ALTRUISMO Y VACUNACIÓN

Actualizado: jul 1





Gabriel Ordóñez Nieto






La vida es lo más valioso de los seres vivos. Todos la cuidan con especial devoción y celo. Los humanos desde la prehistoria, desde su etapa nómada de cazador recolector ha utilizado todos los recursos a su alcance para conservarla en las mejores condiciones ante una esperanza de vida que no era, ni de lejos, parecida a la que se tiene ahora. Utilizó para el efecto recursos propios de su naturaleza animal como los reflejos, por ejemplo, capaces de protegerlo en situaciones peligrosas o inesperadas y el aprovechamiento de las capacidades, cada vez más complejas, de un cerebro en permanente evolución y perfeccionamiento funcional. Poco a poco respondió a las exigencias del entorno, manufacturó pequeños adminículos de piedra primero; de cobre, bronce y hierro después para acrecentar sus posibilidades de victoria en los crueles enfrentamientos con animales y bestias salvajes con los cuales tuvo que, a veces, disputar la carroña. Todo hacía sin restricciones ni prohibiciones, gozaba de libertad que solo era coartada por los fenómenos naturales o la fortaleza de sus enemigos. Libertad para enfrentar y superar los miedos, presentes desde cuando vivía en los árboles y con mayor fuerza desde que puso los pies sobre la tierra. Los miembros de la especie gozaban de autonomía, dirigían su presente y quizás vislumbraban algo de su futuro inmediato, de sus próximas horas o sus días cercanos.


Se debe suponer que el temor y la angustia acompañaban a los hombres primitivos porque conocían su vulnerabilidad y la muerte. Tuvieron que convivir con ellos sin claudicar ni entregarse. Huyó muchas veces, el pánico seguramente lo inmovilizó en otras tantas ocasiones, se sobrepuso y atacó cuando fue necesario, la sumisión, no era en modo alguno, una decisión conveniente para sostener lo más preciado para ellos y sus andariegas familias: la vida.


Pese a todo emergió triunfante muchas veces, consolidó su presencia en un mundo cambiante, hostil en muchas ocasiones, por los profundos cambios climáticos que asolaron la tierra hace miles de años y comprometieron seriamente la vida de muchas especies. El hombre, sin embargo, con una población algo disminuida, continuó su errancia hasta que, en algún momento, abandonó cavernas, tugurios frágiles y más lugares inseguros que le servían para pernoctar y tener un alto para amar y alimentarse. En medio de tantas idas y venidas descubrió la manera de encender fogatas, pudo entonces abrigar sus guaridas, ahuyentar depredadores y cocer los alimentos. No se ha precisado, en una línea de tiempo, cuando se dieron estos hechos trascendentales para la supervivencia de la especie, pero todo giraba en torno al imperativo de cuidar y preservar la vida.


A partir de la adopción de una vida sedentaria aprendió muchas cosas. Aprendió a mirar el mundo, a observarlo con atención y cuidado, descubrió maneras de aprovecharlo para mejorar sus condiciones de vida. En uso de su libertad domesticó plantas, animales, mejoró sus viviendas, tuvo vecinos, se relacionó con ellos, organizó la sociedad. Ya con lenguaje inventó las letras y la escritura, fomentó las artes a partir de la danza la primera y más humana de las mismas. Fue construyendo de manera paulatina grupos humanos que crecían y crecían a medida que mejoraba la calidad y la expectativa de sus vidas, se formaron familias numerosas, tribus, polis, ciudades, países y naciones. El tributo que se pagó por esta tendencia a la socialización, al placer de vivir en compañía fue la disminución de su autonomía y la necesaria regulación de su libertad para garantizar una respetuosa y pacífica convivencia. Las nuevas formas de relacionamiento humano hicieron necesaria la construcción de normas, reglamentos y leyes que conformaron la legislación que debía ser asumida por la población pues allí se establecieron derechos, deberes, obligaciones y hasta las sanciones ante ciertos incumplimientos. Había nacido el derecho y de aquí en adelante el único camino posible fue su adecuación a las características propias de cada conglomerado social y su perfeccionamiento conforme a las cambiantes situaciones de la vida de las comunidades sin dejar de mencionar el sorprendente progreso, en todos los órdenes, que fueron acumulando a lo largo de los siglos.


