“El COS, una vergüenza que no puede ser elevada a la categoría de ley”

Actualizado: sep 10







MSc. Iván Cevallos Miranda

CIRUJANO GENERAL - FACS








Me preocupó sobremanera encontrarme con una "hashtag" que asocia la discusión del Código Orgánico de la Salud con un supuesto veto a la salud como tal. Me invade la angustia porque veo a colegas jóvenes, inteligentes, inmersos en tan absurda campaña y concluyo que es fruto del desconocimiento, de la falta de una lectura profunda e integral de la ley, del sumarse a lo políticamente correcto que, por desgracia, está repartido entre dos extremos radicales, ambos peligrosos. Nos han puesto a discutir sobre emergencia obstétrica, cannabis, DETERMINACIÓN (no REASIGNACIÓN) de sexo y maternidad subrogada, como si eso fuera todo el problema, sin argumentos sólidos, con desinformación e incluso con mala fe.

Eso ha distraído la opinión médica y por eso hay voces que defienden el COS: porque no han mirado el resto. Porque no les importa las consecuencias que devienen de una ley mal concebida y peor nacida.

Empecemos por hacer notar que no se establece cuál es el sistema de salud que aplicaremos. ¿Será totalmente gratuito, compartido, limitado, amplio, público, privado, mixto? No lo dice, no incursiona en el tema porque sería necesario un debate amplio -INDISPENSABLE- que implicaría reformas constitucionales, pero que hay que discutirlo porque la gratuidad es una farsa, la oportunidad es tardía, la integralidad resulta fraccionada y la calidez termina siendo calentura entre las sábanas. El sistema colapsará tarde o temprano porque la gratuidad termina subvencionando a los pudientes y no favoreciendo a los pobres. Con una simplonada sin nombre se define al pomposo Sistema Nacional de Salud a través de una estrategia: el MAIS, Modelo de Atención Integral de Salud, formato espantoso que convirtió al médico en burócrata llenador de formularios y de carácter avinagrado por la frustración de no poder ofrecer la atención profesional para la que está formado.

Pero hay quienes dicen que "es preferible una ley mala a ninguna ley". Les hago acuerdo que existe la Ley Orgánica de Salud, vigente hasta que sea reemplazada. De manera que no es verdad que no haya ley.

Otros sostienen que el COS despenaliza la práctica médica. Falso. Lean el artículo 103: "Los profesionales de la salud responderán por sus actuaciones en el ejercicio profesional CONFORME LO DISPUESTO EN ESTE CÓDIGO Y DEMÁS LEYES APLICABLES".

Es decir, a las instancias civil y penal, le han añadido una nueva fuente sancionadora, la administrativa, que cuenta -nada más ni nada menos- con 174 causales de sanción, muchas de ellas un verdadero monumento al absurdo. Es más, revisen el numeral 2 de la disposición reformatoria 7 relacionada con el Código Orgánico Integral Penal, cuando trata sobre el famoso informe técnico al que se atribuye la posibilidad mágica de cambiar el rumbo de la acción de la Fiscalía: "En caso de que dicho informe no se remita en un plazo razonable, SE DEJARÁ CONSTANCIA EN EL EXPEDIENTE Y SE PROSEGUIRÁ CON LA INVESTIGACIÓN PENAL." Es decir, se reconoce expresamente que el ámbito penal subsiste, igual que el civil, porque son dominios diferentes. ¿Cuál despenalización pues? Falso, no hay tal.

Hay una transferencia de responsabilidades muy complejas al médico, como el tener que decidir sobre el tratamiento a un menor de edad si los padres están en disputa de la tutela (artículo 14). La norma se entromete en las decisiones privadas cuando pretende "determinar la utilidad" de la tecnología en el Sistema NACIONAL de Salud (o sea todos, públicos, privados, autónomos, etc.), tal como consta en el artículo 46 numeral 17. A la vez que compra servicios a los profesionales privados, el MSP, el comprador, decide y regula cuánto pagará (artículo 46, numeral 14).

El artículo 63 legaliza el asalto a los fondos de salud del IESS; el 94 determina que las universidades deben pagar a los hospitales por las prácticas de sus estudiantes (lo cual encarecerá la educación médica, porque el precio se trasladará al estudiante); los artículos 98 y 99 subordinan las leyes nacionales ante normas extranjeras, privilegian a los profesionales extranjeros y por lo tanto discriminan al médico ecuatoriano, al que sí se le exige el año comunitario. Espíritu de mitayos.

¡Ah, las perlas no faltan! Según el artículo 12 un paciente se puede negar "parcialmente" a la realización de un tratamiento (solo saque los cálculos, pero no la vesícula) o de un estudio (acepto la tomografía, pero solo del ombligo para abajo). Nadie puede sacar una verruga con anestesia local porque la anestesia (así, sin discriminar) solo puede ser administrada por un anestesiólogo (artículo 80) y en una población en la que el obstetra está de vacaciones y a las 3 de la madrugada hay que hacer un curetaje por hemorragia o una cesárea por sufrimiento fetal, el cirujano capacitado para resolver el caso debe llamar al Ministro o Ministra de Salud para que "bajo su responsabilidad se autorice" la realización del procedimiento (artículo 78). Como la historia nos ha demostrado, ministra puede ser una licenciada en Historia o una mórula cuyo único contacto con un hospital fue el internado rotativo. ¿Cómo harán estas pobres criaturas para comprender, asimilar y decidir? Y así sucesivamente, atrocidad tras atrocidad.

Algunas cosas buenas hay, como en todo. Pero la redacción es tan paupérrima que la norma se torna incomprensible, contradictoria, ambigua y, por ende, abre grandes ventanas para lo discrecional. La ortografía retrata a sus autores. La sintaxis parece asesorada por un gringo mochilero de paso por esta ínsula. ¡Una vergüenza! Eso es el COS, una vergüenza que no puede ser elevada a la categoría de ley bajo el supuesto que se cobija en el "más luego puede ser arreglada", porque sería remendar una cobija que ya está llena de parches. Una aberración en muchos aspectos que, si queremos cambiarla luego, será muy difícil porque requerirá el voto conforme de la mayoría legislativa y, sobre todo, porque se tornará imprescindible que en la Asamblea exista gente capacitada para entender la importancia técnica de una ley que regula nada menos que la salud de los ecuatorianos. Y eso, por la experiencia de los últimos 14 años, es pedirle peras al olmo.

Personalmente creo que el veto total es la ruta correcta, para sentarnos a trabajar construyendo una norma apropiada que reemplace a este bodrio controlador y unívoco, el cual le deja a Stalin y a sus seguidores como amebas comparados con nuestros cabezones criollos. Aspiro a que los "milenials" del #lasaludnoseveta y los ya mayores del "mañana lo arreglamos", comprendan que esta basura no merece ser defendida ni por estar en la onda del ultrismo militante ni porque aparentemente favorece a los médicos. Una ley de salud solo debe ser apoyada si responde a los intereses de todo un país, sin que interfieran golpes de pecho, moralismos, esnobismos ni privilegios.

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