Covid-19: Saberes populares, actitudes y prácticas

Actualizado: oct 1





César Paz-y-Miño







Desde la descripción de la enfermedad causada por el virus SARS Cov-2 o conocido como Covid-19, se generaron muchas dudas en la población general. El conocimiento científico que normalmente es restringido a las personas que trabajan o desarrollan la ciencia, en poco tiempo fue asimilado por la población y el acceso a información sobre el Covid-19 fue muy insistente y fuerte en los medios, por lo que la población tenía acceso a lo que ocurría con la pandemia y cómo se comportaba el virus.

Pero el conocimiento científico rápidamente fue invadido por el conocimiento pseudocientífico o, peor aún, por el no científico. Al ser una enfermedad y patógeno desconocido, aparecieron diversos mitos sobre el Covid-19.

El primer mito fue el de la conspiración; quienes tomaron la bandera de esta teoría hablaban de que el virus fue creado por un laboratorio chino y diseminado intencionalmente en la población. La finalidad de esta contaminación provocada no está muy clara en esta teoría ya que la afectación directa de esta "mala intención" fue la propia población china y posteriormente la población mundial, hasta llegar a convertirse en una pandemia.

La teoría de la conspiración en algún momento tomó fuerza política y geopolítica al punto de que el mandatario estadounidense dejó entrever que efectivamente este nuevo coronavirus fue creado en un laboratorio. Pero en el proceso de desacreditación a China, apareció también la posibilidad de que un laboratorio estadounidense y uno canadiense podían estar implicados al haber aportado en los estudios que crearon el virus nuevo. Pronto la teoría de la conspiración perdió credibilidad y fue descartada entre otras cosas, porque los estudios del genoma del virus, al comparárselo con virus similares como el SARS-COV-1, el MERS y otros Coronavirus de murciélagos, mostraron que el genoma era muy similar, sin indicios de haber sido manipulado genéticamente; en conclusión, el virus es de origen natural.

Instaurada la pandemia, se provocó un colapso de los sistemas de salud mundiales. En mayor o menor grado, se tuvo que improvisar hospitales y construir nuevos, planificar la aparición de una oleada de enfermos y muertos antes no vista, producida por un bicho terrible. Pronto surgieron las soluciones terapéuticas formales: hidroxicloroquina, antivirales, antinflamatorios, anticoagulantes, corticoides, plasma de personas recuperadas y algunas otras.

Los costos altos de los tratamientos formales, así como el acceso limitado a la medicina formal de grandes grupos poblacionales, y la discriminación e inequidad en la atención de salud, volcó a las personas a las medicinas alternativas, a los conocimientos populares, a la pseudociencia y a las prácticas no científicas, con la meta de curarse y salvar la vida.

En el Ecuador esto no ha pasado desapercibido. La composición étnica especial de los pobladores del país, así como su comportamiento cercano a la medicina ancestral y a la medicina popular, muestran un incremento en el uso de los saberes alternativos.

La población ecuatoriana tiene un origen trihíbrido: Nativoamericano, Caucasoide y Afrodescendiente. Cada uno de estos grupos tienen diferentes formas de interpretación y enfrentamiento a la enfermedad, y cada grupo tiene diversos saberes sobre el proceso salud-enfermedad, que les hace tener comportamientos diversos. Se ha observado que la distribución de la población a grandes rasgos podríamos afirmar que los mestizos viven principalmente en zonas urbanas del país, mientras los amerindios y afrodescendientes tienden a habitar en zonas rurales.

Los diversos escenarios de vida también están regidos por tradiciones muy arraigadas, que influyen en el acceso a los servicios de salud. Un análisis previo identificó que la población que vive en distritos suburbanos y los chamanes de comunidades indígenas, tienen poca información sobre la medicina convencional, por lo cual derivan sus prácticas a la medicina formal, pero siempre practicando sus curaciones populares y ancestrales. El caso del Covid-19 es especial; al no tener tratamiento efectivo en la mayoría de los pacientes afectados que evaluamos, y que pertenecen a los diversos grupos étnicos, observamos que acuden a las prácticas de medicina alternativa.

En un estudio que realizamos en el Centro de Investigación Genética y Genómica, de la Universidad UTE, aplicando una encuesta de 95 preguntas que incluían datos clínicos, epidemiológicos y manejo de la enfermedad, incluyendo prácticas alternativas, encontramos información muy curiosa:

  • Entre otras variantes llamativas, está que el contagio de la enfermedad se la asocia con las actividades laborales; 50% de las personas aseguran haberse contagiado en su sitio de trabajo.