La historia muestra muchos ejemplos que desnudan el desarrollo asimétrico de los grupos. Unos fueron más fuertes que otros y utilizaron su fuerza para someter a los débiles o pacíficos. Las guerras han sido numerosas y las muertes causadas se cuentan por centenas de millones. La paz fue un activo intermitente, se lo perdía muy a menudo por motivos irracionales o expansionistas. Los perdedores fueron humillados o esclavizados. La libertad ofendida muchas veces y los hombres empecinados en mantener dominios hegemónicos a costa de hombres y mujeres que no eran reconocidos como iguales, a veces, ni siquiera como semejantes. En condiciones tan adversas la salud y la vida pendían de un hilo.


El uso de armas mejor confeccionadas y más eficaces mejoró su defensa de los depredadores y mejoró la cacería que le proveía de la proteína indispensable para mantener su, cada vez, más evolucionado cerebro. El cuidado instintivo de la vida se complementó con medidas racionales de protección, autocuidado y algunas medidas sanitarias muy incipientes. Numerosos descubrimientos arqueológicos muestran evidencias de la ejecución de procedimientos médicos, incluso de orden quirúrgico, como son las trepanaciones craneales. Son indicios fehacientes de la preocupación prioritaria por proteger y sostener la vida. La tónica se mantuvo igual a lo largo de siglos, los progresos de la especie humana eran gigantescos y el cuidado de la vida también. La población continuó creciendo a un ritmo acelerado pese a las guerras y a las epidemias que se hacía presentes de tiempo en tiempo. La última pandemia, la mal llamada de la gripe española, fue en 1919 y produjo millones de muertes. Desde entonces la preocupación por tener organismos internacionales encargados de producir declaraciones, documentos, alianzas fue in increscendo hasta que en 1945 se constituyó la organización internacional llamada Naciones Unidas con la participación de 51 naciones que se comprometieron a mantener la paz y seguridad internacionales, fomentar las relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos. Son 193 los países miembros en la actualidad. El Ecuador es uno de los fundadores.


La ONU el 10 de diciembre de 1948 marcó un hito en la historia al proclamar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, traducida a 500 idiomas al menos, para protegerlos en todo del mundo.


Para justificar la escritura de esta nota se enfatiza que toda persona tiene todos los derechos proclamados en dicha declaración sin distinción alguna y se transcriben los artículos 1 y 3:


“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”


“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”


Como se nota se proclama el derecho a la vida y por lo que se ha escrito previamente queda claramente establecido que es el más importante. Sin vida nada de lo mencionado es aplicable.


El mundo vive una pandemia causada por el SarsCov2, un virus muy contagioso que ha causado millones de casos de la enfermedad Covid19 responsable de varios millones de muertes, En algunos países esta fuera de control y en el Ecuador la situación no es halagüeña, es grave por la concurrencia de algunos factores: manejo estatal deficiente, población que irrespeta las medidas dictadas para contenerla y una lenta e insuficiente vacunación. Al momento la trasmisión del virus es comunitaria, se puede contraer el virus en cualquier parte, incluso en el domicilio debido a que personas asintomáticas o con cuadros leves contagian a quienes si han cumplido las medidas. Los servicios de salud han colapsado por el alto número de enfermos graves y moderados que requieren hospitalización, cuidados especiales o intensivos.


En estas circunstancias llegaron al país unos pocos miles de vacunas, menos de diez mil, que fueron inoculadas a unos cuantos centenares de personas ubicadas en la primera línea de atención a los enfermos y en alto riesgo de adquirir la infección. Otros ciudadanos fueron invitados a recibir la vacuna y la opinión pública las denominó vacunas VIP. Quienes las recibieron fueron duramente atacados e incluso llamados a declarar en la Fiscalía.


