COVID-19: SINDEMIA O PANDEMIA

Actualizado: 2 de dic de 2020


Históricamente, las pandemias se han desarrollado de manera desigual con tasas más altas de infección y mortalidad entre las comunidades más desfavorecidas, particularmente en países con mayor desigualdad social.¹’ ²

Varios estudios han confirmado que hubo desigualdades significativas en la pandemia de influenza española de 1918. La literatura internacional demuestra que existían desigualdades en las tasas de prevalencia y mortalidad: entre países de altos y bajos ingresos, barrios más y menos ricos, grupos socioeconómicos más altos y más bajos y áreas urbanas y rurales. Por ejemplo, India tenía una tasa de mortalidad 40 veces mayor que Dinamarca y la tasa de mortalidad era 20 veces mayor en algunos países de América del Sur que en Europa.³ En Noruega, las tasas de mortalidad fueron más altas entre los distritos de clase trabajadora de Oslo;⁴ en los EE. UU., eran más altos entre los desempleados y los pobres urbanos en Chicago,⁵ y en Suecia, había desigualdades en la mortalidad entre las clases ocupacionales más altas y más bajas, particularmente entre los hombres.⁶

Se ha demostrado también la existencia de desigualdades en la pandemia de influenza H1N1 2009. Por ejemplo, a nivel mundial, México experimentó una tasa de mortalidad más alta que la de los países de ingresos más altos.⁷ En términos de desigualdades socioeconómicas, la tasa de mortalidad por H1N1 en los barrios más desfavorecidos de Inglaterra fue tres veces mayor que en los menos desfavorecidos.⁸ También fue más alta en las áreas urbanas que en las rurales.8 De manera similar, un estudio canadiense en Ontario encontró que las tasas de hospitalización por H1N1 se asociaron con un menor nivel educativo y con vivir en un vecindario de alta privación.⁹

La evidencia de una variedad de países sugiere que estas desigualdades se reflejan hoy en día en la pandemia COVID-19. Estas desigualdades han surgido a través de la naturaleza sinémica de COVID-19, ya que interactúa con las desigualdades sociales existentes en las enfermedades crónicas y los determinantes sociales de la salud, y las exacerba.

COVID-19 ha puesto al descubierto las desigualdades sociales, económicas y políticas de larga data. Antes de la pandemia de COVID-19, la esperanza de vida entre los grupos más pobres ya estaba disminuyendo en el Reino Unido y los EE. UU. Las desigualdades en salud en algunos países europeos han aumentado durante la última década.¹

Parece probable que se produzca una recesión económica mundial posterior al COVID-19, lo que podría empeorar la situación de la equidad en salud, especialmente si se vuelven a implementar políticas de austeridad que dañan la salud. Es vital que se den las respuestas correctas de política pública (como expandir la protección social y los servicios públicos y perseguir estrategias de crecimiento verde inclusivo) para que la pandemia COVID-19 no aumente las desigualdades en salud para las generaciones futuras. La salud pública debe "ganar la paz" al igual que la "guerra".

Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, en cambio, Nueva Zelanda pasó a su nivel de alerta más bajo. Esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

Richard Horton, en un editorial de la revista científica The Lancet. indica que "Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno", pero la historia del covid-19 no es tan sencilla. Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social. El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social. Estas condiciones exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo. Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90, para explicar una situación en la que "dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades". "El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

En el caso del covid-19, este interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y se ve un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas.

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