La caída de los astros

Actualizado: may 1







Carolina Játiva

Psicóloga Clínica

Foro Analítico del Campo Lacaniano- Ecuador (En formación).








Nos despertamos en este mundo diminuto bajo un manto de estrellas, como un bebé abandonado en un portal sin una nota que explique nuestro origen, quiénes somos, ni cómo surgió nuestro universo, y sin la menor idea de cómo terminar con nuestro aislamiento cósmico tuvimos que dilucidarlo nosotros mismos. Nuestra mayor ventaja fue nuestra inteligencia al reconocer patrones afinados a través de eones de evolución (…) Los cometas eran portentos de perdición no importaban si quienes observaron eran babilonios, griegos, hindúes, aztecas, chinos la única diferencia era la naturaleza precisa del desastre por venir. “Des-astre” del griego que significa mala estrella (…). Somos buenos para encontrar patrones incluso cuando estos no existan, a eso se le llaman reconocimiento falso de patrones, ansiamos la relevancia, buscamos señales de que nuestra existencia personal tiene un sentido especial (Neil Degrsse Tyson, Cosmos).

Así como tornamos familiar lo desconocido, la historia de la humanidad nos habla también de como volvemos desconocido lo familiar, ya sea en la adquisición de habilidades y herramientas, en la conquista de continentes, en la caída de imperios, en el resurgimiento de naciones o en la muerte de los dioses; hoy por hoy, también nos convoca la caída de los ideales, astros que en su tiempo cobijaron el actuar de pueblos, naciones, de hombres.


Podemos designar como ideal a todo conjunto de creencias que organizan y orientan acciones, los ideales son marcas en la historia que sostienen la existencia de cada sujeto, sin embargo cabe reconocer que de ellos no se desprende un inconsciente colectivo sino que, por la formulación de ficciones colectivas, sean relatos míticos, leyendas o cuentos, estos conducen dichos y con ello opera cada inconsciente. Las ficciones transfiguran el pasado y proponen un futuro, y como efecto de su presencia el cuerpo es atravesado por los ideales, los pies tocan el suelo gracias a los sueños, religiones.


No future!. Cuando sueño con cambiar el mundo, me quedo sin armas. Cualquier protesta es vana si ignoro cuál es la orientación de la historia y, realmente, esto se me escapa. Ya no entiendo más lo que pasa en los cuatro puntos del planeta: el horizonte parece una pared y el futuro resbala” (Pommier, 2000, pp.9). Estas son las líneas introductorias con las que Pommier en el año 2000 abre la discusión sobre la caída de los ideales, ya sea la libertad, la felicidad o la esperanza de un mundo mejor y una vida tranquila; se abandonan, a razón de los fallidos encuentros con una tierra prometida que se evapora al ser conquistada, o porque ningún hombre puede decir que conoció edén alguno, el mundo posmoderno los desacredita, ya no se cree en ellos “El hoy ya no aprende de las lecciones de ayer para soñar con un final edénico o con un final sin fin…


Cada uno de nosotros, privado de un ideal transmisible, se comporta como si fuera el último hombre” (Pommier, 2000). ¿A la actualidad, la ausencia de un ideal constituye un nuevo ideal?, claramente no, sin embargo intentamos recrear algo de esta relación con la historia en al menos dos versiones, traducibles en: no querer nada del mundo, o atenerse a la realización en el “ser productivo”, ambas dimensiones se encuentran en el punto de privación de la subjetivación de la historia propia, dejando como efecto la instalación de un destino como condena que irrumpe y se generaliza, el tiempo pierde consistencia y se anticipa a los hechos, se suspenden los juicios porque pensar en el mañana enmarca el sentimiento de nostalgia de lo que tampoco ayer se encontró, tanto en el objetivo de no querer nada como en el supuesto de trabajar para tenerlo todo, se excluye al sujeto mismo, quien queda cuál turista en el museo de su propia existencia.


Sin embargo, la trama sufriente del hombre actual se agudiza, en todas partes se muestra lo que es la felicidad, solo requiere descargarse Facebook, instagram, tinder, sino se sabe cómo ser feliz estas aplicaciones de seguro promoverán unas cuantas palmadas desmotivadoras, en tanto intentan suplir la ruptura con la intimidad de nuestra desproporción, operan en el “como si” de los cuentos de hadas, opera en el “habla una vez ..."Un hombre, una mujer, un niño, una niña… cuyo relato se coarta antes de alcanzar el peso de un cuerpo que camina en la realidad, de eso que espectar videos de transformaciones corporales es menos arriesgado que advenirse a una.