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Salud mental en adolescentes y personas jóvenes

31 ago
6 min de lectura

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),¹ uno de cada siete adolescentes en el mundo con rango de edad entre 10 y 19 años vive con un trastorno mental. Sin embargo, gran parte de las afecciones que han tenido incremento significativo después de la pandemia por SARS-CoV-2, no son detectadas oportunamente ni recibe tratamiento adecuado La agencia internacional subraya que dentro de este amplio espectro de afecciones mentales, depresión, ansiedad y trastornos del comportamiento figuran entre las principales causas de discapacidad y mortalidad en los adolescentes, además de que el suicidio constituye la tercera causa de defunción a nivel global entre jóvenes de 15 a 19 años de edad y la segunda en aquellos con edades de 10 a 24 años en el continente americano.

 

Salud mental en adolescentes y personas jóvenes

Entre los países de Latinoamérica y el Caribe las tasas de mortalidad por suicidio se sitúan en 6,2 por cada 100.000 habitantes, mientras en México estos casos han ido en aumento durante las últimas tres décadas, ya que la tasa estimada entre jóvenes de 15 a 29 años pasó de 8,1 fallecimientos por cada 100.000 personas en 2015 a 10,4 defunciones por la misma cantidad de población en 2021, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

 

Casos recientes de jóvenes que han agredido y causado el fallecimiento de compañeros de aula, docentes u otros miembros de su comunidad antes de quitarse la vida o intentos suicidas en diversas entidades del país han puesto los reflectores sobre esta conducta, asociada con factores de riesgo, como algunas enfermedades mentales, consumo de sustancias y experiencias adversas durante la infancia, así como condena social y estigmatización que obstaculizan la pronta detección y atención.

 

Esto sucede en el contexto de un aumento constante en la tasa de decesos autoprovocados en el continente americano, especialmente Norteamérica, que fue la única región del mundo donde esta no ha logrado reducirse, pues mostró aumento de 17 % entre 2000 y 2021, según cifras de la Organización Panamericana de Salud (OPS).²

 

Sin embargo, para Paulina Arenas Landgrave, doctora en psicología, docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y especialista en evaluación y manejo del comportamiento autolesivo y suicida en población infantil y juvenil, las cifras deben tomarse con cautela, ya que sigue existiendo importante subregistro de suicidios en nuestro país (México) debido a las dificultades para detectar y dar seguimiento a estos casos.

 

Estos números son un indicador muy lejano de lo que realmente sucede, pues hay gran nivel de subreporte en las Américas y en algunos países como México, en los que no se registran todos los casos. Además, hemos observado que si bien la mayoría de fallecimientos por suicidio ocurre en hombres, al desglosar por grupos de edad notamos que ya comenzaron a registrarse en niños desde los diez años, además de que las adolescentes han mostrado mayor tendencia al suicidio que los adolescentes en los rangos de 11 a 14 años ". 

 

El continente americano fue el único que no logró la meta establecida por la OMS de reducir las tasas de mortalidad por suicidio y aunque este no se encuentra entre las primeras diez causas de mortalidad en México, no deja de ser un problema de salud pública preocupante que requiere coordinar nuestros esfuerzos para detectar a las personas en riesgo, señaló la Dra. Carolina Santillán Torres Torija, maestra y doctora en psicología, profesora-investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM, y supervisora académica de la estrategia Crisis, Emergencias y Atención al Suicidio de la misma universidad. Santillán destacó que en México y en todo el mundo un foco especial de atención se centra en los varones, ya que son quienes más frecuentemente fallecen por suicidio en su primer intento en comparación con las mujeres y también quienes más recurren al uso de sustancias para regular el malestar emocional y al mismo tiempo los que menos se acercan a los Servicios de Salud en general y de Salud Mental en particular.

 

Asimismo, puntualizó que, a diferencia de otras poblaciones, en el caso de los estudiantes que cursan el bachillerato o una carrera en la UNAM el número de experiencias adversas en la infancia, así como la exposición a eventos estresantes o potencialmente traumáticos es mucho más alta debido a las condiciones sociales que regularmente enfrentan ellos y sus familias. 

 

Explicó que con base en los exámenes médicos que se practican al alumnado y otros indicadores internos de la institución, se sabe que cada semestre al menos dos estudiantes tienen que ser hospitalizados por presentar un trastorno mental grave.

 

Aclaró que esta situación en conjunto con ciertos determinantes biológicos y factores genéticos puede detonar conductas de riesgo entre esos jóvenes:

 

Entre los 15 y los 24 años de edad aparecen algunos trastornos mentales graves, como psicosis y esquizofrenia, que también es más común en hombres, así como trastornos de ansiedad, de personalidad y depresión. Esto representa un gran desafío para los Servicios de Salud, sobre todo si se trata de estudiantes procedentes de contextos sociales desfavorables, quienes realizan una labor verdaderamente heroica para tratar de vencer los obstáculos sociales que enfrentan.

