TRASTORNO EMOCIONAL EN LOS TRABAJADORES DE LA SALUD, EN LA PRIMERA LINEA DE LA LUCHA CONTRA EL COVID

Actualizado: jul 2





Dra. María Gabriela Reinoso Salinas

Médico psiquiatra

Centro Ambulatorio de Salud mental ASLB





El miedo ante la presencia de la pandemia por COVID-19 se extiende al igual que el virus entre la población general y el personal de salud, cuando infecta el miedo, es difícil de salir de él y tiene la capacidad de transmitir al resto. Se puede manifestar con síntomas somáticos como palpitaciones, sudoraciones, temblores, náuseas y síntomas emocionales como la ansiedad al pensar que tienen que volver a su lugar de trabajo.


Añadido a este miedo, el personal de salud presenta frustración al no tener los equipos de protección adecuados, pese a los protocolos que se han implementado a nivel mundial, así como la falta de un tratamiento específico que causa día a día la pérdida de vidas humanas, dando lugar a un sentimiento de pérdida de control ante la situación, creciendo la desesperanza y la incertidumbre; la mayor parte de las veces el personal de salud refiere no tener “miedo” por su vida en el caso de contagiarse durante la atención de un paciente con COVID, pero el panorama cambia cuando se plantean la idea de que podrían llegar a contagiar a sus seres queridos, es ahí cuando se vuelve una angustia constante el retornan a su hogar, sintiendo una sensación de culpa anticipada, en algunos casos han decidido no volver a casa para evitar el riesgo, pero no es fácil esa decisión, iniciando así los primeros síntomas de un estrés agudo.


Otros de los problemas que enfrenta el personal de salud es el estigma de la propia comunidad y la falta de apoyo del Estado, relacionado con la bioseguridad y el exceso de horas de trabajo; son las autoridades que se encuentran en sus sillas y no junto al paciente, los que toman decisiones, sin considerar las recomendaciones u opinión de los profesionales de salud de primera línea, quienes viven a diario las dificultades y la realidad en el manejo de los pacientes en esta pandemia; silenciándolos muchas veces con amenazas judiciales en el caso de existir reclamos o denuncias, dando lugar a una sensación de desamparo en el personal de salud.


En estas circunstancias el personal de salud de primera línea, que tiene una alta demanda de trabajo, limitación en los equipos de protección persona, estrés laboral, contacto directo con el sufrimiento de los familiares de los paciente, dilemas éticos y morales, disminución del personal de salud, debido a contagios y en un peor escenario el fallecimiento de sus compañeros de trabajo, llegan a desarrollar agotamiento físico y mental, o presentan problemas en su salud mental.


Los primeros en caer, son aquellos más vulnerables, con dificultades en su capacidad de resiliencia o con alteraciones mentales previas en su salud mental; manifestándose con ansiedad, impotencia, frustración, miedo, culpa, irritabilidad, tristeza, tendencia al aislamiento, en ocasiones hiperactivididad con el objetivo de tomar más “control” en la atención de los pacientes, aumentando así sus horas de vigilia, sin poder desconectarse de su trabajo, con problemas de insomnio, concentración, memoria, pensamientos e imágenes intrusivas, tendencia al llanto o sensación de irrealidad; a nivel físico puede estar presente dolor del pecho, sudoración excesiva, dolor de cabeza, mareos, problemas gastrointestinales y alteraciones del apetito.


Entre los trastornos mentales que se presentarían son reacciones agudas al estrés, trastornos de adaptación, que si persisten por varios meses puede dan lugar a un trastorno de estrés postraumático, también tenemos el Síndrome de Burnout caracterizado por apatía, sensación de fracaso, irritabilidad, bajo rendimiento, poca comunicación con su compañeros, ausentismo laboral, entre otros, trastornos depresivos, tendencia al consumo de sustancias como alcohol u otras drogas, estos son factores de riesgo que podrían terminar en suicidios, algo que ya se ha visto a nivel mundial entre en el personal de salud, prendiendo las alarmas sobre la presencia de una oleada de trastornos mentales postpandemia.


