún conserva recursos que permiten la tramitación de tales desvalimientos; algunos casos requerirán medicación por el estado de detenimiento doloroso de muchas funciones, no obstante la medicación permite la generación de disponibilidad psíquica para poder abordar el mundo de representaciones comprometidas en afectos que no devuelven posibilidad de otra cosa; a modo de cierre de esta elaboración, se puede dar luces de cierto curso posible para la superación de estos malestares y es que la formación de un juicio conclusivo, que recaiga sobre el liberado de sus execraciones, detendría el desdoblamiento de lo imaginario y se lograría responder a esa falla en lo simbólico, esto implicaría, acompañar al paciente hasta la separación de la certeza y la angustia hasta el cese o re encadenamiento de la producción de ese sentido objetivado.


Sabiendo Gracias a Lacan que, “El acto le quita a la angustia su certeza”, situando que un acto cursa por la palabra, no a modo de anticipación, sino como puesta en marcha de un juicio que atraviese un saber petrificado.



Referencia


Freud, S. (1926). Inhibición Sintoma Y Angustia. Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (1965). La Angustia. En J. Lacan, (págs. 228). Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Schejtman, Godoy. (2009). La nominación, (7-12), Buenos Aires, UBACYT

Soler, C. (2001). Las declinaciones de la Angustia. Buenos Aires. Paidós


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