En el panorama descrito es válido reflexionar en asuntos como el hombre y su circunstancia. Para cada ser humano, la vida toma una forma concreta y la razón vital es una razón que se fortalece constantemente en la vida a la cual es inherente. José Ortega y Gasset el artífice de este pensamiento: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” Lo que está en torno al hombre, todo lo que lo rodea, lo inmediato y lo remoto, lo físico, lo histórico y lo espiritual “forman la otra mitad de la persona” y desde luego cuentan en su vida. El coronavirus, causante de enfermedad y muerte es, hoy por hoy, parte de la vida de muchos, de los más vulnerables en particular y casi nadie está deseoso de morir pese a que muchos manejan la certeza de una vida mejor luego de la muerte.


Las reacciones ante una enfermedad pandémica tienen características propias en cada individuo, pero la mayoría tienen un fondo común: el miedo a morir; muy pocas, poquísimas personas desafían de modo consciente y deliberado a esta realidad. Otros no se someten a tratamiento ni restricción alguna porque tienen razones poderosas para “ignorar” al miedo o sobrellevarlo con estoicismo a sabiendas del riesgo que corren. Lo segundo explica en buena medida cuanto ocurre en el país, con el nombre de indisciplina de la población.


El miedo es el primer gran protector del ser humano. “No hay especie más miedosa que la humana” asegura José Antonio Marina en su libro -Anatomía del miedo: Un tratado sobre la valentía- Así las cosas, queda claro que desde siempre la especie humana ha experimentado esta emoción. El miedo es probablemente compartido por otras especies lo cual explicaría ciertas indecisiones a la hora de atacar a enemigos de mayor fortaleza o envergadura y la huida de escenarios poco adecuados para mantener su vida. El miedo guía el comportamiento humano y por lo tanto la historia, afecta a los individuos y las sociedades tal como es posible observar en este tiempo de pandemia a comunidades enteras, ciudades países guardando con celo confinamientos prolongados pese a los efectos negativos sobre la economía, el comportamiento y más esferas de la actividad humana.


Los ciudadanos que fueron invitados a recibir la vacuna estuvieron quizá en una encrucijada. Sabían, por un lado, que había un cronograma para aplicar las vacunas a personas que enfrentaban la pandemia en la primera línea de combate y estaban desprotegidos, porque los implementos indispensables para evitar el contagio eran escasos o no existían y algunos de ellos habían sucumbido en el ejercicio de su trabajo. Algunos de los personajes invitados declinaron públicamente indicando que recibirán la vacuna cuando llegue su turno; otros, en cambio, acudieron al lugar asignado y se vacunaron. Para este análisis los nombres no importan, algunos fueron adultos mayores con alguna comorbilidad y tenían, por tanto, derecho a la vacuna. El problema como se ha señalado es que se aprovecharon al margen de la planificación. Esto causó indignación y las redes sociales se colmaron de mensajes condenatorios. La Fiscalía se hizo eco e inició una indagación previa. Pero ¿se justifican estos hechos a la luz de los argumentos expuestos en líneas previas?


Antes de responderla se esgrimen un par de argumentos más. El primero se relaciona con el altruismo definido como: “Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio” Los favorecidos antepusieron su derecho a la vida sin discriminación alguna y el miedo a enfermar y morir a causa de la enfermedad.


El segundo tiene que ver con la tolerancia definida como: “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias” Esto no ha sido aplicado en los casos denunciados que han sido víctimas de memes y mensajes irrespetuosos por decir lo menos.


El autor de esta nota no intenta ni justificar ni defender a los ciudadanos vacunados sin respetar las prioridades determinadas por la naturaleza del trabajo desplegado por el personal de salud con alto, muy alto riesgo de contraer la enfermedad y morir por esta causa. No se respetaron los miedos ajenos y el altruismo jugó parcialmente en esta ocasión.


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