Se considera que es el momento oportuno de crear dispositivos de apoyo psicológico para el personal de salud, estar atentos a cambios conductuales y emocionales, con un abordaje que considere el tiempo limitado que tiene el personal de salud por la carga de trabajo, muchos no quieren hablar sobre sus emociones y se aíslan; por lo cual lo ideal es empatizar con el personal de salud, explicándoles sobre lo que están sintiendo, como algo esperado ante la grave situación y que no significa ser “débil”. Realizar recomendaciones de autocuidado como descansar el número de horas adecuadas, una correcta alimentación, actividad física, evitar consumo de alcohol u otras drogas, tener un tiempo de calidad al retornar a su hogar, en el caso de estar solos mantener contactos por vías digitales con sus familiares y amigos, importantes fuentes de apoyo; enfatizando que en el caso de sentir que esta molestia sobrepasa su capacidad de manejo busquen ayuda especializada en salud mental. Además, se podría empoderar al personal de salud para que hable libremente sobre los factores estresantes y preocupaciones que tienen que enfrentarse a diario, como es el caso de la justa demanda de la protección para su salud y la de sus pacientes, esto a través de dispositivos digitales anónimos, sin el temor a represalías y que sus necesidades sean gestionadas de forma transparente por las autoridades.


Es así que podemos decir que el personal de salud se encuentra sometido diariamente a preocupaciones, como la falta de equipos de protección, lo que les ha llevado a adquirir su propio material de protección en algunos casos; tomar la dura decisión del aislamiento voluntario, separándose de su familia para así evitar el contagio, pasando verdaderos momentos de soledad. Inclusive pensar en dejar su trabajo por el miedo al contagio o que podría pasar con su familia si algo le sucediera, pero al mismo tiempo se presenta la necesidad de mantener su trabajo por requerir el sustento económica; otra de las preocupaciones son el cuidado de sus hijos, ahora sin escuelas y más horas de trabajo, quienes podrían ayudarlos, empezando así analizar los riesgos para otros familiares.


Debería ser una prioridad del Estado no solo cuidar la salud física, sino también la salud mental del personal de salud, tanto en la fase aguda de la pandemia como a mediano y largo plazo, esto permitirá tener un personal de salud que pueda cumplir su trabajo de forma adecuada, dando todo su potencial.


Se requiere mejores condiciones laborales, como un número adecuado de horas de trabajo, disponer para el personal de salud pruebas diagnósticas de COVID evitando contagiar al resto del personal y a sus familias, la creación de grupos de apoyo psicosocial permanentes con los objetivos de prevenir y contener al personal de salud ante la presencia de alteraciones en su salud mental, permitir que conozcan sus límites, que su bienestar también es importante, que requieren descanso, estar con sus familias, que compartir experiencias y emociones con sus compañeros de trabajo sobre lo que están pasando es una forma de descargar la ansiedad y el miedo.

Con respecto a la comunidad es de vital importancia la educación de la misma con información clara y precisa así evitar conductas que estigmatizan al personal de salud y más bien brindar alternativas de apoyo ante las preocupaciones mencionadas.


Referencias

1. “Prevención de una pandemia paralela: una estrategia nacional para proteger el bienestar de los médicos”, Victor J. Dzau, MD, Darrell Kirch, MD, y Thomas Nasca, MD, DOI: 10.1056 / NEJMp2011027, 13 de mayo de 2020

2. “El miedo y la línea del frente”, N Engl J Med 2020; 382: 1784-1785, 7 de mayo de 2020.

Recomendaciones clínicas para la prevención y manejo de problemas de salud mental en personal de salud en el marco de la pandemia por covid-19”, Instituto de Evaluación de Tecnologías en Salud e Investigación, Lima,abirl-2020

82 vistas

© 2019 Primera revista médica y de la salud ecuatoriana