 

Un análisis reciente realizado por expertos del Centro de Estudios Avanzados sobre Prevención de la Violencia del Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México aplicó una encuesta a un total de 7.325 adolescentes mexicanos en edad escolar para medir la relación entre experiencias adversas en la infancia, síntomas de problemas de salud mental y conducta suicida.³

 

Ochenta y siete por ciento de los participantes, con edad promedio de 16 años y en su mayor parte (60 %) mujeres, reportó haber tenido al menos una experiencia adversa en la infancia; 13 % síntomas de al menos un trastorno de salud mental y 10 % conducta suicida. 

 

Los autores encontraron que los predictores de conducta suicida relacionados con trastornos de salud fueron problemas de conducta (odds ratio [OR]: 5,67), síntomas de depresión (OR: 3,27), trastorno obsesivo-compulsivo (OR: 2,11), problemas somáticos (OR: 1,98) y trastorno por déficit de atención/hiperactividad (OR: 1,69). Los predictores relacionados con experiencias adversas en la infancia fueron: sufrir violencia sexual (OR: 2,53), violencia física (OR: 2,21), negligencia (OR: 2,05), acoso escolar (OR: 2,10) y tener un familiar con un diagnóstico de salud mental (OR: 1,35). 

 

El análisis reveló efecto acumulativo de las experiencias adversas durante la infancia y los trastornos de salud mental, que en conjunto aumentaron significativamente el riesgo de suicidio hasta 78 veces (OR: 78,08). Los investigadores señalan que la identificación de dichos factores de riesgo puede contribuir a la detección: "Abordar estos problemas desde la perspectiva del modelo ecológico nos brinda mayores posibilidades de detectar a los adolescentes en riesgo. Las intervenciones tempranas pueden ayudar a reducir la carga de enfermedad y los costos para individuos, familias, comunidades y sociedad".

 

Santillán mencionó que hay dos grandes tendencias observadas en los decesos por suicidio: las que transcurren lentamente, asociadas con depresión y sentimientos de desesperanza, así como las trayectorias fluidas que hacen pasar a una persona que nunca había tenido ideas suicidas a ejecutarlas rápidamente cuando tiene los medios. En ese sentido, enfatizó que más allá de los factores biológicos y genéticos, debe reconocerse la importante influencia del entorno social en el surgimiento de pensamientos y comportamientos suicidas.

 

Es importante apostar, por un lado, a la detección temprana de factores hereditarios que hacen expresarse estos trastornos mentales, pero al mismo tiempo considerar condiciones sociales como corrupción, brecha en el acceso a la salud, falta de oportunidades laborales e insuficiencia de acceso de los jóvenes a actividades deportivas y culturales que les dan sentido de pertenencia e integración.

 

La investigadora destacó la necesidad de seguir impulsando, entre otras medidas, programas de detección y apoyo como Guardianes para la prevención del suicidio, basado en un modelo teórico de conductas enfocadas a la salud que comenzó a desarrollar junto con otros expertos desde 2017 para brindar información adecuada sobre salud mental, motivación y habilidades conductuales a las personas en riesgo.

 

Arenas sostuvo que es necesario mirar los modelos de intervención en emergencias basados en evidencias que han funcionado en otros países, así como fortalecer los recursos de apoyo psicológico a distancia, como la Línea dela vida de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones: "Las líneas de la vida y de apoyo a distancia son las principales estrategias a nivel de políticas de salud pública que deberían fortalecerse. Gran parte del problema en nuestro país es que todavía son muy deficientes, pues el personal no tiene la formación y entrenamiento adecuados para atender a las personas desde modelos basados en evidencia científica. Este sigue siendo el principal reto". 

 

Subrayó la necesidad de abordar la mortalidad por suicidio no solo desde una perspectiva individual, sino en su contexto social con base en aproximaciones desde el análisis de la conducta que permitan entender por qué y en qué circunstancias se generan las ideas suicidas.

Los factores de riesgo deben verse con base en este enfoque. Tenemos que mirar el contexto específico de la persona e identificar los desencadenantes que pueden detonar este tipo de ideas, emociones y conductas encaminadas a hacerse daño. La mortalidad por suicidio es un problema que nos compete a todos, pero al mismo tiempo todos somos parte de la solución, no es algo ajeno a la sociedad.

 

Referencias

 

  1. La salud mental de los adolescents. Publicado el 1 de septiembre de 2025. Consultado en versión electrónica. Fuente

  2. América, la única región del mundo donde crece el suicidio. Publicado el 10 de septiembre de 2025. Consultado en versión electrónica. Fuente

  3. Casas-Muñoz A, Velasco-Rojano EA, Rodríguez-Caballero A, Prado-Solé, Älvarez MG. ACEs and mental health problems as suicidality predictors in Mexican adolescents. Child Abuse Negl. Abr 2024:150:106440. doi: 10.1016/j.chiabu.2023.106440. PMID: 37684115. Fuente

  4. Santillán CTT, Suárez JOO. Entrenamiento en Guardianes para la prevención del suicidio en estudiantes. Revista Digital Universitaria. Nov-Dic 2023;24(6):1-13. Fuente

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