Hipertensión y preeclampsia en embarazadas con COVID-19

Actualizado: abr 1


Los trastornos hipertensivos del embarazo ocurren en 10% a 15% de todos los embarazos y son la principal causa de morbilidad y mortalidad materna y perinatal en todo el mundo.


En un estudio retrospectivo presentado en el Congreso Anual de Embarazo de la Society for Maternal-Fetal Medicine (SMFM) 2021, en enero pasado, la COVID-19 durante el embarazo se vinculó a incremento significativo del riesgo de hipertensión gestacional y preeclampsia, en comparación con el embarazo en personas sin COVID-19.


Aunque no está claro qué es lo que causa las enfermedades hipertensivas del embarazo, es posible que el estado de inflamación aguda con que cursa la COVID-19 pueda desencadenar o exacerbar la enfermedad hipertensiva del embarazo. Esto no fue para nada sorprendente, dado que se ha implicado la inflamación en la patogenia de los dos trastornos hipertensivos del embarazo y la COVID-19 y, por tanto, se pueden exacerbar entre sí, indicaron los investigadores.


Los autores llevaron a cabo un análisis retrospectivo de historias clínicas de 1.715 pacientes que tuvieron un embarazo de producto único, que fueron objeto de pruebas sistemáticas de secreción nasal mediante reacción en cadena de la polimerasa al ingreso al servicio de obstetricia del centro asistencial entre marzo y junio de 2020. Los investigadores excluyeron pacientes con antecedente de hipertensión crónica.


En general, 10% de las pacientes resultó con prueba positiva para COVID-19 (n = 167) y 90% resultó negativo (n = 1.548). Hubo varias diferencias al inicio entre los grupos. Las que resultaron positivas en las pruebas por lo general eran más jóvenes, con edad promedio de 28 años, en comparación con edad promedio de 31 años para el grupo que resultó negativo en las pruebas. El grupo con resultados negativos en las pruebas también tuvo proporción más alta de madres de 35 años y mayores (p < 0,01).


Hubo diferencias significativas en la conformación racial de los grupos. La mitad de las pertenecientes al grupo positivo para COVID-19 informó que su grupo racial era "otro".


Los investigadores definieron la hipertensión gestacional como presión arterial sistólica ≥ 140 mm Hg o presión arterial diastólica ≥ 90 mm Hg en dos ocasiones a intervalos mínimos de 4 horas. Para un diagnóstico de preeclampsia se requirió elevación de la presión arterial (utilizando la misma definición que para hipertensión), así como proteinuria, caracterizada por un cociente proteína/creatinina ≥ 0,3 mg/dl o ≥ 300 mg de proteína en una muestra de orina de 24 horas. Para el diagnóstico de preeclampsia con manifestaciones graves eran necesarias anomalías de laboratorio especificadas de antemano, edema pulmonar o síntomas de cefalea, cambios en la visión, dolor torácico, disnea o dolor en el hipocondrio derecho.


Más del doble de pacientes con COVID-19 tenía un trastorno hipertensivo del embarazo (17,9%), en comparación con las que resultaron con negatividad en las pruebas (8,4%). Las pacientes con positividad para COVID-19 tuvieron significativamente más probabilidades de hipertensión gestacional y preeclampsia sin manifestaciones graves que quienes resultaron negativas. Las tasas de preeclampsia con manifestaciones graves no fueron significativamente diferentes entre los grupos.


La gravedad de la enfermedad hipertensiva no fue diferente entre los grupos. Las limitaciones del estudio incluyeron su diseño retrospectivo, el número pequeño de pacientes con positividad para COVID-19 y el hecho de que se realizó en un solo centro en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, la población del estudio fue diversa y se llevó a cabo durante el pico de infecciones en el epicentro de la pandemia de COVID-19.


Los especialistas indicaron que los hallazgos exigen que los médicos se mantengan expectantes en torno a la evaluación de la enfermedad y los trastornos hipertensivos en pacientes que resulten positivas en las pruebas de COVID-19.


Además, a estas mujeres hay que informarles sobre los trastornos hipertensivos y los síntomas comunes a fin de facilitar el diagnóstico y el tratamiento oportunos. Consideran que esto es de especial interés en las mujeres que no están gravemente afectadas por COVID-19, ya que estos cambios pueden ocurrir mientras se someten a cuarentena o se vigilan a distancia.


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