DESAFÍOS PARA EL NUEVO MINISTRO

Actualizado: 1 sept





Pedro Isaac Barreiro, MSP







La designación del doctor José Ruales Estupiñán como Ministro de Salud es un verdadero acierto del actual gobernante. Su formación académica y su experiencia en el complejo universo de la Salud Pública pueden constituirse en un importante apoyo sectorial para la consecución del permanente y ansiado objetivo de gobernantes y gobernados, que bien puede resumirse en cuatro palabras: bienestar de la población.


Y debe tenerse presente que si bien es verdad que la salud -mejor dicho, la buena salud- es, desde los inicios de la humanidad una aspiración permanente de la especie humana, no se debe perder de vista que ésta es producto de innumerables condiciones y factores en permanente transformación, cuyo accionar y control no dependen de una sola institución inmersa en la compleja y dinámica estructura social. Solamente como ejemplo, reflexionemos -aunque sea superficialmente- acerca del impacto que sobre la salud de una familia tiene la desocupación, el desempleo y la imposibilidad de realizar una actividad productiva.


La salud de los miembros de esa familia, muy probablemente mal alimentada, y con limitado acceso a un sistema educativo de probada calidad, se encuentran en permanente riesgo de enfermar y de morir, riesgo que, además, se incrementa por su vulnerabilidad frente los agentes de variada índole que existen en su entorno, especialmente aquellos de carácter infeccioso y contaminante.


Para enfrentar una realidad como la descrita, ¿será suficiente la inmediata atención médica? ¿bastarán los efectos terapéuticos de los medicamentos? ¿habrá que construir más hospitales y equiparlos con tecnología de reciente generación?

No voy a aventurar una respuesta, pero parece obvio que el esfuerzo para mejorar la salud de una población rebasa, con creces, las atribuciones y los recursos del Ministerio de Salud, hoy presionado no solamente para abastecer de medicamentos a sus unidades operativas; sino también para, de manera urgente, incrementar los porcentajes de vacunación contra el Coronavirus; recuperar los niveles eficaces de inmunización contra las enfermedades de la infancia; fortalecer el primer nivel de atención; reducir la desnutrición crónica infantil; replantear la pesada estructura orgánica y funcional del ministerio; controlar la propaganda y el consumo de productos farmacéuticos innecesarios; supervigilar y controlar los procesos de adquisición de todo tipo de bienes necesarios para cumplir con sus responsabilidades, etc., etc.


Para el efecto, la institución ministerial desarrollará su accionar dentro del marco del Plan Decenal de Salud 2022-2031 cuyos cinco principales objetivos: equidad en salud; promoción de la salud; salud preventiva; atención oportuna y de calidad; sistema de salud integrado y eficiente, incluyen buena parte de los temas mencionados en los párrafos anteriores, pues está probado que el fomento y protección de la salud, la prevención de la enfermedad, la adquisición de hábitos beneficiosos para la salud, la educación permanente para desincentivar el consumo de productos industrializados promocionados como “alimentos”, la promoción de la actividad física y la recreación saludable, requieren no solamente del esfuerzo aislado del Ministerio de Salud, sino también de la participación obligatoria, de las demás instituciones del Estado, especialmente de los ministerios de Educación; del Ambiente, Agua y Transición Ecológica; de Inclusión Económica y Social, y, por supuesto, del Ministerio de Economía y Finanzas.


Para el efecto, es indispensable la reactivación inmediata y el fortalecimiento del Sistema y del Consejo Nacional de Salud para poder materializar, de manera progresiva, los objetivos del mencionado Plan Decenal de Salud y lograr la transformación de todo el sector a fin de garantizar no solamente la cobertura universal y el acceso equitativo a los servicios de salud, sino, para comenzar a construir un nuevo paradigma en el que la salud colectiva y el bienestar individual no dependan exclusivamente del acceso a servicios públicos de salud y de la disponibilidad y acceso a medicamentos, cuya importancia no está en discusión, pero que al considerarlos como una primera prioridad, han contribuido a distorsionar la distribución de los, siempre insuficientes recursos estatales, en detrimento de los programas destinados a fomentar y preservar la salud de la población.


Este gigantesco desafío en beneficio de la salud colectiva, requiere de un firme e indispensable paso inicial por parte de la Autoridad Sanitaria Nacional: recuperar la credibilidad institucional, mediante la verificación de la idoneidad de los servidores destinados a ocupar los puestos directivos del ministerio, tanto del nivel central como de las zonas, distritos y circuitos de todo el territorio nacional. Si el señor ministro lo hace, habrá dado un paso trascendental para erradicar el cáncer de la corrupción y la ineficiencia que llena de vergüenza y carcome las bases fundamentales de la convivencia y de la paz ciudadanas, sin las cuales la salud y el bienestar de la población seguirá siendo un lejano e inalcanzable objetivo.




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